Logo e-consulta

Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La crisis de la gratitud

Cómo el olvido de agradecer está debilitando el bien común

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Martes, Marzo 3, 2026

En un mundo donde todo parece moverse por intereses, cálculos y competencia, hablar de gratitud puede parecer algo pequeño. Incluso ingenuo. Estamos acostumbrados a pensar que los grandes problemas sociales se resuelven con reformas económicas, políticas públicas o avances tecnológicos.

Pero existe una idea mucho más sencilla —y al mismo tiempo mucho más profunda— que la tradición cristiana ha repetido durante siglos: la sociedad se sostiene cuando las personas saben agradecer.

Más artículos del autor

Puede parecer algo básico, casi doméstico. Sin embargo, cuando se reflexiona con calma, el agradecimiento revela una verdad fundamental sobre la vida humana.

Nadie se dio la vida a sí mismo
Si pensamos con honestidad, descubrimos algo evidente: nadie se dio la vida a sí mismo. Todos llegamos al mundo recibiendo muchas cosas antes de poder hacer nada por nosotros mismos: una familia, una lengua, una cultura, una historia, una comunidad. Incluso quienes han logrado grandes éxitos en la vida han contado siempre con alguien que los ayudó en el camino.

Por eso la Biblia propone una actitud que puede parecer simple, pero que tiene una gran profundidad: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros”.

No dice “den gracias cuando todo vaya bien”. Dice en todo. La gratitud no depende de que la vida sea perfecta. Depende de reconocer que lo que somos y lo que tenemos, en gran medida, lo hemos recibido.

El cristianismo empieza con un agradecimiento
Curiosamente, el centro de la vida cristiana tiene que ver precisamente con esto. La palabra Eucaristía, que designa la celebración más importante del cristianismo, significa literalmente acción de gracias. Es como si la fe dijera: antes de cualquier teoría, antes de cualquier programa, la actitud fundamental del ser humano debería ser agradecer.

Los primeros cristianos vivían esta idea con mucha claridad. En uno de los textos más antiguos de la Iglesia aparece una oración que empieza con estas palabras: “Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida”.

La vida cristiana se entendía como una respuesta agradecida al don de existir.

Agradecer también cambia la forma de vivir con los demás
Pero el agradecimiento no es solo una actitud espiritual. Tiene consecuencias muy concretas. Un antiguo obispo cristiano, San Basilio, dijo algo muy directo: “El pan que guardas pertenece al hambriento”.

¿Qué quería decir con esto?

Que cuando una persona reconoce que lo que tiene es, en parte, un don recibido, entiende también que no puede vivir ignorando a los demás. La gratitud abre la puerta a la solidaridad.
Cuando creemos que todo lo que tenemos es exclusivamente fruto de nuestro esfuerzo, es fácil caer en el egoísmo. Pero cuando recordamos que muchas cosas nos han sido dadas —la vida, la educación, las oportunidades— aparece naturalmente el deseo de compartir.

La gratitud también es justicia
Santo Tomás de Aquino, uno de los grandes pensadores del cristianismo, fue todavía más lejos. Él decía que la gratitud no es solo una emoción bonita, sino una virtud relacionada con la justicia.

¿Por qué? Porque cuando alguien recibe un bien de otra persona, nace una especie de deuda moral. No una deuda legal, como cuando firmamos un contrato, pero sí una obligación de reconocer el bien recibido.

Tomás decía que agradecer implica tres cosas:

1. Reconocer el bien recibido
2. Apreciarlo sinceramente
3. Intentar corresponder de alguna manera

En otras palabras, la gratitud no es solo decir “gracias”. Es también actuar en consecuencia. Por eso Tomás advertía algo muy fuerte: la ingratitud siempre es un desorden moral. Negar el bien recibido rompe la relación humana que hace posible la convivencia.

El problema del individualismo
Muchos de los problemas de la sociedad moderna tienen que ver con una idea muy extendida: la idea de que cada persona se basta completamente a sí misma. Se piensa que el éxito es exclusivamente resultado del esfuerzo individual. Que cada uno es dueño absoluto de su destino. Que nadie le debe nada a nadie. Pero esta visión tiene una debilidad evidente: olvida todas las relaciones que hacen posible la vida humana.

Nadie aprende a hablar solo. Nadie se educa completamente por sí mismo. Nadie construye una sociedad sin la ayuda de otros. Cuando una cultura olvida estas mediaciones, se vuelve más fría, más competitiva y más fragmentada.

El ser humano se realiza cuando se entrega
El Concilio Vaticano II expresó esta idea de manera muy clara con una frase que resume toda una visión de la persona humana: “El hombre no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo”.

Esto significa que el ser humano no se realiza aislándose, sino compartiendo su vida con otros. La gratitud hacia Dios se transforma así en apertura hacia los demás. Cuando una persona reconoce que su vida es un don, se vuelve más capaz de vivir en relación con los demás.

