Una familia originaria del municipio de Tilapa vivió un calvario desde el pasado 3 de junio, cuando Viviana, una joven de 24 años fue ingresada al Hospital General de Izúcar de Matamoros en labores de parto; sin embargo, por la negligencia de los médicos del nosocomio, Ángel, como lo llamaron sus padres, falleció durante el alumbramiento.

En entrevista Viviana Cortés Moreno y su esposo Ángel Vicente Carrasco Hernández, relataron cómo por la falta de atención oportuna, el bebé se asfixió cuando estaba en el canal de parto, denunciando además agresión física y psicológica a la madre por parte del personal que labora en el hospital, por culparla de la muerte de su propio hijo.

El inicio del calvario

Viviana presentó los dolores de parto el pasado 3 de junio alrededor de las 11:00 de la mañana, iniciando con contracciones leves y en periodos largos, por lo que decidió esperar un poco para asistir al médico.

Cerca de las 14:00 horas, fueron al Cessa de Izúcar porque las contracciones se hicieron más fuertes, pero ahí le comentaron que tenía que dirigirse al Hospital General, porque ya no había médicos.

Luego de eso decidieron pasar a la Clínica de “Cázares”, donde le comentaron que tenía 1 de dilatación, pero por la cuestión económica y el tiempo, pensaron que era mejor acudir directamente al Hospital General.

A dicho nosocomio arribaron a las 14:47 horas aproximadamente, pero en lo que llenaron el registro de ingreso con los policías que se encuentran en la entrada del hospital, llegaron a la sala de espera a las tres de la tarde.

“Cuando nosotros llegamos a la sala de espera, la cual estaba llena de restos de sangre y fluidos de otros pacientes y que no habían limpiado, había como dos personas más antes que yo, y me recibieron los policías, me dijeron que tenía que esperar mi turno, porque yo no iba de urgencia, aún podía aguantar”, relató.

En la sala estuvo alrededor de 30 minutos esperando a que fuera revisada, porque ningún médico ni personal del hospital se acercó a ella para evaluarla desde el momento que llegó, solo le dijeron que debía esperar.

Pasado ese tiempo se le acercó una doctora y la paso a una sala de revisión, porque Viviana ya presentaba contracciones más fuertes y seguidas, por ello la evaluaron para saber cuánta dilatación tenía, fue ahí cuando se dieron cuenta que ella ya presentaba 9 de dilatación y él bebe ya venía.

Ante esto se movilizó el personal para prepararla para el parto, todavía le tomaron los latidos del corazón al bebé y tenía 160 por minuto, el producto aún se encontraba en el rango normal. “Nosotros nos emocionamos porque nuestro hijo ya venía, la doctora grito: ¡Ya viene, el bebé ya está aquí!”, dijo con tristeza al recordar ese momento tan emotivo.

"La ginecóloga causó la asfixia de mi bebé y me echaron la culpa"

Cuando se percataron que Viviana estaba entrando en labor de parto, dos enfermeros y una enfermera corrieron para trasportarla en una camilla a la sala de expulsión, pues en ese momento no había personal auxiliar que atendieran la emergencia.

El personal médico la trasladó hacia la sala de expulsión; sin embargo, cuando estaba a unos 5 metros de llegar, la encargada de ginecología, la cual Viviana identificó como Dulce Cosme Cortés, les preguntó qué estaba pasando, fue ahí cuando respondieron que la paciente tenía 9 de dilatación y que el bebé estaba llegando.

En ese momento les ordenó que la dejaran ahí en una esquina, que aún aguantaba, pese a las suplicas de Viviana de que eso no era cierto, que ya no lo soportaba, pero la encargada del área reaccionó con indiferencia.

“Le suplicaba que actuara porque ya no aguantaba el dolor, hasta que me revisó y aun así me dijo que todavía no era la hora, porque incluso en ese momento me hizo pujar, pero según ella aún aguantaba”, señaló.

Luego de eso, Viviana seguía con las fuertes contracciones, por ello le volvió a decir que la revisara y la ginecóloga nuevamente le hizo el tacto vaginal.

