Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Plan B: consenso sin diagnóstico

El Plan B de reforma electoral que la Presidenta está por enviar puede debilitar al federalismo

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Marzo 16, 2026

Cerramos el fin de semana con la noticia de que los tres partidos en el poder apoyarán el “Plan B” de reforma electoral que la Presidenta está por enviar al Congreso. Sin duda habrá algunas virtudes en él, pero destaca que no surge de ninguna propuesta de campaña, de ningún diagnóstico, de ningún consenso entre partidos o sectores de la sociedad. Y que puede debilitar al federalismo y a la división de poderes en los estados.

Sabemos poco de ese plan. Sólo que disminuirá los recursos a congresos locales y a ayuntamientos, y que limitará el número de regidores en algunos cabildos.

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No parece haber un diagnóstico previo. Algo que nos diga que nuestros congresos locales y ayuntamientos están gastando de más. Ni el criterio para establecer cuánto deberían gastar.

Volvemos al pasado: una de las características de la transición política de los noventa del siglo pasado fue la de dotar, significativamente, con mayores recursos a estados y municipios. El viejo régimen priista les daba casi nada, sobre todo a los segundos. Parece que, como en otros rubros, se quiere volver al México anterior a los años ochenta del siglo pasado.

¿Por qué no un diagnóstico? ¿Por qué no conocer siquiera la opinión de la oposición? ¿O de la sociedad civil organizada que sabe estos temas, o de los expertos en nuestras universidades? ¿Por qué buscar sólo el apoyo de los aliados, PT y PVEM?

Disminuir el presupuesto de estados y municipios puede deteriorar el pacto federal y fortalecer el centralismo: el gobierno federal tendrá ahora un pedazo más grande del pastel.

Puede deteriorar, o de plano eliminar, nuestra incipiente división de poderes en las entidades. Congresos y ayuntamientos serán casi nada frente al poder de los gobernadores. Algo con sabor a PRI, al priismo hegemónico del siglo pasado.

Habrá quien diga que no hay de otra: que el pasado nos persigue. Que la estructura social del país y su “cultura” mantuvieron ese sistema por décadas y que lo están haciendo volver. Algunos no nos resignamos, y quisiéramos algo mejor.

Por lo pronto hay que ver que ocurre una vez que la propuesta llegue al legislativo y se vote. Lo más probable es lo ya anunciado: la aplanadora de la 4T toma forma nuevamente. Pero hay que esperar. A la clase política fuera del centro no le gustará este recorte de recursos.

Nota al margen

Se dice que el libro Ni venganza ni perdón de Julio Scherer no critica al expresidente López Obrador. No estoy de acuerdo. Desde las primeras páginas hay frases demoledoras: buena parte de sus colaboradores, se dice en el libro, “son movilizadores, no administradores”. La capacidad de movilizar es útil para acceder al poder (conseguir votos) no para resolver problemas públicos.

Otra: “Su mundo sigue siendo Tabasco”, aunque se extiende a una zona cercana: Cuba. Ya vimos que la mirada del expresidente en política exterior fue muy corta, aunque sí le alcanza para ver a Cuba: “Andrés es admirador de Fidel Castro, del Che Guevara y de la Revolución cubana hasta el tuétano”, señala Scherer con claridad.

Vimos también la noticia de que el expresidente convocó para que se hagan donativos a Cuba. Ese sí es uno de sus fuertes, conseguir “donativos para la causa”. ¿De dónde vendrán? ¿Sólo de ciudadanos solidarios?

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