El doctor Francisco Vélez Pliego confirmó su interés de competir por la rectoría de la BUAP, pero propuso un debate entre aspirantes, demandó equidad en la contienda y descartó que sea impulsado por la escritora Beatriz Gutiérrez Müller.

En el programa Ante la Corte, de e-consulta, el exdirector del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) pidió al rector Alfonso Esparza Ortiz comprometerse públicamente a “no meter las manos” en la elección y dejar claro al personal que no tiene favorito o favorita para la sucesión.

Esto al señalar que hay un evidente apoyo del “aparato institucional” hacia la doctora María Lilia Cedillo Ramírez, directora del Centro de Detección Biomolecular, mediante boletines oficiales y las redes sociales de la universidad so pretexto de la pandemia.

Pide un debate sobre la universidad

Vélez Pliego reconoció que valora la posibilidad de contender por segunda vez por la rectoría cuando se emita la convocatoria a finales de agosto, pero planteó por anticipado la realización de un debate extenso, donde se aborden las problemáticas de la universidad y sus perspectivas de desarrollo. 

Para concretar su candidatura apuntó dos condicionantes: que exista equidad en la competencia, y que tenga el respaldo de buena parte de la comunidad universitaria.

Para la equidad consideró necesario que Esparza Ortiz declare públicamente que no favorecerá a nadie, e instruya al personal a hacer lo mismo y permitir el voto libre.

“Me gustaría mucho escuchar una declaración del doctor Esparza, no solamente diciendo que no va a meter las manos en lo particular, o lo que en los pasillos algunas veces se dice: “el rector no ha dicho quién”. Entonces, me gustaría que lo dijera públicamente; es más, me gustaría que públicamente le dijera a sus funcionarios que no hay consigna, que no tiene favorito o favorita, y que su voluntad es dejar que los universitarios se expresen libremente”, enfatizó.

Descarta mano de Gutiérrez Müller

Vélez Pliego descartó ser impulsado por la investigadora Beatriz Gutiérrez Müller, también esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Aunque en su mandato la escritora obtuvo su plaza definitiva en el ICSyH en 2019, rechazó que haya sido con el objetivo de obtener su respaldo para la rectoría y explicó por qué concedió este beneficio.

Detalló que la periodista ingresó a la BUAP en 2014 por un programa del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para frenar la “fuga de cerebros”, en el cual el gobierno federal pagaba por un año el salario de investigadores y las universidades se comprometían a crear al siguiente año una plaza para ”retener” al personal académico.

Luego de dos años dijo que la esposa del presidente concursó por la definitividad mediante un examen de oposición y ganó la plaza, ya en el mandato de López Obrador, pero negó que haya existido algún favoritismo.

Reconoció que ha tenido comunicación con Gutiérrez Müller para gestionar programas en materia de conservación del archivo histórico de la universidad, lo cual derivó en la firma de un convenio para salvaguardar el acervo de la Biblioteca Lafragua.

Desconoce “plan B” de Esparza 

El también exregidor dijo desconocer si Esparza Ortiz tiene un “plan B” para la sucesión y si este sería la secretaria General, Guadalupe Grajales y Porras, quien igual aspira a la rectoría.

Aunque es su cuñada, Vélez Pliego dejó entrever un distanciamiento con ella, al rechazarla como parte de su familia en el sentido estricto, pues enfatizó que es esposa de su hermano Roberto y entonces solo son familia política.

Educación humanista, no para el mercado

Vélez Pliego señaló que en los dos períodos de Esparza Ortiz se continuó con el sistema educativo de los últimos 30 años, dirigido a formar estudiantes que cubran “las necesidades del mercado”.

Por ello vio necesario un cambio de paradigma, donde la educación tenga un enfoque humanista y cubra “las necesidades humanas y del conocimiento”.

Refirió que los problemas sociales pueden solucionarse desde vertientes distintas, pero con la colaboración de diversas áreas del conocimiento, no de una sola que sea especializada, como plantea el modelo capitalista.

Por considerar que las mejores soluciones se dan con la participación y coexistencia de saberes, pugnó por un modelo educativo colaborativo y menos individualista.

A esto sumó la necesidad de “refundar” la educación, crear un sistema propio de investigación y analizar reformas a la universidad para definir bien los alcances de su autonomía y su vínculo con las autoridades.

A la falta de esta claridad atribuyó los conflictos que hubo entre la institución y el gobernador Miguel Barbosa Huerta, pues si bien coincidió en que la universidad debe ser fiscalizada y rendir cuentas, puntualizó que su autonomía de gestión no puede invadirse aprovechando vacíos legales o ambigüedades en la legislación.