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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Fiestas patrias y nueva ciudadanía

La Independencia, motivos para reflexionar. Ciudadanía local y global, retos educativos

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 12, 2016

“Sin duda el gran desafío hoy es educar “en” y “para” la era planetaria”

Edgar Morin. Educar en la era planetaria, p. 64.

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Llegamos al Día del Grito de Independencia en un estado general de desmoralización social que es tal vez el más grave en décadas. A la situación de violencia desbordada y el estado de corrupción e impunidad que campean todos los escenarios se han añadido a últimas fechas los anuncios económicos que presagian un año de crisis severa para el país y por si todo eso fuera poco, el gravísimo error de la invitación al candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos y la forma en que esta entrevista se manejó por parte de nuestro Presidente, configurando un estado de profundo desánimo que se expresa en las conversaciones cara a cara, en los medios de comunicación y en las redes sociales.

La pregunta que cada año circula por las redes retorna hoy con mayor fuerza que nunca: ¿Hay algo que celebrar? El desánimo y la muy justificada indignación de los mexicanos se expresa nuevamente en el llamado –que confunde al Presidente en turno con el símbolo de patriotismo- de no asistir al zócalo a la ceremonia protocolaria del grito y a la tradicional verbena popular.

El enojo generalizado hace que vuelva a surgir el reclamo de presionar para exigir la renuncia de Peña Nieto a la presidencia y aunque la agudísima debilidad del titular del Ejecutivo Federal no es exactamente equivalente al estado anímico de la sociedad, sin duda es una de sus causas y de sus efectos más visibles.

Las fiestas patrias nos toman además en una situación de división social y polarización creciente que si bien han caracterizado los procesos políticos de los últimos años, están ahora en una situación de especial efervescencia pues aún no se termina de resolver el conflicto magisterial –con el debate encendido entre los defensores y los detractores de la CNTE y de la actuación del gobierno- y ya surgió un nuevo frente de división y encono provocado por las marchas que se realizaron este fin de semana convocadas por el llamado “Frente Nacional por la Familia” en varias entidades del país.

En este escenario lo más fácil sería unirse a los coros que piden no celebrar a este país dolido, enfrentado y sumido en la desesperanza, sumarse a los grupos que parecen celebrar nuestras desgracias nacionales, ser parte de la corriente que difunde todo lo que tenemos de negativo y gusta de proclamar la inutilidad de todas las acciones o compromisos a favor de la Patria, la falsedad de todo discurso o narrativa que promueva un sentimiento de identidad, de orgullo y valoración de lo que somos y tenemos.

Pero desde esta sencilla trinchera creo que es necesario pronunciarnos por un cambio de actitud que nos lleve a una nueva visión y a un nuevo compromiso patriótico  para tratar de responder a los enormes desafíos de esta situación  crítica en la que nos encontramos.

Necesitamos reconstruir el sentimiento de pertenencia a este país maltrecho si queremos formar a las nuevas generaciones en un ambiente que los fortalezca para ser los ciudadanos que este país necesita para transformar de fondo todas sus estructuras y su cultura política.

Nos urge reconstruir la identidad nacional desde una nueva perspectiva que deje atrás la visión de soberanía entendida como total separación y hasta defensa del exterior para asumirla como un conjunto de significados y valores, producto de nuestra historia común, que nos aportan un sello propio desde el que podemos y debemos entendernos como parte de un mundo interdependiente y unido en un destino común, para el que también debemos trabajar.

Resulta indispensable educar a los nuevos ciudadanos de este país con una visión compleja que los haga sentirse plenamente parte de su localidad de origen, de su país y del planeta. Las escuelas deben formar a los ciudadanos poblanos, mexicanos y terrícolas del futuro, con la suficiente comprensión y valoración de lo propio y la clara y positiva apertura al diálogo con lo diferente para posibilitar la visión de construcción de un futuro común.

Un sentimiento de orgullo y valoración genuina de lo local y lo nacional –que no excluye la crítica a lo que hay que cambiar- con una disposición afectiva hacia la aceptación de lo internacional y lo global son herramientas indispensables para la formación ciudadana de nuestros niños y adolescentes que desafortunadamente están creciendo en un ambiente de denostación y rechazo a lo nuestro porque los ciudadanos del presente, desilusionados de nuestro propio fracaso en la transición democrática, estamos tirando a la basura el trigo junto con la paja.

Como afirma Morin, el desafío fundamental de este tiempo es educar en y para la era planetaria y este es un compromiso que tenemos los mexicanos adultos con las nuevas generaciones.

Ojalá estas fechas sirvan como tiempo de reflexión para todos los mexicanos del presente sobre el compromiso que tenemos como formadores de los mexicanos del futuro.

Ojalá las fiestas patrias no sean días de luto nacional como muchos quieren, sino de celebración de todo lo que tantos millones de personas que habitaron este espacio y construyeron esta cultura nos legaron –con todo y los problemas de esta herencia- y del país que hoy tenemos en el que hay que trabajar por conservar muchas cosas y transformar muchas otras, pero para hacerlo necesitamos de una alta moral que nos una en el esfuerzo y nos ayude a resolver a través del diálogo inteligente y la visión crítica y responsable nuestras diferencias.

Ojalá podamos el jueves en la noche gritar: ¡Viva México! Desde el fondo de nuestro corazón lastimado por tantas ofensas de nuestras clases dirigentes pero todavía con reservas de esperanza en lo que juntos podemos y debemos hacer para trascender la queja y el desánimo y empezar por fin a impulsar el país al que aspiramos y que todavía no terminamos de merecer.

*Por motivos de viaje para participar en el VIII Congreso Internacional de Filosofía de la Educación, este artículo no aparecerá la siguiente semana. Intentaré desde donde esté hacer mi envío del lunes 26 pero si no es posible, nos reencontramos sin falta el lunes 3 de octubre.

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