En el escenario de Puebla queda la impresión de que Morena ha cometido un craso error.
De pronto aparece como figura estelar y con perspectivas el senador Luis Miguel Barbosa.
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Para efectos prácticos él representa exactamente todo aquello que Andrés Manuel detesta y combate.
Y está ungido.
Y está en la cúspide de Morena como cabeza y responsable en el estado. Él, quien en un video de profusa difusión, llama soberbio seis veces a AMLO. Y además, niega que esa organización sea un partido.
Y no porque Andrés Manuel no peque de soberbia. O esté exento de crítica. No, la contradicción aberrante son las formas y el fondo.
Y el personaje.
Barbosa, con pose de senador romano e imaginaria corona de laurel, en ese video, se regodea en torpedear a Andrés y a Morena con una arrogancia rastacuera pocas veces vista. El mensaje es: yo soy dios y hablo desde el Olimpo. Juzgo todo aquello que es impuro e imperfecto. Y extiendo los pases de entrada al paraíso.
Y ni AMLO ni Morena obtienen el codiciado pase de manos de Barbosa.
Sí, el mismo senador exhibido por Moreno Valle y los medios como un relevante operador de “moches” al conseguir obras y presupuestos. Sí, el mismo saltimbanqui intrapartidario como los que dice combatir Morena.
¡Y éste señor es la cabeza de Morena y representa a AMLO en Puebla!
¡Una pisca de congruencia por favor!
Comparto la impresión, con muchos, muchísimos, que este es un error sumamente grave, corolario de una serie actos, decisiones y omisiones, que será muy difícil de corregir.
Enumero algunos:
La abrupta separación del doctor Enrique Cárdenas.
Su presencia como cabeza del proyecto electoral de Morena en Puebla, despertó de manera súbita una multiplicidad de simpatías. Se concatenaron grupos y personas del más diverso origen. Se escucharon compromisos, deseos de participar, voluntades para sumar.
Era un factor de enlace de la sociedad en todas sus expresiones, por su prestigio profesional y trayectoria. Concitó opiniones hasta de sectores opuestos entre sí.
Y de pronto, es borrado por una encuesta. Un estudio demoscópico puede ser una herramienta importante, valiosa, pero hay factores que no mide una encuesta. Hay un sinfín de elementos que deben ser sometidos al análisis y evaluados con un sabio criterio político.
Ahí está la magia de la decisión política, en el arte de saber conjugar con sapiencia hombres, circunstancias y decisiones. Esto y no otra cosa es la política.
Este caso, además, ha sido pesimamente manejado por Morena en Puebla. Por sus directivos y en los medios.
No es exagerado decir que la combinación del caso Barbosa y Cárdenas, parece colocar la gubernatura de Puebla como regalo en charola la plata a Moreno Valle y su equipo.
Y más allá. Más de uno con imaginación perversa, la deja correr para armar la hipótesis de que Barbosa, ducho en estos menesteres de arreglos cupulares cavernarios, lo mismo con Peña Nieto y el PRI, que con el ex gobernador poblano, esté en la alineación perfecta para cocinar un platillo al gusto del cliente.
Lo ha hecho, lo sabe hacer. Es un profesional de la materia graduado en los bajos fondos.
A ese hay que agregar que Morena en Puebla pareciera una organización secreta o clandestina, acotada y anónima.
Con más de cuarenta años de observar y comentar la cotidianidad poblana desde el periodismo, ignoro quiénes son, de dónde vienen, qué méritos, trayectoria y cualidades acompañan a los directivos (no líderes ni dirigentes, eso es otra cosa) de Morena en Puebla.
Nunca se ha sabido de ellos levantando una causa, encabezando un movimiento, promoviendo una lucha, sumando adeptos, publicando ideas, difundiendo principios, o al menos… pronunciado un brillante discurso. Los liderazgos se forjan de abajo para arriba, al calor del tiempo y en el fragor de los combates.
Si son de arriba para abajo pueden ser gerencias, delegaciones, dedazos, o acomodos de circunstancias. Hasta de parentesco. Pero no son líderes.
El candidato a la gubernatura de Morena en la pasada elección fue un modelo de lo que NO DEBE SER UNA DECISIÓN POLÍTICA. Un respetable académico que nunca había pisado la escena política, totalmente ajeno al medio, huérfano de imagen y discurso, y sin el mínimo y saludable apetito de poder que es requisito para estas tareas.
Y peor aún, sin el indispensable afán de trabajo y preparación para adquirir todo eso.
Al único ideólogo que reconozco de Morena es a un compañero de espacio en esta página, don Carlos Figueroa Ibarra, de trayectoria e ideas que debieran ser más escuchadas.
Con estos actores en escena y los que están detrás, los augurios no son nada buenos para Morena. Y esto es sumamente lamentable, porque el tiempo apremia. Parece que no se dan cuenta que esto no es un juego, es la guerra por el poder, y reclama preparación, imaginación, decisión, compromiso y talento.
Lo más triste es que en Puebla, de unos años para acá, producto del liderazgo de López Obrador, hay una enorme porción de la sociedad como ente latente en torno a esa causa. Uno lo escucha, lo percibe, lo huele.
Y si no corrigen, si no rectifican, con inteligencia y a fondo, pueden echar por la borda la mejor oportunidad de los tiempos contemporáneos.