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OPINIÓN

Los docentes en México: el doble desafío formativo

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Abril 20, 2015

“Si los maestros son, como aquí se afirma, un componente clave del sistema educativo y quienes juegan un papel central en el cumplimiento del derecho de todos y todas a una educación de calidad con equidad, merecen tener acceso a procesos de formación inicial y continua de una altísima calidad, así como formar parte de una profesión que no sólo les permita una carrera satisfactoria y un nivel de vida digno, sino que reconozca adecuadamente su esfuerzo y desempeño”.

INEE. Los docentes en México. Informe 2015, p. 166.

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(http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P1/I/240/P1I240.pdf )

La semana pasada abordamos en este espacio el doble déficit que se desprende de la información contenida en el documento “Los docentes en México. Informe 2015”: el déficit cualitativo de las prácticas educativas de los docentes para facilitar los aprendizajes eficientes y pertinentes en los estudiantes y el déficit cuantitativo al que apuntan las tendencias reportadas en el informe que indica que en un futuro cercano serán más los docentes que se requieran en el sistema educativo por el crecimiento y la jubilación de los profesionales en servicio que los docentes que egresen de las instituciones formadoras.

Como decía en esa entrega anterior, el documento contiene información muy amplia y valiosa para conocer el estado actual y los desafíos que presenta nuestro sistema educativo en lo relativo a los docentes que, como se dice bien en el informe, “son un componente fundamental del Sistema Educativo Nacional (SEN) y, sin duda, constituyen el factor más importante cuando lo que se persigue es mejorar los aprendizajes de los estudiantes” (p. 153).

Considero por esta razón que es pertinente abundar un poco más en el desafío cualitativo que se desprende del informe, el desafío de mejorar la calidad de la docencia en la educación básica y media superior del país. Este desafío tiene como uno de sus ejes fundamentales la formación inicial y la formación permanente de los profesores. En el informe se encuentran muchos elementos, conclusiones y sugerencias para afrontar este doble desafío formativo.

En primer lugar, resulta indispensable que aprovechando el momento de transición que deriva de la reforma constitucional y la legislación secundaria en la materia, la creación del INEE como organismo autónomo y del servicio profesional docente, así como de la hasta ahora inconclusa consulta nacional sobre el modelo educativo, se aborde el tema de la formación inicial y permanente de manera sistémica y se construya un planteamiento integral del proceso de formación docente.

Para lograr una verdadera reforma del sistema de formación docente consistente con una reforma educativa completa y profunda habría que ligar las concepciones de educación, enseñanza, aprendizaje, práctica educativa y finalidades educativas relacionadas con un proyecto de futuro del país que tendrían que estar claramente definidas en el nuevo modelo educativo prometido por las autoridades educativas a partir de la consulta nacional y de lo que el INEE ha avanzado en la construcción de los perfiles y competencias requeridos para el ingreso, permanencia, promoción y remoción de los docentes en el sistema profesional docente (SPD).

A partir de esta alineación del modelo educativo y los perfiles establecidos en el SPD tendría que construirse la visión de la formación docente integrando los objetivos, métodos y estrategias requeridos para la formación inicial en las instituciones formadoras de profesionales de la educación con los objetivos, métodos y estrategias pertinentes para la formación permanente de los docentes del país.

Esta visión sistémica aportaría una visión integral y  de conjunto pero suficientemente abierta para poder ser contrastada con las necesidades concretas de cada contexto regional e institucional para concretarse en distintas formas de hacer operativos los lineamientos generales del sistema de formación.

En cuanto a la formación inicial, la definición de este proceso de formación de acuerdo a la visión de un modelo educativo consistente con la visión de país que queremos construir marcaría la pauta para una urgente reforma radical de las escuelas normales como las principales formadoras de docentes en el país y para el diseño de programas universitarios de formación del profesorado.

El informe plantea claramente la necesidad de reformar a las normales convirtiéndolas en instituciones de educación superior de alta calidad. Para ello se requiere de una inversión en mayor cantidad de profesores de tiempo completo para posibilitar el tiempo de dedicación a la investigación y otras actividades distintas a la docencia y elevar sustancialmente el número de profesores con maestría y doctorado que tengan la formación necesaria para cumplir con estas funciones de investigación, teniendo como criterio el equilibrio entre profesores de disciplinas relacionadas con la educación y profesores de disciplinas diversas que enriquezcan la formación de los futuros docentes.

En lo relativo a la formación permanente el reto también es enorme. “Al inicio del ciclo escolar 2013-2014 laboraban en las escuelas de educación básica y media superior, tanto en el sector público como en el privado, 1 475 456 docentes” (p. 155) a los que habría que ofrecer un esquema rico, variado y significativo de espacios de formación de alta calidad y pertinencia.

Como afirma la conclusión del informe: “El país requiere de políticas públicas que aseguren la formación de maestros profesionales, comprometidos, satisfechos y reconocidos por su desempeño. La profesionalización docente es la mejor inversión que puede hacerse en el sistema educativo” (p. 166).

Ojalá exista la voluntad política de las autoridades educativas para asumir este doble desafío formativo.

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