Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

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Con miles de velas iluminan panteón de Tochimilco para despedir a difuntos

La comunidad de La Magdalena Yancuitlalpan se ubica a las faldas del Popocatépetl

Con miles de velas iluminan panteón de Tochimilco para despedir a difuntos

Celebración de Día de Muertos en La Magdalena Yancuitlalpan : imagen ilustrativa

Foto: Joselyn Meneses

La comunidad indígena de La Magdalena Yancuitlalpan, en las faldas del volcán Popocatépetl, adquiere casa 2 de noviembre un brillo especial; al crepúsculo el panteón se vuelve un mar de luces.

Cientos sino miles de ceras iluminan las tumbas minuciosamente decoradas con cempasúchil y terciopelo, mientras las familias oran, cantan y agradecen la visita de las almas de sus difuntos en Día de Muertos.

La tradición, que pasó de generación en generación, forma parte del legado vivo de Tochimilco, municipio reconocido por preservar las costumbres ancestrales de origen náhuatl.

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En esta comunidad, el Día de Muertos no solo es una fecha conmemorativa, sino un reencuentro espiritual con quienes partieron.

El 1 y 2 de noviembre en La Magdalena Yancuitlalpan

El 1 de noviembre, las familias La Magdalena Yancuitlalpan reciben a sus fieles difuntos en sus hogares con ofrendas llenas de pan, fruta, tamales, mole y copal.

Pero es durante la noche del día siguiente cuando la celebración alcanza su punto más simbólico.

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Entre las 17:00 y las 20:00 horas los pobladores de la comunidad de Tochimilco llegan al panteón para adornar las tumbas, encender las velas y acompañar la misa que se celebra entre rezos y cantos en náhuatl.

Es una costumbre que no se pierde. Aquí todos participamos: los niños ayudan a limpiar las tumbas, los mayores prenden las velas y todos juntos cantamos en nuestra lengua”, relató doña Juana Aguilar, habitante de la comunidad, quien asegura esta práctica es una forma de mantener viva la identidad de su pueblo.

La velada se convierte en un paisaje de fe y memoria, el resplandor de las centenas de ceras, el aroma del copal y las voces en náhuatl envuelven el camposanto en una atmósfera única que refleja la profunda conexión entre la vida, la muerte y la naturaleza.

En La Magdalena Yancuitlalpan la muerte no significa olvido, sino la continuidad de un lazo que cada año se renueva bajo la luz de las velas y el eco de los cantos ancestrales. (JRLM)

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