Después de la agitada jornada electoral de la BUAP en días recientes por la renovación de direcciones, es importante una revisión a la distancia, lejos de los ánimos caldeados porque es innegable que el paro estudiantil redefinió en muchos sentidos este proceso.
El estudiantado
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El movimiento estudiantil sigue dando frutos. Hay quienes confunden el sueño con la muerte. Los movimientos sociales no mueren ni decaen, hibernan. Así lo demostró el paro estudiantil de inicio de este año 2025 que a nadie sorprendió: estaba pendiente pues había quedado pospuesto por la pandemia. Para nadie es tampoco novedad los intentos de cooptar el movimiento por medio de porros que, esta vez, quedaron expuestos por la inteligencia colectiva.
Conocidos operadores disfrazados eternamente de estudiantes y otros no tan conocidos, no duraron ni un nanosegundo. Funados en redes, me pregunto cómo habrán justificado su trabajo si este depende de una acción soterrada, mustia. Los eternos iniciadores de Frentes Estudiantiles por… lo que sea, fueron superados por una generación que ya los conoce de tiempo atrás, algunos incluso desde el #yoSoy132.
El pliego petitorio sigue palpitando. Para algunos, la idea de un Congreso Universitario sigue siendo la promesa de catapultarse propagandísticamente a una candidatura a la rectoría. Riesgosa empresa que no dudo que alguien intente.
La miopía de los últimos rectores de la BUAP ha sido periférica, pero en especial con el estudiantado; su única interlocución con las bases fue, cuando no la golpiza directa, las fiestas sin más contexto ni sentido que la compra de voluntades, entre otras muchas prácticas que merecen un estudio en sí mismas. Todos saben de qué hablo. Pero, con pleno conocimiento de causa creo que la Dra. Lilia Cedillo pasará a la historia como la primera rectora que fue capaz de proteger los derechos de los estudiantes y que se ha conducido, para bien, de una forma radicalmente distinta a los rectores anteriores.
Por su parte, el estudiantado a través del pliego petitorio y la gestión de las instalaciones bajo su tutela durante el paro, dieron muestra de coordinación, madurez, precisión y claridad respecto a las necesidades desesperantes de una universidad en la que convive la precariedad de “los hora clase” con la opulencia de élites y redes de privilegios con toda la clase de vicios de sistemas de gobernanza decadentes.
En el caso de las consejerías universitarias se presentaron a competir cuatro planillas estudiantiles. Dos planillas deliberadamente señalaban estar en coalición con la dirección (inaudito en términos de autonomía estudiantil). La derrota de estas planillas fue contundente. El rechazo, aún más nítido y, esperamos aun cómo se comportará la dirección reelecta con este grupo de estudiantes que, por primera vez, no disimularon de ningún modo su factura oficialista. Se hubiera esperado que, junto con la victoria de la reelección, esta planilla afín al candidato, fuese arrastrada por la ola victoriosa pero el punto es que no hubo tal ola victoriosa para ellos.
El estudiantado en su mayoría prefirió a las fórmulas que tuvieron una actitud más ecuánime frente a los candidatos. Estas planillas fueron Revuelta Organizada y Estudiantes Organizados por la Democracia. El estudiantado del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) prefirió estas dos planillas con una votación generosa. En favor de ellos se puede decir que su compromiso con el paro y el pliego petitorio fue más que evidente y fue, por lo tanto, recompensado con una votación contundente por la inteligencia colectiva.
Poco diré de las planillas para consejeros académicos, se trata de compañeras y compañeros investigadores que gozan de toda la simpatía del Instituto.
La candidata
La ganadora en términos políticos, que no formales, fue Elizabeth Buenabad, primera candidata mujer, además, independiente por quién votó cerca de la mitad del Instituto. Sin duda las tensiones Vélez-Grajales fueron explotadas mediáticamente en contra suya. Quien conozca a Elizabeth de cerca, sabe que es hasta ofensivo imaginarla adscrita a corriente filial alguna. Por otro lado, plantear un purismo lejano a toda “familia” es falso porque, por razones históricas particulares, las y los fundadores, no solo del Instituto sino de importantes momentos históricos de la BUAP, aún tienen gran presencia, para empezar, como voces críticas y validadas contra la privatización y gerencialización del Alma mater.
Pero es modus operandi del más rancio machismo negar agencia a la mujer, y fue un despliegue de machismo inusitado insistir en que Elizabeth Buenabad fuese títere de alguna facción. Es el mismo caso de la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien se le acusa permanentemente desde la derecha de seguir órdenes de Andrés Manuel. Fue parte de esta evolución del instituto y el nacimiento de una disidencia crítica, ser testigos de actitudes propias de la derecha en contra de la candidata. Lamentable.
Sin embargo, quien espera en este artículo que me sume al espectáculo de valorar las participaciones de los fundadores históricos del Instituto en términos denostativos, o morbosos, se verá desilusionado. Los problemas del Instituto en ese sentido ya son otros, y habrá tiempo para ese análisis en otra ocasión.