Incluso la economía necesita gratitud
Puede parecer extraño, pero esta idea también tiene que ver con la economía. Benedicto XVI explicó que las sociedades modernas no pueden sostenerse únicamente sobre contratos, dinero o cálculos de interés. Para que la economía funcione se necesitan cosas que no se pueden comprar: confianza, cooperación, honestidad.

Y estas cosas nacen en gran medida de una cultura donde existe gratitud. Si todo se reduce a intereses individuales, las relaciones humanas se vuelven frágiles. En cambio, cuando las personas reconocen el valor del don y de la reciprocidad, la vida social se vuelve más sólida.

También la relación con la naturaleza cambia
El Papa Francisco ha insistido en que la gratitud también transforma nuestra relación con la naturaleza. Cuando vemos el mundo únicamente como un conjunto de recursos que podemos explotar, terminamos dañándolo. Pero cuando lo percibimos como un don recibido, aparece una actitud diferente: el cuidado.

Por eso el Papa habla de una “conversión ecológica” que comienza con algo muy simple: reconocer que el mundo es un regalo. La gratitud genera responsabilidad.

Volver a aprender a agradecer
La sociedad contemporánea enfrenta problemas muy complejos: desigualdad, violencia, crisis ambiental, polarización política. No existe una solución única para estos desafíos. Pero quizá una parte del cambio necesario consiste en recuperar algo que parece muy básico: la capacidad de agradecer.

Agradecer a Dios por la vida.
Agradecer a quienes nos han ayudado.
Agradecer las oportunidades recibidas.

Cuando esta actitud se vuelve parte de la cultura, cambia la manera de mirar la realidad. Las personas se vuelven más conscientes de que dependen unas de otras. La solidaridad deja de ser una obligación externa y se convierte en una respuesta natural.

Una idea pequeña que puede cambiar mucho
A veces pensamos que solo las grandes teorías o las grandes reformas pueden transformar la sociedad. Pero la historia muestra que las culturas también cambian a partir de ideas sencillas. La gratitud es una de esas ideas.

Agradecer significa reconocer que la vida no empieza en nosotros. Significa aceptar que lo que somos está ligado a los demás. En un mundo que muchas veces exalta la autosuficiencia y la competencia permanente, recordar que la vida es un don puede ser una de las claves para reconstruir el bien común.

Tal vez el primer paso para cambiar muchas cosas sea simplemente volver a decir -y a vivir- una palabra que parece pequeña, pero que encierra una gran verdad: gracias.

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias

Agustín de Hipona. (1991). Confessiones (J. J. O’Donnell, Ed.). Oxford University Press. (Obra original escrita ca. 397–400). Augustinus Hipponensis - Confessionum libri XIII
Basilio de Cesarea. (1862). Homilia in divites. En J.-P. Migne (Ed.), Patrologia Graeca, 31, 277–304. St-Basils-Sermon-to-the-Rich.pdf
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate: Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Libreria Editrice Vaticana. Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
Biblia de Jerusalén. (2009). La Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer. https://www.bibliatodo.com/la-biblia/version/Biblia-de-Jerusalen
Bruni, L. (2008). Reciprocity, altruism and the civil society: In praise of heterogeneity. Routledge. Reciprocidad, altruismo y la sociedad civil | En alabanza de la heterogeneidad
Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). Libreria Editrice Vaticana. (Edición típica de 1992). Catecismo de la Iglesia Católica, Índice general
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes: Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana. Gaudium et spes
Didache. (1886). The Teaching of the Twelve Apostles. En A. Roberts, J. Donaldson & A. C. Coxe (Eds.), Ante-Nicene Fathers (Vol. 7). Christian Literature Publishing Co. (Obra original del siglo I). https://www.ccel.org/ccel/schaff/anf07.vi.html
Francisco. (2015). Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana. Laudato si' (24 de mayo de 2015)
Francisco. (2020). Fratelli tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana. Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
Juan Pablo II. (1980). Dives in misericordia. Libreria Editrice Vaticana.Dives in Misericordia (30 de noviembre de 1980)
Juan Pablo II. (1981). Laborem exercens. Libreria Editrice Vaticana.
 Laborem Exercens (14 de septiembre de 1981)
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo rei socialis. Libreria Editrice Vaticana. Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987)
Juan Pablo II. (1991). Centesimus annus. Libreria Editrice Vaticana. Centesimus Annus (1 de mayo de 1991)
Marion, J.-L. (2002). Being given: Toward a phenomenology of givenness. Stanford University Press.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2004). Compendio de la doctrina social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
Ratzinger, J. (2004). Introducción al cristianismo. Ediciones Sígueme.
Tomás de Aquino. (1265–1274/1947). Summa Theologiae. Corpus Thomisticum. Thomas de Aquino, Summa Theologiae, IIª-IIae q. 57-60
Zamagni, S. (2010). Catholic social thought, civil economy, and the spirit of capitalism. Review of Social Economy, 68(3), 253–273. CATHOLIC-SOCIAL-THOUGHT.pdf

Vistas: 539
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs