Hoy se cumplen diez años de que Huauchinango recibiera la denominación de Pueblo Mágico, que, en teoría, haría que esta ciudad se convirtiera en un punto turístico que recibiera visitas de distintas partes. No ha sido así.
Lamentablemente, hace falta más que solamente un nombramiento para que visitantes decidan acudir a un sitio. Equivale a que alguien, por el solo hecho de titularte en alguna carrera universitaria, tuvieras de inmediato empleo bien remunerado y un futuro asegurado.
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Y es que, para cualquier proyecto, hace falta siempre más que solamente los buenos deseos. Hace falta planeación, inversión, pero sobre todo acción.
Es cierto, Huauchinango, ubicado en la Sierra Norte del Estado de Puebla, es un lugar con paisajes muy atractivos, sobre todo para los habitantes de la Ciudad de México –un lugar relativamente cercano- que se siente abrumado por el tráfico y el hacinamiento cotidiano.
En Huauchinango, se encontrará un remanso de paz, alejado de las prisas. Todo queda cerca. Podrá visitar la Parroquia de la Asunción y la Capilla del Señor en su Santo Entierro; el jardín de la Reforma, es de suyo un lugar para quedarse un buen rato. Hoy es posible tomarse un café por las tardes en los portales.
El visitante también podrá disfrutar de las enchiladas, molotes, tostadas, cecina, el chile con huevo, tortillas recién hechas y otros platillos más, elaborados de manera casera.
Si gusta de las plantas, el visitante podrá visitar Tenango de las Flores, con su enorme mercado de flores y plantas a precios bajísimos.
Pero en la ciudad, también podrá admirar el Palacio Municipal o simplemente recorrer el centro y sus intrincadas calles.
Pero esa oferta si no llega a oídos de los potenciales interesados, difícilmente podrá ser visitado. Hace falta más proyección turística, más promoción, más enjundia.
Hay con qué, pero hace falta más dedicación y los visitantes pueden comenzar a verse llegar.