El paradigma dominante de la seguridad internacional, fundamentado en la disuasión militar y la amenaza de aniquilación mutua, está alcanzando un punto de crisis moral y práctica, lejos de garantizar la estabilidad, esta lógica ha normalizado una carrera armamentista que nos aleja de la verdadera paz.
La evidencia es contundente: solo en 2024, el gasto militar mundial experimentó un aumento del 9.4 %, alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares. Esta asignación masiva de recursos no es una mera estadística; es un veredicto moral sobre las prioridades de la civilización contemporánea, donde el instinto de la desconfianza prevalece sobre la inversión en la dignidad humana.
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Frente a esta lógica de miedo, emerge una alternativa radicalmente diferente, inspirada en una profunda reflexión ética y teológica: la paz desarmada y desarmante. Este artículo explora la naturaleza y la viabilidad de un concepto que nos desafía a reimaginar la seguridad desde sus cimientos.
La "revolución silenciosa": Definiendo la paz de Cristo
Para comprender el potencial transformador de esta propuesta, es crucial definirla con precisión. No se trata de una simple ausencia de conflicto o de una tregua pasiva, sino de un concepto activo y dinámico que busca un "cambio definitivo en la realidad".
El fundamento de este modelo es la "paz de Cristo resucitado", definida explícitamente por el Papa León XIV, como «una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante». A diferencia de las paces negociadas bajo amenaza, esta es una paz que "proviene de Dios", operando no a través de la fuerza, sino de una "revolución silenciosa".
La sutileza de este enfoque contrasta drásticamente con la agresividad ruidosa del mal. Como sugiere una poderosa imagen, mientras que a la violencia y la injusticia "se le grita 'basta'", a esta paz transformadora "se le susurra 'para siempre'", pues porta consigo el aliento de lo eterno.
Es revolucionaria porque invierte la lógica del poder: no se impone desde una posición de fuerza, sino que transforma la realidad desde la humildad y la perseverancia. Para entender cómo se materializa esta visión, es necesario analizar sus dos componentes inseparables: el desarme material y, más profundamente, el desarme del espíritu.
El primer pilar: La paz desarmada y la renuncia a la lógica del miedo
Construir una paz duradera exige el rechazo activo de los instrumentos y las doctrinas de la guerra. El primer pilar, ser una paz desarmada, implica una renuncia consciente a la lógica del miedo que domina las relaciones internacionales. La doctrina de la disuasión nuclear es el ejemplo más claro de esta arquitectura de seguridad intrínsecamente inestable, pues establece una "relación irracional entre pueblos" cimentada en el "miedo y la desconfianza".
Como advertía san Agustín con aguda perspicacia, «es más difícil alabar la paz que poseerla». La verdadera seguridad no puede florecer sobre la amenaza constante de la aniquilación; debe, por el contrario, transitar hacia un nuevo equilibrio basado en la "confianza recíproca".
El fundamento ético de este pilar es profundo se inspira en el ejemplo de Jesús, cuya lucha fue intrínsecamente desarmada y quien rechazó explícitamente el uso de la violencia incluso para su propia defensa con la orden: «Envaina tu espada» (Jn 18,11). Este mandato no es una mera directriz espiritual, sino un principio estratégico que redefine el poder. Sin embargo, en el siglo XXI, la renuncia a las armas físicas se enfrenta a un desafío aún más complejo y deshumanizante: las armas autónomas de la era digital.
El desafío contemporáneo: La guerra automatizada y la erosión de la conciencia
El desarrollo de la inteligencia artificial con fines militares no es un mero avance tecnológico; representa una singularidad ética que amenaza con subvertir el humanismo jurídico. La principal preocupación radica en la "desresponsabilización" de los líderes políticos y militares. Al delegar decisiones de vida o muerte a las máquinas, se crea un peligroso vacío ético que facilita una "espiral destructiva sin precedentes". Esta erosión no ocurre en abstracto; es imperativo denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que empujan a los estados en esta dirección, socavando las bases de la civilización.
