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OPINIÓN

Otra tormenta... y Meade no repunta

Corrupción, impunidad y cinismo en el gobierno de EPN. Botones de muestra.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Sábado, Octubre 21, 2017

El sexenio ha sido un muestrario inagotable de la excepcional capacidad del presidente y su equipo de cometer torpezas.

Las hay menores, pero son magnificadas por los medios y el gran público en los famosos memes. Y las hay  aberrantes. Pero lo más grave de todo son dos cosas: que el remedio resulta tardío y peor; o que en poco tiempo ocurre otra superlativa respecto de la anterior.

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Todo esto alimenta el manejo de los medios que, naturalmente atienden lo novedoso, lo que está  fuera de lo ordinario. Para contar lo habitual o lo que halaga al poder hay también espacios y tenores a modo, pero estos no tienen ni penetración ni crédito en la sociedad. Sólo son música a los oídos de quien les paga. Basura tóxica propia de toda sociedad. Por cierto, sociedad y suciedad se diferencian  sólo por una letra.

Recientemente el presidente deslizó una crítica a sus críticos. Y eso está muy bien. Cualquier nación mínimamente democrática debería tener esto como práctica común. Qué  lamentable que el presidente participe tan escasamente y con argumentación tan pobre en el debate cotidiano. Sus discursos son vacuos y acartonados, y suelen ser arrumbados a espacios mínimos en los medios.

Pero decíamos, qué bien que refute a quienes lo fustigan (Qué bien que cantabais dije, más no que cantabais bien..). Lo triste es la pobreza de su análisis y la fragilidad de su argumentación. Censuró a los comentaristas diciendo que exageran al asociar todo con la corrupción, hasta llevar a ese plano, por ejemplo, la falla de un semáforo.

De entrada, ya se sabe que toda generalización es injusta. El uso del “todos” y el “siempre” conduce al abismo a quien acude a estos términos,  y termina tropezándose con su propia lengua.

Corrupción, nos dice el diccionario en su versión más admitida, “es –en las organizaciones públicas- la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho económico, o de otra índole, de sus gestores”.

Y este provecho, uso y abuso, es pan de cada día en la administración pública en nuestro país. Y no hay excepciones: infecta y corroe a los tres niveles de gobierno y en buena medida a todos los estratos de la sociedad.

No se requiere ser investigador acucioso para detectarlo y mostrarlo. Esas prácticas se ven, se sospechan o se huelen. Pero jamás se corrigen. Se tapan, disimulan, encubren o solapan, pero no se suprimen. Por lo común, tampoco se castigan.

Dos botones gigantes de esa botonadura interminable de corrupción: el más reciente abuso de Emilio Gamboa y el cese fulminante de Santiago Nieto Castillo, el Fiscal Especial para Delitos Electorales.

Gamboa de suyo es protagonista de un enorme expediente de tráfico de influencias y negocios al amparo del poder. Acaso por eso es amigo muy estrecho del presidente. Es quizá uno de los personajes prototípicos de la corrupción mexicana, y trasciende sexenios sin dejar el maná presupuestal.

Hoy lo exhiben usando transporte oficial para fines privados, sí, el dinero de los mexicanos, para ir a jugar con el presidente. Y no recibe sanción alguna.

En Estados Unidos, en la misma semana, un alto funcionario fue cesado de modo terminante por un caso similar.

Casos como el de Gamboa explican perfectamente por qué el desprecio y reprobación a la clase política mexicana. Ahí está una de las mil razones del hartazgo de la sociedad con los poderosos, y el desprecio y escasa credibilidad en la figura de Peña Nieto.

El otro es una bomba que acaba de estallar. Y tendrá repercusiones toda la semana. El despido intempestivo del fiscal Santiago Nieto, hasta un chamaco de preparatoria lo interpreta como una sanción del poder hacia un funcionario que se mete entre las patas de los caballos.

Tenía en sus manos las investigaciones sobre la corrupción de Emilio Lozoya y Odebrecht en relación con la campaña presidencial; los mil 200 millones desviados por Javier Duarte a Héctor Yunes, el candidato del PRI al gobierno de Veracruz; el desvío  de otros 200 millones de Roberto Borge a Mauricio Góngora, el también candidato priista al gobierno de Quintana Roo, entre otras delicadas investigaciones de dinero público a fines partidistas electorales.

La razón esgrimida para su despido: “por transgredir el código de conducta de los funcionarios…” Es risible y estúpida, además de cínica. Porque hay cientos de casos y más que surgen cada día de flagrantes abusos que no son tocados ni con el pétalo de una observación rutinaria.

Y todo esto sucede en  los días en que el presidente orquesta a través de Ochoa Reza el destape de su candidato presidencial José Antonio Meade quien, por cierto, en dos de las más serias  y recientes encuestas de presidenciables,(El Financiero y El Universal) aparece en los lugares cuarto, sexto y décimo cuarto entre  los aspirantes, es decir, no repunta para nada pese a los apoyos del aparato.

Así andan las cosas para el presidente y viene la tormenta de la semana con el caso del Fiscal defenestrado.

Ven la rogación y no se hincan…

xgt49@yahoo.com.mx

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