Los partidos políticos enfrentan una crisis de credibilidad grave, ya que los ciudadanos no nos sentimos nada representados por ellos, al contrario, los vemos como causantes de gran parte de los males que nos aquejan, junto con las autoridades emanadas de ellos, tan propensas a dar muestras de enriquecimiento ilícito, basta con ver los ejemplos de los que roban poquito, hasta los que reciben casas blancas producto de sus años de esfuerzo o los que sí se merecen ser ricos, sí se merecen ser ricos, aunque sea a costa de los recursos públicos.
La forma en que estos políticos ganan elecciones a pesar del descontento cívico lleva a pensar en la existencia de entramados institucionales opacos, aunque en la actualidad ya no tanto, que deslegitiman las elecciones como referentes cívicos que otorgan a los ganadores visos de legalidad y legitimidad pues al igual que con los afanes pecuniarios, los esfuerzos de las autoridades políticas por asegurar su permanencia en el poder mediante la existencia de funcionarios electorales a modo raya en el cinismo.
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Todo ello se traduce en apatía, despolitización, desinterés, hastío ciudadano, desesperanza, violencia, cinismo, lo que por un lado les permite a los políticos y partidos la permanencia en el poder, pero por otro permite que actores por naturaleza apolíticos o antipolíticos empiecen a ganar elecciones, basta con ver los nombres y apellidos de aquellos actores que se han eternizado en el poder, o de aquellos que antes presumían su lejanía de la política siendo exitosos en otros menesteres que hoy vienen, con todas las asesorías políticas, a hundirse de manera lastimosa en el lamentable espectáculo del quehacer político con el sólo afán de enriquecerse, cítense a modo de ejemplo a Cuauhtémoc Blanco, y Carmen Salinas.
¿Como es que hemos llegado a tan lamentable espectáculo de los políticos y de sus instrumentos llamados partidos políticos?
Para poder encontrar una respuesta a tal pregunta es necesario remontarnos, como hacen Lipset y Rokkan (1967), en la historia de los P. P., aunque existen otras maneras de estudiarlos, como señalan Loaeza (1999) y Panebianco (1990), quienes mencionan la ideología, el programa de gobierno, la organización, la dinámica interna o las funciones que desempeña en el sistema político.
Así, podríamos identificar las siguientes tipologías: según la base social a los partidos obreros o burgueses (algunos adicionan los populistas), por ideología a los de derecha o de izquierda, utilizando la organización tendríamos a los de élite o los de masa.
Durante el siglo XX la tercera taxonomía fue perdiendo terreno frente a la primera y segunda que, dicen, tuvo mayor capacidad explicativa.
La orientación ideológica como criterio para estudiar a los partidos (así como a los sistemas políticos y hasta a los políticos) ha utilizada por Loaeza (1999), Sartori (1976), Alcántara (2006), Reyes Salas (1999) y Colomer y Alcántara (2004), pues sirve como criterio para identificar qué partidos políticos están más cerca y cuáles más lejos entre sí. La forma convencional de clasificarlos es la que los separa en partidos de “izquierda” y partidos de “derecha”.
Los partidos de izquierda, o igualitarios, dan mayor importancia a lo que hace a los hombres iguales, los de derecha, o no igualitarios, dan mayor importancia a lo que los hace desiguales. Es este contraste el que sirve muy bien para distinguirlos, los igualitarios parten de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades que los indignan son sociales, y como tal, eliminables. Los no igualitario, que son naturales y como tal no eliminables. Y una política igualitaria se caracterizará por la tendencia a remover los obstáculos que convierten a los hombres en menos iguales.
Durante el siglo pasado este criterio sirvió para distinguir a los partidos progresistas o igualitarios de los que no lo eran, así el PAN, por ser fiel a su ideología, aunque no accediera al poder la defendía, ello sirvió a Loaeza para identificarlo como de oposición leal, que posteriormente evolucionó (o involucionó) a ser de protesta para finalmente caer en su estado actual de partido pragmático electoral. Situación semejante acontecía con partidos como el Popular socialista, que hasta desapareció sin acceder al poder, o el partido comunista, fieles a su doctrina.
Sin embargo, el presente siglo muestra rasgos novedosos, como la aparición de alianzas políticas entre partidos de oposición y las candidaturas comunes. Ambas prácticas han resultado exitosas para que los partidos accedan al poder. Sin embargo, aún no se ha estudiado con cuidado esta dinámica partidista, aunque son visibles sus contradicciones en términos ideológicos como la del PAN con el PRD.
