Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El caso del Chicharito y la tarea ética de la escuela

La tarea ética consiste en formar mentes y corazones en esta distinción fina que evite linchamientos

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Julio 28, 2025

"Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".
Atribuida a Voltaire

A todas las personas hay que respetarlas. Otra cosa, son sus opiniones. No todas las opiniones son respetables. Las opiniones se tienen que ganar el respeto y lo que no se puede tolerar es las opiniones que no son respetables. Entonces, hay que ser tolerantes con las personas que son intolerantes, pero no con sus opiniones, no con sus puntos de vista, no con: “es una opinión”. “Las mujeres son inferiores a los varones”, es una opinión. No, por favor, es una barbaridad. Pero por eso tenemos que hacer la tarea ética y tenemos que hablar mucho en la sociedad.
Adela Cortina. Una lección ética frente a la intolerancia. BBVA-El País. Aprendemos juntos.

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Cuando empecé hace ya algunas décadas a participar en cursos y charlas acerca de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y sus aplicaciones a la educación, tanto en la parte propiamente de la enseñanza como en las plataformas de planeación y diseño de contenidos, recuerdo muy bien que los instructores nos advertían que estas herramientas son como un lente muy potente que amplifica la realidad, por lo que requerían de mucho cuidado y responsabilidad en su uso.

No existían entonces las redes sociales –“benditas redes sociales” les dicen algunos, aunque para otros sean una auténtica maldición- que irrumpieron en nuestro mundo creando todo un mundo paralelo, una realidad virtual que si bien se basa o parte de la realidad tangible, se convierte en algo distinto y nos convierte también en seres con identidades distintas a las que tenemos en el día a día de nuestra vida cotidiana. Todo ello, con lo positivo y lo negativo que trae consigo.

Bien dicen que el gran Umberto Eco advertía que las redes sociales “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”, esos que antes hablaban solamente en el espacio reducido de un bar y por ello no dañaban a la comunidad. Ahí eran silenciados rápidamente, afirmaba el filólogo y escritor italiano. Sin embargo “ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”

Estas palabras suenan muy duras e incluso pueden interpretarse como elitistas, pero tienen mucho de razón en términos de la necesidad de distinguir entre las expresiones inteligentes, razonables y mesuradas de las meras ocurrencias o expresiones catárticas de reacciones viscerales o emociones espontáneas que se lanzan al campo de lo público sin la menor reflexión y que sin embargo tienen muchas veces, efectos de apoyo y adhesión por parte de mucha gente que coincide con ellas.

Esta “invasión de los idiotas” tiene sin embargo su lado positivo, puesto que implica una democratización del debate público, que construye una opinión pública muchas veces no suficientemente informada e inteligente pero representativa del sentir y opinar de sectores más amplios de la sociedad que antes no podían expresar su voz.

A la par de esta ampliación de la voz de los grupos sociales a través de la lente amplificadora de las redes sociales y otras plataformas de creación de contenido, se ha venido extendiendo la idea -que tiene su origen también en la desilusión de la propuesta racionalista moderna y la entronización de su falsa idea de objetividad- de que toda opinión es respetable.

Hoy es muy común leer y escuchar a la gente, incluyendo a políticos, periodistas e intelectuales, decir esta frase o alguna equivalente donde se le da el mismo valor a cualquier opinión por el simple hecho de que es expresión de una persona y se piensa que cuestionar la opinión es una especie de expresión de superioridad que es inaceptable.

Sin embargo, en esta sociedad de las redes sociales, también ha ido instalándose la cultura de la cancelación, en la que en nombre de la tolerancia, la equidad, el combate al racismo, al clasismo, al machismo y otros males sociales, se lincha públicamente y se descarta como persona a cualquiera que cometa el error de decir o escribir algo que vaya en contra -o que se interprete o a veces se sobre interprete que va en contra- de la corrección política y las ideas consideradas progresistas.

Nos encontramos entonces en un mundo que está atrapado en la contradicción entre el principio de que toda opinión es respetable y el principio de que hay que cancelar a cualquier persona que exprese una opinión contraria a lo que hoy es aceptado como intelectual o moralmente válido, aunque no necesariamente sea aceptable. Con el primer principio se condena al dogmatismo apelando a esos tiempos de la Santa Inquisición en la que se castigaba e incluso se quemaba a quienes no se sometieran a las ideas religiosas dominantes, pero con el segundo principio se construye en los hechos una nueva inquisición en la que se cancela y se quema en la hoguera simbólica a todos los que piensan distinto a lo políticamente correcto.          

De esta tensión se deriva una tarea ética urgente que señala muy claramente Adela Cortina en el epígrafe de este artículo: la necesidad de trabajar en favor de la dignidad humana y en contra de la cancelación de las personas que piensan y opinan diferente, por más reprobables que sean sus opiniones, al mismo tiempo que se derrumba ese falso principio de que todas las ideas son respetables y se trabaja activamente por posicionarse en contra de todas las opiniones que impliquen la degradación del otro o lo otro.

De manera que necesitamos reforzar la conciencia para derribar con argumentos contundentes y fundados todas las ideas machistas, racistas, supremacistas, excluyentes que desafortunadamente están resurgiendo con fuerza en estos tiempos de liderazgos autoritarios y teorías de la conspiración, pero distinguiendo siempre la opinión de la persona y respetando el derecho que tienen de manifestar sus opiniones, con la fuerza que se plantea en esta frase atribuida a Voltaire.

La tarea ética, que pasa de manera importante y urgente por la educación ética, consiste en formar las mentes y corazones en esta distinción fina que evite los linchamientos y la cancelación de las personas, tolerando incluso a las personas intolerantes y defendiendo su derecho a expresarse, pero al mismo tiempo enseñe a condenar con energía y a no dejar pasar como inocuas todas las opiniones intolerantes.

El caso del Chicharito Hernández y sus muy condenables opiniones sobre las mujeres -muy en la línea del ejemplo que pone Cortina de que son inferiores, que en efecto es una barbaridad- es un caso mediáticamente viral que puede servir como material para la reflexión ética en la escuela y en la sociedad sobre esta necesidad de condenar la opinión sin cancelar a la persona y su derecho a opinar.

           

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