“La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada,
y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”.
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Maurice Maeterlinck.
1.-Desesperanza
Lo que sabemos es que hoy deben regresar a clases casi veintiséis millones de alumnos de educación básica y un poco más de cinco millones de educación media superior, lo que significa el retorno a las aulas de más de un millón y medio de profesores en ambos niveles.
Lo que sabemos es que nuestro país requiere hoy más que nunca de un esfuerzo renovado y eficaz por formar con mayor calidad y de forma más equitativa e incluyente a estos millones de mexicanos que serán los protagonistas del futuro de esta nación marcada hoy por una de las más profundas crisis de su historia, para que cuenten con las competencias académicas, humanas y ciudadanas con las que puedan hacer frente a los enormes desafíos del mundo global en el que vivimos ya insertos de manera inevitable.
Lo que sabemos es que en el ámbito educativo, el proceso de reforma constitucional y los cambios normativos y organizacionales que esta transformación ha traído consigo están apenas empezando a operarse en la realidad, con muchas dificultades y algunos errores que es urgente corregir y que parece ser que gracias al malestar docente y a los reclamos de diversos actores del sistema educativo, incluyendo el de los investigadores, se están empezando a corregir.
Lo que sabemos es que se ha puesto sobre la mesa un Nuevo Modelo Educativo por parte de la SEP Federal, que consta de tres documentos que son producto de una consulta nacional realizada en el 2014 y se están sometiendo a una nueva consulta para, según el discurso de la autoridad educativa, mejorarse antes de hacerse oficiales.
Lo que sabemos es que hay un movimiento radical de oposición a la reforma educativa que se ha regenerado y adquirido nueva fuerza a partir de los muy lamentables y aún no esclarecidos hechos de Nochixtlán y que este movimiento, a pesar de haber puesto puntos importantes que han hecho que la autoridad empiece a reconsiderar aspectos de la evaluación docente que pueden ser modificados para lograr que este ejercicio necesario se realice con la participación de los maestros y no imponiéndose sobre ellos, está empeñado en el todo o nada que tristemente ha caracterizado a los grupos de izquierda a lo largo de la historia del país.
Lo que sabemos es que este movimiento radical de oposición -que trasciende por mucho a los maestros porque responde a una agenda política y no educativa- a través de las organizaciones que lo abanderan –CNTE, CETEG y otras- ha declarado que este lunes no van a regresar a trabajar los profesores afiliados o atemorizados por estos grupos en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, que paradójicamente son los estados con mayor rezago en cuanto a calidad educativa.
La desesperanza está basada en lo que sabemos y esta situación del no regreso a clases en los estados controlados por la oposición radical nos hace caer en ella porque cada día, cada hora que se pierde de clases es un crimen que se comete contra los niños de los estados más pobres y excluidos del país, negándoles la posibilidad de tener un mejor futuro. Porque como afirmó Pablo Latapí Sarre en su famosa conferencia de clausura del congreso nacional de investigación educativa en Mérida en 2009, citando a Jaime Sabines: “la eternidad se nos acaba…La eternidad se vuelve finita y se consume y extingue en cada niño que se queda sin escuela, en cada generación perdida, en el desperdicio irreversible del tiempo, recurso no renovable; el tiempo, que es el principal activo de las personas y las sociedades…”
2.-Esperanza
Lo que ignoramos, o muchas veces parecemos ignorar es que a pesar de estos líderes sindicales y activistas políticos que dejarán hoy –y quién sabe por cuántos días más, dado que han demostrado tener más poder que el gobierno- sin escuela a muchos miles de niños en los estados más atrasados del país, el día de mañana se abre un nuevo ciclo de oportunidades para construir el futuro que queremos y necesitamos los mexicanos de buena voluntad que somos la mayoría.
Lo que ignoramos en muchas ocasiones es el enorme esfuerzo, el renovado entusiasmo, la persistente convicción de la gran mayoría de los docentes de este país que llegarán hoy temprano a sus escuelas con la mezcla de emociones que da la incertidumbre, a conocer a un nuevo grupo de niños que están necesitando de su liderazgo y su testimonio para volver a creer en las posibilidades de construir-se una vida más digna y de construir un país más justo e igualitario.
Lo que ignoramos como sociedad y ya es tiempo de dejar de ignorar y empezar a reconocer, es que estos profesionales de la esperanza pasarán 185 o 200 días a partir de hoy trabajando hora tras hora, día tras día para tratar de facilitar el crecimiento académico y humano de cada una de esas personas en formación que confían en ellos, confían en ellas, se dejan guiar por ellos y ellas –con todas las luces y sombras que tiene todo proceso de aprendizaje- y les reconocen la autoridad intelectual y moral que muchas veces la sociedad les regatea.
Lo que ignoramos –y aun la investigación en el aula no puede observar y explicar del todo- es la magia y el misterio que se producen a partir del encuentro humano que ocurre –o puede ocurrir en el momento menos esperado- en cada salón de clases, en cada patio escolar, en cada clase o experiencia co-curricular y que hace que todo el desgaste y el trabajo de un profesor, valgan la pena.
Lo que ignoramos de esta magia y este misterio que se llama educación, es (casi) todo y esto convierte al día de hoy en un motivo de esperanza.
Bienvenidos nuevamente a la magia y al misterio, maestros y maestras.