Esto es posible porque la ley electoral permite, por no decir alienta, las coaliciones políticas, quedando su aprobación por los mismos partidos quedando las instituciones electorales como meros órganos de registro público. Ello también provoca que los partidos tiendan a ser cada vez menos radicales en términos ideológicos y adopten posiciones más centristas en todos los temas que les atañen.
Ello equivale a decir que el pragmatismo político es alentado por las instituciones electorales al no sancionar situaciones que contravienen su normatividad.
Ejemplos concretos en Puebla son la afiliación masiva y corporativa en el PAN, el PRD, el PANAL y hasta PCPP violentando lo dispuesto en el Artículo 22 que prohíbe en el punto 2 la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa a ellos cuando todo mundo sabe que el PANAL es financiado desde el SNTE y con afiliación corporativa.
Sin mencionar la abierta contradicción entre el comportamiento al interior de los partidos con la constitución federal y estatal, así como con las leyes electorales federales y estatales que los obligan a ser democráticos al interior, autónomos, a Promover la organización y participación de los ciudadanos en la vida democrática; a Hacer posible, como organizaciones de ciudadanos, el acceso de estos al ejercicio del poder público de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulen (art. 28 del CIPEEP). Pues las denuncias públicas de militantes denunciando imposiciones, las expulsiones en curso a enemigos de las cúpulas partidistas, los bajos niveles de votación en cualquier tipo de elección que cuestionan la participación ciudadana y la democracia, la abierta sumisión de partidos al poder en turno, llámese PRD, PCPP, etc., que deberían ser delitos que se persigan de oficio.
Sin olvidar mencionar el lamentable papel de la autoridad electoral estatal respecto a la creación de nuevos partidos políticos en la entidad posterior a la elección de 2010 que, pese a que el Código electoral señalaba en su artículo 33 fracción III, la obligatoriedad de haber realizado actividades políticas con dos años, por lo menos, de anterioridad a la solicitud de registro, le otorgaron su registro a varios partidos que no cumplían dicha normatividad, situación que se repite dos elecciones después cuando debían ser sancionados con la pérdida de registro y se tuerce la ley para permitirles seguir viviendo de nuestros impuestos y prestando favores bien remunerados al poder en turno.
La obligación de promover la igualdad de las mujeres, de la democracia, etc. ni mencionarlos porque es de pena ajena.
El caso Poblano
Los últimos 3 procesos electorales locales, 2010, 2013 y 2016, son mal augurio para el proceso que se avecina en 2018. Las alianzas electorales reflejan que lo que les interesa a los partidos es el poder y los recursos que conlleva participar en su conquista, así sea de forma insignificante.
El PRD es el partido más propenso a hacer alianzas, no dejará de comportarse de esa manera, sus dirigentes son buenos vendedores de ilusiones.
El PVEM imita su comportamiento y pareciera haber comprado una franquicia con el PRI.
El PAN pareciera haber patentado su alianza con el PRD y los partidos estatales morenovallistas, salvo sorpresa en ciernes, su alianza se editará en 2018 en el estado.
Bibliografía:
Alcántara Sáez, M. (2006), Partidos políticos latinoamericanos: ¿instituciones o máquinas ideológicas?, México, Gernika.
Cansino, Cesar; Pérez Mórales, José Faustino Pérez Morales y Calvillo, Juan. Alianzas electorales ideológicamente inconsistentes. Piso 15, 2016
Loaeza, Soledad. (1999), El Partido Acción Nacional: la larga marcha, 1939-1994, México, FCE.
Bobbio, N. (2001), Derecha e Izquierda, Madrid, Suma de Letras.
Lipset, Seymour y Rokkan, Stein. (1967) (1992), "Estructuras de división, sistemas de partidos y alineamientos electorales", en Diez textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona (versión original 1967).
Duverger, Maurice (1987), Los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México (versión original 1951).
Lijphart, Arend (1995), Sistemas Electorales y Sistemas de Partidos. Centro de Estudios Constitucionales,Madrid.
Michels, Robert (1911) (1979), Los partidos políticos, Amorrortu, Buenos Aires (versión original 1911).
Panebianco, Angelo (1982) (1990), Modelos de Partido, Alianza Universidad, Madrid (versión original 1982).
Sartori, Giovanni (1976) (1980), Partidos y sistemas de partidos, Alianza Editorial, Madrid (versión original 1976).
Weber, Max (1922) (1984), Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México (versión póstuma original 1922).
Reyes Salas, G. (1999), Sistemas políticos contemporáneos, México, Oxford University Press.
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