“Le insistí y me volvió a revisar, pero también le habló a otra colega que estaba con ella y que le dice: a ver compañera, revísala. Como que ella no estaba segura de lo que estaba haciendo”, mencionó.

Cuando la otra doctora intervino y le realizó la revisión, introdujo su mano en la paciente para checar su estado, pero al momento que ella vuelve a sacar su mano, Viviana dijo que sintió que algo salió y cayó a la camilla.

Pero en ese instante, la encargada de ginecología gritó que volviera introducir lo que al parecer era parte del bebé, empujando nuevamente su mano dentro de la vagina de la paciente.

“Desapareció el dolor y pensé que ya había nacido mi bebé, y en eso le dice otra vez: no, mételo, y ella agarra y con su mano lo empuja de nuevo”, expresó con nostalgia al recordar cómo trataron a su hijo.

Luego de eso, la doctora le pidió a Viviana que no pujara, sin embargo, a ella se le hacía imposible debido a las contracciones, las cuales se le venían y provocaban que expulsara la mano de la doctora.

“Solo escuche que decía: se le salieron 10 o 15 centímetros. Le responde la ginecóloga: no, vuélvelo a meter. Y mete su puño completo con todo y el cordón”, expuso.

Luego de esto, Viviana tuvo que soportar que la doctora tuviera su mano dentro de ella cuando era trasladada a la sala de expulsión, pues fue amenazada por la ginecóloga de que, si sacaban la mano, su bebé iba a morir.

Me dijo: “ni crea que mi compañera le va sacar la mano porque si no su bebé se muere”, contó indignada al escuchar la insensibilidad y frialdad con la que le hablaban los médicos en ese momento físicamente más doloroso para una mujer.

Como pudieron, llegaron a la sala de expulsión, donde siguieron las contracciones que scaban la mano de la doctora, por lo que Viviana relató que fueron cuatro veces en las que volvieron a empujar al producto.

Ante la desesperación de que el parto estaba complicándose, la doctora tomó la decisión de iniciar una cesárea, sin embargo, la misma anestesióloga le dijo que el bebé ya estaba saliendo, que a esa altura del proceso era imposible realizar la operación.

Por ello le pidieron a Viviana que volviera a pujar para que el bebé naciera; ella lo hace y finalmente el bebé nace, y de inmediato se lo ponen en las manos, pero él ya estaba de un color morado, por lo que se lo dieron a la pediatra para que lo reanimara; durante 20 minutos trataron de reanimarlo, los cuales fueron en vano, pues Angelito ya no respondió.

Me dijeron: “su bebé ya falleció, usted está consciente de que nosotros quisimos ayudarla, pero usted no quiso”, señaló con indignación, ya que ella sintió que en todo momento se apreció lo contrario.

Viviana relató en entrevista con Enlace Noticias con coraje y tristeza la forma en que fue asistida durante el parto, pues llegó un momento que sintió que la trataron como un animal, sin tener consideración ni de su bebé, ni de la salud de ella.

“Cuando me iban a poner la anestesia para la cesárea de urgencia, me dijeron que debía voltearme, pero yo no podía, los dolores eran insoportables y sentía que mi bebé ya venía; si yo me volteaba lo iba aplastar. Pero a ellos no les importó y entre todos lo hicieron a la fuerza, ahí me siento como cuando voltean a un pollo que lo están destazando; y todo para que a la mera hora la cirugía fuera imposible”, señaló.

Ginecóloga distorsiona la información

Cerca de las 17:00 horas la doctora salió para darle el informe a Ángel Vicente, el papá del pequeño, quien recibió la terrible noticia de que su bebé había fallecido durante el parto, y que su esposa no había querido cooperar para que todo saliera bien.

Solo me dijeron: “no sé si por los nervios o no sé qué, pero su esposa en el momento se puso nerviosa y no pudo pujar; además, ustedes también tuvieron la culpa porque no recibió atención médica a tiempo”, relató.

Los médicos le indicaron que era urgente que sepultara al pequeño, pues supuestamente al ser un bebé no aguataría tanto, por lo que le comentaron que consiguiera la funeraria para que el pequeño les fuera entregado esa misma noche.

