Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

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Después de 124 años cierra sus puertas la Farmacia Universal

El Centro Histórico pierde uno de sus negocios más antiguos y representativos

Después de 124 años cierra sus puertas la Farmacia Universal

Después de 124 años cierra sus puertas la Farmacia Universal

Foto: Agencia Gran Angular

La Farmacia Universal, uno de los negocios más antiguos del Centro Histórico de Puebla, cerrará sus puertas tras más 124 años de historia. Ubicada en la 5 Norte 203, este espacio no solo funcionó como dispensario de medicamentos, sino también como hogar, botica tradicional y punto de encuentro para generaciones de poblanos. Su cierre está previsto para el 31 de agosto, luego de que la administración del edificio solicitara la entrega del local a Don Raúl Estrada Sánchez.

La farmacia fue fundada en 1901 por José Estrada Tapia, originario de Acatlán de Osorio. Don Raúl, su hijo menor, nació dentro del mismo local y dedicó prácticamente toda su vida al mostrador. “Pues sí, toda una vida”, comentó en entrevista, con una voz que reflejaba el peso del momento. Aunque breve, su respuesta resume el vínculo profundo entre la familia Estrada y un espacio que ha resistido transformaciones urbanas, económicas y sociales a lo largo del tiempo.

Durante décadas, la Farmacia Universal fue referente para los poblanos, especialmente en las décadas de 1960 y 1970, cuando su cercanía y trato personalizado atrajeron a generaciones enteras de clientes. “Las pastillitas para el estómago, para la bilis, para el susto… eran lo más pedido”, recuerda Don Raúl, en referencia a los remedios tradicionales que vendía.

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Aunque el negocio evolucionó con el tiempo al incorporar medicamentos de patente y artículos de cuidado personal, se conservó parte de su mobiliario original y una atmósfera que remite a otra época. “Todo cambió”, afirma con resignación, “muchas cosas nuevas, muchas tiendas que ya no existen… y así estamos. Hoy nos tocó a nosotros cerrar”.

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En su interior, vitrinas antiguas, frascos, básculas y ampolletas caducadas permanecen como testigos del pasado. Su familia ha intentado vender el mobiliario, pero no han recibido propuestas que reconozcan el valor histórico del lugar. “Está descubierto como normalmente se puede decir”, expresa con palabras entrecortadas.

La farmacia llegó a operar en la misma calle, pero en el número 603. Desde entonces, vio pasar generaciones de clientes, algunos de los cuales aún lo visitan, aunque muchos ya no están. “He visto irse a mucha gente”, confiesa. La farmacia fue más que un negocio: fue una extensión de su casa, su memoria y su vínculo con la ciudad. (BH)

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