Volviendo a la campaña de Elizabeth, nos sumamos a ella quienes apoyamos el paro estudiantil de corazón y celebramos las innovaciones que los paristas han impulsado como la no reelección. ¿Qué hizo mal Giuseppe Lo Brutto? ¿Qué hizo bien? Cualquiera que sea la respuesta a estas preguntas la responsabilidad no es de una sola persona sino compartida. Durante los cuatro años previos es justo decir que Elizabeth Buenabad y sus colaboradoras y colaboradores, sostuvieron con un trabajo titánico la operatividad del Instituto sobre sus hombros sin protagonismo alguno.
La llegada de Claudia Sheimbaum a la presidencia de la república hacia natural plantearnos que una mujer directora es una exigencia de los signos de los tiempos. La misma Rectora lo es. La normalización machista de la expresión “detrás de un gran hombre hay una gran mujer” es inaceptable ya. ¿Por qué carajos detrás y no junto o al frente? Basta de ese machismo normalizado.
Como parte de la comunidad del Instituto debo decir que hubo un triste y nuevo componente en estas elecciones: la conversión de gran parte del personal no académico en iracundos atacantes de la candidata. Sin embargo, nadie coartó su libertad de expresión a pesar de haberla llevado más allá del límite en algunos casos. Incluso se violaron varios lineamientos de la contienda como el uso de bots, ataques personales en redes y, por primera vez, una candidata no pudo terminar su alocución frente a los trabajadores por actos porriles de la más baja calaña. Una extraña batería nunca vista de “operaciones” legaloides intentando utilizar a la oficina de la Abogada General y la Defensoría de los Derechos Universitarios como entes persecutores, sumó un ingrediente involutivo en el ambiente electoral.
Por parte de quienes apoyamos a Elizabeth, decidimos no seguir ese juego y, todos los señalamientos utilizando la legalidad universitaria como treta persecutoria de baja monta, se han ido aclarando en favor de los simpatizantes de la candidata. Es lamentable el uso de la legalidad de ese modo y signo no de estos tiempos sino de los del priismo más rancio y patético. Luchamos por un mundo donde nadie se vea en la necesidad de prestarse a este tipo de acciones. En este sector en específico, la “operación cicatriz” será complicada y esperamos que este extraño fenómeno sea tan solo eso, de lo contrario nos estaríamos enfrentando a una judicialización represiva del Instituto propia de la Gestapo o la KGB al más puro estilo estalinista.
Paradójicamente, lo anterior tuvo un efecto muy positivo en la campaña de Elizabeth porque desató una simpatía solidaria. Ella misma lo afrontó con un estoico respeto de los tiempos institucionales y en las desventajas propias de un sistema que no acaba de cambiar, en que el director no tiene que renunciar para competir, sino que, en pleno uso de su poder es juez y parte. La candidata, bajo asedio de denuncias tanto como sus simpatizantes, logró en tan solo dos semanas de campaña una votación sorprendente y una simpatía exponencial. Otro poco más y gana como los números que no mienten, muestran.
Por cierto, uno de los posgrados más bombardeados por actos de difamación contra Elizabeth, terminó por empatar en votaciones para ambos candidatos. Esto demuestra la tendencia crítica del estudiantado y la planta académica.
En el contexto más amplio, nos enfrentamos a una inusitada violencia académica en toda la universidad ampliamente denunciada durante el paro, en la que los estudiantes experimentan un verdadero terror ante algunos profesores y profesoras. Estos, a su vez, involucrados en una extraña locura represora a causa de la injusticia laboral que ellos mismos viven. No es que lo justifique, pero debe entenderse. Basta el rumor de un ascenso, una transformación, un poco de respeto, para convertirse en una persona iracunda que exhibe su capacidad mercenaria como modo de estirar el brazo por un poco de justicia laboral que, en contextos más saludables, sería simplemente lo que justamente merecen.
El rumor basta y es lo que los operadores reparten, rumores, promesas vanas para enrarecer el ambiente y arrancar adeptos o contrincantes. En ese río revuelto ¿quién gana? Estas malas prácticas son producto del modelo neoliberal que acorrala a una competitividad descarnada a las comunidades rompiendo su tejido social. Por eso la invitación al silencio es negativa: lo público debe ser cada día más público. Las luchas no deben ser para el futuro sino en justicia histórica con el pasado, con los y las compañeras que hoy, viven aun en la injusticia de una plaza usurpada y entregada por corrupción a quien no la merece.
En el contexto particular del Instituto, por momentos sorprendió la rabia que alcanzaron los ataques contra Elizabeth por parte de trabajadores no académicos y académicos por igual. Afortunadamente, fueron pocos, pero su virulencia, nunca antes vista, aun nos perturba.
Lo impresionante de la campaña de la candidata fue el cerrado margen de diferencia en las votaciones. Contado directamente a cada votante, la diferencia fue tan solo por veinte votos de los cuales, la mayoría pertenecen al clásico sector atrapado por contrataciones discrecionales y que, de uno u otro modo, deben “la plaza” a alguien directamente pues, la regulación de la contratación administrativa es aún, bastante opaca.
