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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Puebla electoral, situación y perspectivas

Los desafíos para la entidad ante las elecciones que vienen

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Enero 11, 2026

“El pastor debe oler a oveja” sentenció el papa Francisco a sus estructuras jerárquicas. Y la Iglesia católica, un poder con dos milenios de experiencia, sabe bien de estas cosas.

Por ahí tendrá que ser la admonición del gobernador Alejandro Armenta a sus huestes con la mira puesta en la siguiente elección. Este último sábado arrancó preparativos en tal sentido, en una reunión con un millar de personas de su equipo.

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Él aplicó ese consejo desde el principio de su carrera. Sabe de preparar la tierra, barbecho, siembra y cosecha. Así lo hizo y le dio resultados. Ahí está en la cima del poder.

Ahora, estamos en los tiempos de levantar el dedo. “De querer, todos quieren”, me decía un político experimentado. Y así es, muchísimos de quienes le rodean, con aspiraciones, se aprestan a buscar diputaciones federales, locales y presidencias municipales. No hay militancias, sino un “aspiracionismo galopante”, intereses no ideales. Solo apetitos.

La tarea no será fácil, por una razón elemental y sencilla: no hay Armentas multiplicados. No se ve, en todo su equipo, uno sólo que haya evolucionado a su sombra y con su estilo. No hay político de piso, de tierra y surco. Todos son de temporal. Y haga la revisión uno por uno y en conjunto.

Los tiempos marcan el ritmo. En marzo próximo quedará aprobada la nueva reforma electoral, en abril y mayo las leyes secundarias. Reglas nuevas para todos y en esto se incluyen los congresos locales. En septiembre arrancará el calendario de movimientos para cargos federales y en noviembre para los locales.

En Puebla, zona metropolitana con 22 municipios conurbados, con el 45 por ciento del padrón electoral, se concentra gran parte del poder estatal.

Morena tiene un dominio que le da cierto grado de confianza. Hay control político, pero toda sociedad es impredecible y siempre existen los imponderables.

La oposición se ha volatilizado. Prácticamente solo el PAN guarda una condición competitiva con Morena en la entidad, en términos generales. Pero hay un factor importante que siempre ha prevalecido en Puebla: en la zona metropolitana siempre ha existido un núcleo opositor. No necesariamente de militancia panista, pero sí con un voto que se inclina por este partido.

Las razones son muchas: sí hay un sedimento conservador, un sector de la sociedad no emite un voto ciego sino razonado, otros mantienen una oposición a todo, y hay segmentos con una definida posición ideológica no satisfechos con el poder morenista: liberales, de izquierda y resentidos del morenismo.

En este último punto hay que anotar al gobierno de Pepe Chedraui. Por principio él llegó a Morena como un injerto. Por su origen empresarial, su ubicación filopanista y priista, para nada encajaba en el partido guinda. Es todo lo contrario a lo que Morena representa.

Hay quienes piensan que su presencia obedece más a la mano del exgobernador Sergio Salomón, por cuya intercesión recibió la candidatura. Luego vino el manto protector del armentismo, que con dos millones de votos ha sido un árbol que a muchos brindó y brinda un follaje y sombra muy generosos.

El gobierno de Chedraui ha sido desastroso. Con pobre imagen, equipo gris, escaso presupuesto y al margen del afecto del gobernador y equipo, guarda un papel testimonial y periférico. Hoy en día ni siquiera figura al lado del gobernador en el presídium de las diversas ceremonias capitalinas y, por si faltara, en las obras municipales ha sido hecho a un lado.

Digamos que está, pero no representa poder alguno. Incluso, según una percepción extendida de observadores y estudiosos, se ha convertido más en un contrapeso que en un activo del poder de Morena en Puebla.

Lo grave es que mucha gente, que no tiene clara la división territorial y facultades políticas en la capital, expresa censuras por igual a él y al gobierno estatal. Esto lo convierte en un personaje incómodo para la siguiente elección, una piedra en el zapato pues.

En otro aspecto importantísimo están los aspirantes y futuros candidatos de Morena en la zona metropolitana. De los dos o tres “que quieren”, ninguno huele a oveja. Un político me decía el fin de semana: “Ninguno es pueblo...”

Vienen de la burocracia, la obediencia, las cúpulas privilegiadas.
Y es verdad, nada que ver con la trayectoria y personalidad, trabajo y mística de Armenta. Ni el currículum, ni la personalidad, ni el estilo, ni siquiera el lenguaje se le parecen. Su retórica no despierta ni a un velador.

Y, estaremos de acuerdo: un candidato emerge no se hace, no se fabrica. La construcción es de abajo hacia arriba y lleva tiempo.

Las candidaturas que se edifican de arriba hacia abajo son artificiales, huelen a desconfianza, parecen más imposiciones que producto de una elección o selección… ¡y cómo cuesta construirlas! Y lo más grave: no garantizan votos ni triunfos.

Este es el primer gran reto del gobernador: encontrar aspirantes a candidatos que provengan del piso, que tengan un mínimo de identificación con los diversos sectores sociales que integran este complicadísimo mosaico que forma la zona metropolitana de Puebla.

Gente capaz sí existe. Muchos esperan esa oportunidad, tienen puntos a favor de esa identidad que les da un cierto piso, otros habrá con cualidades potenciales de liderazgo a la caza de una coyuntura. Es cierto, la materia prima no es precisamente abundante. Y de esto adolecen todos los partidos. Morena en su pecado lleva la penitencia.

El partido guinda tiene en Puebla un “liderazgo” entre gris oxford y gris rata. No da, nunca ha dado pruebas de existencia. Baste un dato: su dirigencia tardó casi cinco días para reaccionar ante la ofensa, reto o desafío de un presunto delincuente al Secretario de Gobernación.

Pero además, nada se sabe de formación de cuadros, actividad proselitista, vanguardia ante los problemas, ni siquiera opinión propia ante los asuntos políticos del estado o el país. Así, lejos de ayudar al Gobierno de Puebla ha sido un estorbo. Un ente así, en vísperas de campaña es un lastre pésimo.

Se requiere ahí, con urgencia, un relevo por lo menos acorde con la motivación del gobernante.

Total que si se toma el pulso correctamente a la Puebla actual y lo que viene, estamos en vísperas de cambios, ajustes y aprestos para tiempos electorales.

Inmadurez en Gobernación

Francamente inmadura la posición de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, al negar un acto de elemental cortesía, el saludo, al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch durante la reciente gira por Guerrero.

Ese comportamiento, más propio de un gesto de infancia que de un político del nivel más alto, ofrece un pésimo ángulo a la imagen del poder en México, y peor aun hacia el exterior, precisamente en este momento de observaciones, presiones y críticas.

Por eso, con toda razón, se suele comentar que para alcanzar una buena imagen hay que usar una escalera, pero para perderla basta un elevador. Un solo hecho y un instante, en apariencia pequeño, basta para derrumbar un prestigio trabajosamente construido.

xgt49@yahoo.com.mx

 

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