Las elecciones en los pueblos se desataron desde el mes pasado. Los presidentes municipales todavía no rinden su primer informe de trabajo y ya están metidos en la elección.
Ni quien piense en el bienestar de la gente que los votó, en la ejecución de programas, y en tomar medidas de gobierno que de verás contribuyan a mejorar la vida de las personas. Por las razones que sean o se quieran, tal vez tomado del modelo que se ha extendido en los prohombres del partido Morena, todos los presidentes municipales en funciones se sienten con derecho de intervenir en la próxima elección de su jurisdicción y designar al próximo presidente.
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En muchos casos los elegidos o en proceso de serlo, son familiares cercanos. Incluso la esposa o la novia. El hijo o el hermano. Los cacicazgos familiares y de grupos de mediados del siglo pasado, en regiones rurales y marginadas, que tanto daño causaron a la estabilidad política y al progreso, están de vuelta, de la mano del partido que ideológicamente más los combatió.
En efecto, Morena nació en el 2014, pero es heredero de más de un siglo de luchas sociales, las que -hay que decirlo también-, ya en el poder, los gobernantes del partido en el poder las han traicionado todas.
Los gobiernos locales han dejado de ser lo que fueron hasta finalizar el siglo pasado. Una carga económica para la persona que aceptaba el puesto de presidente municipal. Más que sacarle provecho, le metían dinero porque la hacienda pública municipal era tan pobre que realmente el ayuntamiento no tenía capacidad de ejecutar nada en beneficio de la población.
Esa condición de inacción lo limitaba en el ejercicio de gobierno. Salvo el servicio de extender actas de nacimiento y el registro de nuevos ciudadanos en el Registro Civil, el servicio les aportaba algunos centavos que consumían en el pago de las fojas al gobierno. Los alcaldes terminaban haciendo las veces de correas de trasmisión de los intereses de las autoridades del estado.
Los alcaldes descuidaban sus actividades personales llevándolos en no pocas ocasiones a la ruina económica, pues desatendían sus empleos o negocios, por atender las peticiones del Estado. Pero eso llegó a su fin a finales del siglo pasado, cuando la Secretaría de Hacienda creó los recursos del Ramo 33, dinero etiquetado y transferido directamente a los presidentes municipales para la edificación de infraestructura social básica, esto es: hacer obra. Las alcaldías podían contratar obra pública directamente con las empresas constructoras.
En este punto se rompió la modorra y el cargo de presidente municipal se convirtió en el puesto más apetitoso y codiciado de los pueblos por la cantidad de dinero que pasaba por sus manos. La autonomía municipal ofrece muchas ventajas para los malhechores, pues neutraliza la supervisión externa. A mayor pobreza mayores recursos. Combatirla se convirtió en un acto contraproducente para los alcaldes.
El incremento de la pobreza incentivaba mayor presupuesto. En ese contexto, los viejos políticos de oficio, bien intencionados, fueron desplazados por el pragmatismo de una casta de vivales que vio en el cargo el gran negocio. Las elecciones fueron metidas en una relación comercial de compraventa, en mucho por la presencia de personajes desconocidos o de mala reputación, carentes de popularidad entre la población.
Para compensar la mala reputación y ser competitivos, empezó el reparto de dinero y la compra de votos. Y con ello apareció la mayor fuente de corrupción. Porque los jefes de partido entendieron de inmediato el fenómeno y empezaron a ponerle precio a las candidaturas.
Este modelo es el que realmente está en juego desde ahora, no obstante que la elección es hasta dentro de dos años, con una legislación que establece apenas treinta días para hacer campaña. En el pasado, los exalcaldes eran personas queridas y respetadas por la población en general. Salían del cargo con buena reputación y eran reconocidos por las pocas acciones que lograban gestionar en la capital.
Con el cambio, la mayoría de los ex abandona el pueblo, ya por la mala reputación que lo persigue, o ya porque no se merece en el pueblo, o ya porque construyó una megamansión en la capital. Sin embargo, una de las novedades que trajeron consigo los recursos del Ramo 33 es el número de novias o novios, según el caso, de los presidentes municipales. La mayoría de ellos sale con nueva mujer.
@ocielmora