Nadie que conozca el funcionamiento de la BUAP ignora que el personal administrativo es el más vulnerable y por lo tanto el que nunca o rara vez se involucra en movimientos que impliquen cambio social. Las candidaturas emergentes lo saben de antemano. Por obvias razones se prefiere la estabilidad, pero no por ser obvias significa que estas razones sean buenas per se. Sin embargo, un importante grupo de trabajadoras y trabajadores no académicos colegimos que, sin demérito del ganador, era noble y a la altura del movimiento de la historia respaldar a una mujer de la estatura moral de Elizabeth Buenabad por la dirección del Instituto.
El candidato
El actual director reelecto, fue reconocido en acto protocolario de Consejo de Unidad Académica. La minuta es un interesante documento no solo formal sino sociológico que merecería ser estudiado en sí por la diversidad de voces que se expresaron en esa jornada y el llamado general a la concordia, el reconocimiento y la comunidad. En ese sentido experimenté una de las más bellas experiencias al encontrar la mano afable y fraterna de compañeros y compañeras, profesores y profesoras, que dimos por cerrada toda contienda.
Esto fue importante porque, como he señalado, durante la campaña un sector muy beligerante que apoyó la campaña de Giuseppe Lo Brutto, perpetró faltas de respeto importantes contra investigadores y otros trabajadores no académicos. Un resquicio de persecución contra Elizabeth aún se encuentra en el ojo del huracán al insistir aun algún trasnochado de acusarla de discriminación. No solo eso, sino que estudiantes afines a la campaña del director reelecto, -sin que esto implique vincular al Director, en absoluto con estos actos- aun levantaron denuncias al calor del debate, contra compañeras y compañeros estudiantes que mientras esto se escribe, tienen cita con la Abogada General para demostrar su inocencia aunque hasta el momento, quien acusa no haya mostrado más pruebas que su palabra; veremos cómo se desenvuelve eso.
Esto se alinea con el vergonzoso caso de una investigadora que, conocida por hacer precampaña en favor del candidato ganador con mucha anticipación, digamos desde junio del 2024, se lanzó a denunciar a Elizabeth en un intento bastante pedestre por evitar que contendiera. En apego a la ley, respecto a este caso, la Abogada General desestimó las acusaciones por falta de pruebas y permitió por lo tanto que Elizabeth pudiera lanzar su candidatura. Lo que sí se probó fue una voluntad de dañar deliberadamente a la candidata.
Al final, la investigadora en cuestión no encontró un solo testigo que apoyara su versión, increíblemente, en un salón atestado de asistentes. Es que a Elizabeth se le tiene un gran cariño y respeto por su probidad y autonomía moral. Creo firmemente que nada de esto es achacable al director electo a quien conozco bien como contendiente y tiene capacidades personales que lo hacen un competidor que no debe ser tomado nunca a la ligera, ni subestimado y para muestra los resultados. Hemos sido adversarios encarnizados en la cancha de futbol.
Entonces los exabruptos los enmarco en aquella frase de personas “más papistas que el papa”. Estas personas disfrutaron con ciertos excesos la primavera democrática del Instituto, eterna primavera en la que un trabajador no académico puede ejercer su libertad de expresión hasta límites inimaginables en ninguna otra unidad académica. Esto no significa que no sea necesario un proceso de reencuentro que por el momento, pondrá a prueba las capacidades de liderazgo y mediación del director.
Personalmente debo decir que el director me impulsó para evolucionar como investigador y se lo tomó en serio, consolidando la política de sus predecesores de apoyar el crecimiento personal de la comunidad. Considero que su victoria es indiscutible, pero “apretada”, como ha dicho la Dra. Lilia Cedillo, rectora de la BUAP.
Conclusiones
Lamento profundamente los casos de unidades académicas donde las candidaturas implicaron elegir entre el sarampión o el cólera. No fue, por fortuna, nuestro caso. Una de las fortalezas del ICSyH es que hay más de dos personas aptas para su dirección. Es un hecho que la madurez democrática del ICSyH permite una disidencia intensa como la aquí relatada, no porque existan fracturas sino porque existe una comunidad contra las malas prácticas, sólida, capaz de disentir seriamente sin dañarse y a pesar de las contradicciones. Esto es quizá lo que hace al ICSyH tan único en la universidad y entre las universidades.
El reciente proceso electoral por la dirección que vivimos en el Instituto ha dado nacimiento a una vertiente democrática como resultado de los cambios impulsados por el paro mismo y desde la administración central de la Dra. Cedillo, quien, repito, pasará a la historia como la primera rectora que fue capaz de proteger los derechos de los estudiantes y que se condujo de una forma radicalmente distinta a los rectores anteriores. Nos toca, como Instituto de vanguardia en todos los sentidos, continuar con el gran proyecto humanista fundado por Alfonso Vélez Pliego y sobre todo, estar a la altura de las nuevas generaciones y los nuevos desafíos que ellas nos plantean. ¡Que vivan los estudiantes!