En el XXVI Congreso de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales celebrado en Monterrey se presentó el libro La elección presidencial de México, 2012. Miradas divergentes, coordinado por Martha Gloria Morales Garza y Luis Fernández García. Cinco capítulos forman el libro, pero el subtítulo evoca sobre todo el contraste entre el tema del primero y el del último. El texto inicial está escrito por Leonardo Valdés, entonces presidente del IFE y trata sobre las dimensiones y retos que la misma enfrentó. El capítulo que cierra el libro es de Rafael Plancarte y analiza el movimiento #YoSoy132.
Es decir, la divergencia está entre la mirada de quien tuvo la principal responsabilidad en la organización de la elección y la mirada de un movimiento social que trató de cambiar el contenido y sentido de dicha elección. Como suele suceder con los contrastes, divergencias o posiciones plurales, el resultado es de interés.
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Valdés no sólo ha sido funcionario electoral en varias ocasiones, llegando a alcanzar la máxima responsabilidad en ese ámbito entre 2008 y 2013. Es también un académico reconocido y con amplia trayectoria en los estudios electorales. Su capítulo en este libro es el de alguien que sabe de elecciones. Los datos y argumentos presentados son de quien lleva años en el tema, y sabe distinguir lo importante de lo que no lo es.
Jugando con el lenguaje, pero yendo al punto que le interesa, considera a la elección de 2012 como “la más grande de nuestra historia”. Es una grandeza innegable desde el punto de vista cuantitativo. El autor presenta datos sobre el crecimiento del número de ciudadanos con capacidad de votar muestra como pasaron de menos de 37 millones en 1991 (la primera elección organizada por el IFE) a casi 80 millones en 2012. Organizar una elección para tal cantidad de personas es un esfuerzo enorme. Tener un listado de ciudadanos actualizado y confiable e instalar las mesas de casilla, con funcionarios de casilla adecuadamente capacitados, en las que pudieran votar los 80 millones de votantes potenciales, son dos de los seis retos enfrentados en el proceso.
Otro, nuevo para la autoridad electoral mexicana en una elección presidencial, fue aplicar las nuevas leyes en materia de los tiempos que los medios de comunicación debían dar a candidatos y partidos. Como buena parte de la legislación electoral en nuestro país, fue resultado de la desconfianza. Y sobrecarga las responsabilidades de la autoridad electoral. Ese reto se enfrentó sin impugnaciones de los contendientes en la elección.
Dar resultados electorales confiables en tiempo y forma, garantizar el voto de los mexicanos en el extranjero y la fiscalización de los gastos de los partidos políticos son los otros tres retos analizados por Valdés. A partir de diversas discusiones y consideraciones a partir de la ingrata experiencia de 2006, se mejoró el sistema de información preliminar de resultados electorales. No hubo problemas ahora, en parte por los cambios, pero también porque el margen del ganador fue amplio.
Se mejoró el esquema para los mexicanos que votan en el extranjero. Y también el de la fiscalización de las finanzas partidarias, pues con la reforma reciente se eliminaron los secretos bancario, fiduciario y fiscal, y se creó un órgano especial dentro del IFE para esa fiscalización. Avances muy importantes, aunque no generaron la confianza suficiente, pues los gastos en la elección fueron quizá el aspecto más impugnado de la misma. El autor no abunda al respecto.
En el otro extremo de las “miradas” está la recuperación del movimiento “#YoSoy132”. En contraste con Valdés, actor y autor, el movimiento no tuvo ninguna responsabilidad en la organización de la elección. Sí tuvo un propósito: transformarla. Y según Plancarte logró ser el “principal cambio” en la elección.
Quizá tenga razón. Pero fue un cambio muy menor. Menor en contraste con el entusiasmo de los participantes en el movimiento y el entusiasmo de algunos que lo han analizado. Según el autor, el movimiento cambió el discurso del Peña Nieto hacia los jóvenes, la dinámica electoral, “sacudió conciencias”, afectó las preferencias electorales, reestructuró el espacio público… Puede ser, pero no cambió el hecho de que el partido que gobernó al país durante setenta años con distintos grados de autoritarismo volviera al poder.
Y#YoSoy132 logró movilizar hasta 46 mil personas en una marcha. Muchísimos para una movilización, pero no alcanzan ni para ganar una elección delegacional en la Ciudad de México. Pudo trastornar completamente el tráfico en el DF por una tarde, pero no cambiar el sentido de una elección. Así como divergen y contrastan la visión del responsable de organizar las elecciones con un movimiento contestatario, con ambigüedad ideológica y rasgos maximalistas en algunos de sus integrantes, así también contrastan y divergen las intensas emociones que genera el participar un movimiento como éste, o el simpatizar con él, y sus muy limitados efectos.