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OPINIÓN

Noroña y el Santo contra Alito y sus juventudes

Reflexiones sobre el enfrentamiento entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro Moreno

Julio Broca

Artista gráfico y sociólogo, investiga fenómenos culturales de disrupción y rebelión. Diseñador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”-BUAP.

Sábado, Agosto 30, 2025

Pululan los textos que hablan del enfrentamiento, o que intentan plantear que Noroña y Alito son igual de impresentables. No es poca la gente que señala la prepotencia que puede proyectar Noroña. En especial los prepotentes, que detestan la competencia. Pero falta decir que este político es tan popular y querido por la gente porque ha sabido caracterizar un sentimiento de la nación, la nación de abajo, por supuesto.

Cada confrontación de Noroña contra el PRIAN nos ha sabido a gloria a nosotros, los golpeados, los subyugados, los silenciados por la fuerza y las mañas de esos partidos. Es como ver al Santo contra las Momias, aunque en este caso la momia es el viejo régimen y Alito y compañía, sus huevecillos.

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Hoy el PRIAN llora y suplica intervención extranjera porque ni las peores mañas le han servido para evitar su inminente desaparición.  No sorprende que prefieren que desaparezca el país antes que ellos. Claro que nos faltan héroes.

Son ciertas las graves incongruencias de MORENA, pero en ese sentido, sigue siendo niño de pecho comparado con el PRIAN. No es para justificar, pero los prianistas fieles a su tradición de usar cualquier cosa para desviar el foco de su añeja corrupción, ven en las incongruencias de MORENA un escondite más para sus fechorías.  No requerimos su pseudo crítica. Baste decir que la casa de Noroña cuesta lo que el baño de invitados de la casa de Alito. Pero de eso nadie dice nada.

Pero volvamos al ataque de Alito y su pandilla. Es cierto que el político de 65 años enfrentó a un golpeador -veinte años menor que él-; Alito y compañía, quien ha hecho carrera golpeando y por eso, por encararlo, por ignorarlo hasta acabar de entonar el Himno Nacional, por ver a Alito ir a lo que iba y mantenerse sereno, Noroña nos vuelve a caer bien, o más que bien, mejor que antes.

Alito, con su talante prepotente, empujó a Noroña y no lo tumbó (Padierna jala a Noroña del brazo en ese instante y como siempre uno no sabe si su ayuda, ayuda, o no). Alito rodea con golpeadores algunos treinta años más jóvenes que Noroña. Se quedaron con ganas de la foto donde él pudiese caer. La imagen al final es la de un enano, varios, liliputienses al fin, intentando alcanzar algo que les queda alto y lejos. Y Noroña en plena gresca, logró que su periodo como presidente del Senado no se manchara dando cátedra de dignidad, respuesta y mesura. No debe dejar de obviarse la golpiza al camarógrafo por parte de los priistas y su entereza de poner el cuerpo. No es Juan Escutia, pero me agrada.

A nivel simbólico, el camarógrafo representa al pueblo, Noroña a la 4T (no a MORENA) y Alito y sus secuaces ¿qué representan?, eso lo puede contestar cada quien. Basta ver con calma la escena y los panes que tienen para el pueblo.

La diferencia entre la derecha y la izquierda es que la primera espera que duermas para apuñalarte y decir que amaneciste muerto, eso lo venden como superioridad moral, pero es hipocresía. La izquierda hace público el pleito, el conflicto, no lo oculta. Por eso, Noroña nos sigue pareciendo defendible en un lugar lleno de gente cien veces peor que él.

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