Esta tendencia hacia la guerra automatizada es la antítesis directa del "desarme del corazón". Mientras que la paz desarmada busca despertar la conciencia y el pensamiento crítico, la automatización de la violencia fomenta un adormecimiento de la conciencia moral, precisamente en un momento que exige un mayor despertar ético. Frente a esta deshumanización tecnológica, el segundo pilar de esta paz —su capacidad de ser "desarmante"— se vuelve no solo relevante, sino existencialmente crucial.
El segundo pilar: La paz desarmante y el poder activo de la vulnerabilidad
Es fundamental diferenciar ambos pilares con precisión. Si ser "desarmada" es una condición —la renuncia a los instrumentos de la violencia—, ser "desarmante" es una fuerza activa —la capacidad de desmantelar la hostilidad en el otro a través de la vulnerabilidad y la integridad. Esta dimensión proactiva se comprende a través del encuentro de dos inmensas realidades "desarmadas":
La de Dios, que renuncia a todo privilegio de su divinidad al encarnarse como un niño indefenso, y la de la persona que, con confianza, abraza totalmente su voluntad. Esta vulnerabilidad dual no es una debilidad, sino una fuerza que tiene la capacidad de hacernos "más lúcidos", obligándonos a cuestionar la lógica de la fuerza.
Al extrapolar este principio al ámbito de las relaciones internacionales, emerge una diplomacia basada en la "sinceridad en los pactos" y en el fortalecimiento de las instituciones supranacionales. Sin embargo, ninguna paz externa es sostenible sin una transformación interna.
Esto exige un "desarme integral" que debe comenzar en la conciencia y el corazón de cada individuo, vaciándolo del deseo de dominio para llenarlo de un anhelo de armonía. Conectando estos principios con la realidad, es necesario explorar las acciones concretas para su implementación.
De la visión a la acción: Construyendo la paz en un mundo fragmentado
Ante la objeción de que este ideal es utópico, los textos proponen pasos tangibles para construirlo en medio de la "tercera guerra mundial a pedazos" que caracteriza nuestra era. No se trata de una fórmula mágica, sino de un trabajo perseverante que se apoya en acciones concretas:
• Educación para la Memoria: Fomentar una cultura que preserve la conciencia de las víctimas de la guerra para contrarrestar las narrativas de miedo y promover programas educativos que despierten el pensamiento crítico frente a la lógica bélica.
• El Rol de la Comunidad: Posicionar a la familia y a las comunidades como incubadoras estratégicas de paz, donde se cultiva activamente el diálogo y el perdón para contrarrestar las lógicas de poder, codicia y violencia ("los Herodes modernos") que dominan la esfera pública.
• Transformación Personal: Subrayar la decisión activa de cada individuo de "abstenerse de toda violencia" y convertir los agravios en perdón como el fundamento ineludible de cualquier paz duradera.
Este camino exige una valentía que va más allá del coraje en el campo de batalla.
Conclusión: La audacia de una nueva seguridad
En síntesis, la paz basada en el miedo y la disuasión es una ilusión insostenible. La propuesta de una "paz desarmada y desarmante" ofrece una alternativa viable, anclada en una convicción moral superior que reconoce la interdependencia humana. La diferencia fundamental puede ilustrarse con una analogía final: la "paz" actual se asemeja a dos adversarios apuntándose mutuamente con armas cargadas, donde la estabilidad depende del terror recíproco.
La paz propuesta, en cambio, es el acto de una de las partes que, con valentía, baja su arma y extiende la mano abierta. Este gesto transforma un duelo potencial en un encuentro humano, rompiendo la simetría del miedo. Optar por este camino no es un acto de ingenuidad, sino la máxima expresión de valentía estratégica: una apuesta lúcida y decidida por la fraternidad por encima de la frágil seguridad que ofrece la victoria militar.
Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:
Referencias
León XIV. (2025, 8 de diciembre). Mensaje de su santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz. 1 de enero de 2026. Libreria Editrice Vaticana.
Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009).
Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes.
Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020).
Juan XXIII S., Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963).
León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891).
SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security (2025). yb25_summary_es.pdf