Fue hasta las 11:00 de la noche aproximadamente cuando, después de que todo el tiempo no lo dejaron ver a su esposa y sin saber lo que realmente había pasado, llegó a su domicilio para iniciar con los preparativos de la velación y sepultura del pequeño.

De pronto recibió la llamada de su esposa, quien le contó que ella no había tenido la culpa y le narró lo que le habían hecho pasar el personal del hospital desde el momento en que la ingresaron a la revisión.

Por ello, Ángel Vicente se dirigió a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) en Izúcar, donde lo mandaron hasta la sede que se encuentra en Tlapanalá, debido a que Tilapa pertenecer a esa jurisdicción.

Por ello, al siguiente día acudieron a las instalaciones para realizar la denuncia de lo que había pasado; posteriormente se procedió a realizar la necropsia para determinar la causa de muerte del infante, la cual arrojó que había sido por interrupción de la circulación materno fetal, lo que provocaría que el bebé se asfixiara.

Los padres del pequeño ahora se encuentran a la espera de que personal de la Fiscalía se comunique con ellos para tomar la declaración de la madre, pues hasta el momento ella no ha dado a conocer su historia de lo que vivió, en la denuncia sólo está lo narrado por su esposo.

La pareja pide a las autoridades actuar e investigar lo sucedido, pues no quieren que otras personas pasen por lo que ellos pasaron y pierdan a un ser querido en manos de médicos y personal ineficiente, que se aprovechan del desconocimiento de los pacientes para cubrir sus errores.

Nosotros esperábamos con tanto anhelo a nuestro bebé y no es justo que nos entreguen a un bebé muerto, porque cuando llegamos estaba vivo. Yo exijo justicia y que se haga viral el caso para que la piensen dos veces antes de atenderse ahí, y ojalá que, con esta declaración y las demás denuncias, las autoridades de salud del estado volteen a ver a este hospital y revisen su funcionamiento; que se haga algo en contra de ellos, porque prácticamente mataron a mi bebé”, dijo con tristeza Ángel Vicente.

Violencia obstétrica es violencia contra la mujer

La violencia obstétrica es una forma de violencia ejercida por profesionales de la salud, principalmente médicos, enfermeros y enfermeras, hacia las mujeres embarazadas que se encuentran en labor de parto y el puerperio, pues ésta constituye una violación a los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.

Entre las situaciones de violencia que experimentan las mujeres durante la atención obstétrica, se encuentran: el maltrato físico, humillación y abuso verbal, negación al tratamiento o la obtención de consentimiento de forma involuntaria o con deficiencia en la información; además de que también se puede reflejar en la práctica injustificada de cesáreas.

Ante esto, el Congreso del Estado de Puebla aprobó tipificar como delito la violencia obstétrica por parte del personal médico de las instituciones de salud públicas o privadas que dañe o denigre a la mujer durante el embarazo, el parto, puerperio o en emergencias obstétricas.

Por lo cual, el artículo 343 Ter y el artículo 356 Bis al Código Penal del Estado de Puebla, menciona que quien realice este delito o provoque una esterilización definitiva por negligencia, se le impondrán hasta 15 años de prisión y multa de 50 a 250 Unidades de Medida y Actualización (UMA).

Un hospital lleno de irregularidades

A lo largo de los años, el Hospital General de Izúcar de Matamoros ha sido marcado por sus negligencias, falta de insumos y equipo, que han provocado la muerte de varias personas, así como la necesidad de que muchas otras busquen asistencia médica en nosocomios particulares.

Las principales razones son por la falta de medicamentos, de insumos médicos y equipo, así como la falta de preparación y ética del personal que labora en el nosocomio, hechos que denuncian los mismos pacientes y familiares, las más recientes, provenientes de las familias de las personas que resultaron heridas en el accidente del autobús ORO el pasado 15 de mayo. 

Al mismo tiempo, un caso de negligencia muy conocido en ese hospital fue lo sucedido en septiembre de 2018, cuando dos familias exigían pruebas de ADN al percatarse que sus bebés habían sido intercambiados por el error de una enfermera.

Este hecho provocó que la Secretaría de Salud Estatal abriera una investigación para revisar la actuación del personal involucrado, con el propósito de aplicar las sanciones correspondientes.