Al secretario de Seguridad Pública, Facundo Rosas no lo va a tirar la denuncia de la francesa Florence Cassez, encarcelada de 2007 a 2013 por el delito de secuestro, ni el niño asesinado en Chalchihuapan, José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo en julio de 2014 por un proyectil de su corporación en un violento desalojo de la autopista Puebla-Atlixco.
El segundo al mando de Genaro García Luna en el sexenio de Felipe Calderón y ahora responsable de la seguridad de los poblanos deberá cuidarse de su subalterno, el recién designado subsecretario Alberto Valencia Velasco que en todo momento lo compromete con medidas claramente violatorias de la ley.
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Valencia es el mismo que tenía toda una parentela por la vía de su esposa, incrustada en la nómina oficial en detrimento del erario y en la toma de decisiones sin que su jefe conociera que hasta el yerno de este personaje cobraba con un cargo de rango medio.
Una vez que la columna Parabólica documentó nombres, cargos y ligas familiares con el subsecretario Valencia Velasco, el responsable de la dependencia lo llamó a cuentas y ordenó cese inmediato del árbol genealógico incrustado en diversas áreas de la dependencia.
Y es el mismo que al enfrentar un proceso abierto en la Contraloría por la asignación directa y sin licitación para alimentar a los reos en las cárceles de Puebla a la empresa detrás del cual se encuentra él mismo como Cosmopolitana SA de CV, cambió a otro membrete de nombre Serel SA de CV y que fue una de las firmas patrocinadoras de la carrera que la Secretaría de Seguridad Pública organizó en la segunda semana de enero de este año.
Por encima de todo ello el subsecretario se ha empeñado en poner lejos del radar a gente sin perfil para la función policial y que el propio Facundo Rosas había desaprobado con antelación.
Es el caso de Berenice Araluz Carrillo López, directora de Prevención del Delito y Vinculación de la SSP que paradójicamente forma parte del Comité de Equidad de Género en el que Valencia Velasco es coordinador general.
El organismo que busca la certificación en la materia fue uno de los brazos ejecutores en el hostigamiento sexual que sufrió María Emilia Landa Martínez hasta tener que renunciar el 31 de diciembre pasado y cuya copia del documento obra en poder del reportero.
Es al mismo tiempo una de la mujer que ha propiciado la existencia de una seria de quejas por su presumible conducta de maltrato hacía el personal bajo su mando, hasta el grado de redactar quejas anónimas.
“Esta persona se comporta de una manera déspota, grosera, prepotente y altanera, a tal grado que humilla a sus subordinados por su carácter bipolar y al límite de causarles graves daños (desmayo y pérdida del conocimiento por estrés)” dice la queja sin firma por temor al desquite de la protegida del subsecretario.
Con ese panorama en el interior de la corporación policiaca no queda más que concluir que el poder lo tiene Alberto Valencia, o Facundo Rosas desconoce de las irregularidades cometidas por su subalterno.
Twitter: @FerMaldonadoMX