La reciente decisión de la diputada morenista Grace Palomares de abrir las puertas del Congreso del Estado de Puebla al pintor Esteban Fuentes de María una vez más pone en evidencia la opacidad en los criterios que rigen la promoción cultural desde las instituciones públicas y plantea serias interrogantes sobre los valores que deberían guiar a los representantes populares en sus decisiones.
La banalización de la cultura como política cultural
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Puebla posee una riqueza cultural extraordinaria encarnada en artistas que por décadas han luchado por espacios de expresión sin los reflectores que otorga la cercanía al poder. Esta diversidad artística abarca desde las expresiones tradicionales indígenas hasta manifestaciones de arte contemporáneo emergentes, constituyendo un patrimonio cultural que debería ser cuidadosamente preservado y promovido mediante políticas públicas coherentes con los principios que dice enarbolar el partido oficial.
Sin embargo, la diputada Palomares parece empeñada en darle continuidad a prácticas cuestionables que han caracterizado a diversas administraciones anteriores: convertir la cultura en un mero ornamento del poder político, sin criterios estéticos ni éticos de selección. Este fenómeno de banalización reduce el valor profundo de las expresiones culturales a simples accesorios decorativos o instrumentos de legitimación política, despojándolas de su potencial transformador y su capacidad para generar reflexión crítica en la sociedad.
La diputada, al presentar orgullosamente al pintor en el recinto legislativo el pasado 6 de mayo con la frase "De Puebla para el mundo y del mundo para Puebla… pronto Esteban Fuentes de María" [1], demuestra una preocupante desconexión con la comunidad artística poblana. ¿Cuáles fueron los criterios curatoriales para esta selección? ¿Se consideró el portafolio de otros artistas locales con mayor trayectoria y con compromiso social? Lo evidente sugiere que no, y que el principal criterio parece no tener nada que ver con la calidad de la obra o su aportación al panorama cultural poblano.
De Moreno Valle a Morena
Resulta revelador que un personaje abiertamente vinculado al morenovallismo encuentre ahora cobijo en las instituciones controladas por el partido Morena. Esteban Fuentes, el autor de la pintura "La caída de dos aves azules", obra oportunista relacionada con el accidente del helicóptero en el que fallecieron Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, recibió apoyo institucional de estos gobiernos y estuvo vinculado a funcionarios culturales de sus administraciones.
Este caso ilustra perfectamente una constante en nuestra política cultural: no se trata de convicciones ideológicas ni de una genuina identificación con proyectos de izquierda o derecha, sino de un pragmatismo descarado que lleva a ciertos personajes a orbitar y parasitar alrededor de quien controle el poder y los recursos públicos. La bandera política es lo de menos; lo importante es asegurar un lugar privilegiado en el reparto del erario.
Lo verdaderamente alarmante es que, más allá del discurso de cambio y transformación, las prácticas concretas revelan una continuidad esencial con regímenes supuestamente antagónicos. Se mantiene intacta la esencia de un sistema donde las relaciones personales y la cercanía al poder determinan quién recibe los beneficios de la promoción cultural pública, mientras se miente descaradamente a quienes genuinamente creyeron en el cambio de paradigma.
Esta realidad resulta especialmente dolorosa para quienes esperaban que, por fin, la promoción cultural dejara de ser un instrumento de legitimación de las élites y se convirtiera en un verdadero motor de desarrollo social y comunitario.
El vasallaje político como moneda de cambio
La trayectoria de este artista en las instituciones públicas, primero con respaldo durante el periodo de Moreno Valle, luego en el consulado mexicano en Nueva York, y ahora en el Congreso del Estado durante la actual administración, evidencia una realidad incómoda: los actores culturales que prosperan en este sistema no son necesariamente los más talentosos o representativos, sino aquellos que saben acercarse estratégicamente a quien controla los recursos públicos en cada momento.
Este fenómeno trasciende las etiquetas partidistas y las aparentes diferencias ideológicas. Detrás del discurso de "cuarta transformación" y "nueva política", persisten las mismas prácticas clientelares que siempre han caracterizado la gestión cultural en México. Los personajes cambian, las banderas se renuevan, pero la esencia del problema permanece: un sistema donde el apoyo institucional se distribuye no en función del mérito artístico o el impacto social, sino de lealtades personales y conveniencias mutuas.
Las decisiones sobre qué manifestaciones artísticas reciben respaldo institucional tienen consecuencias importantes: definen qué discursos se amplifican, qué valores se promueven y cuál es el papel de la cultura en nuestra sociedad. Por ello, es especialmente preocupante constatar que, más allá de la retórica progresista, continúa la práctica de utilizar los bienes públicos como moneda de cambio en un juego de intereses particulares.
Fondos públicos al servicio del oportunismo cultural
El uso discrecional de recursos públicos para proyectos artísticos sin sustancia representa una forma de frivolidad institucional difícil de justificar. Mientras diversos sectores esenciales como educación y salud enfrentan carencias presupuestales, vemos cómo se destinan espacios y recursos públicos a figuras que han perfeccionado el arte de seguir la estela del poder, independientemente de las banderas partidistas o discursos ideológicos que este enarbole.
La exposición de Fuentes de María en el Congreso revela una dolorosa continuidad: tanto en el morenovallismo como en la actual administración, el criterio determinante no es la calidad artística sino la capacidad para establecer vínculos. Se trata de un engaño a quienes creyeron en un proyecto de izquierda que realmente pondría los recursos culturales al servicio de las mayorías, no de unos cuantos privilegiados que saben cómo navegar los cambios políticos sin perder sus prebendas.
La frase "De Puebla para el mundo y del mundo para Puebla… pronto Esteban Fuentes de María"[1] con que la diputada Palomares anunció la exposición, revela una grandilocuencia que intenta disfrazar lo que, en el fondo, es esencialmente igual a lo que tanto se criticó durante administraciones anteriores: el uso discrecional del poder público mientras se simula un compromiso con la cultura. Al final, tanto los que se decían de derecha ayer como los que se dicen de izquierda hoy caen en las mismas prácticas, y no les importa que esto sea evidente.
¿Cuántas iniciativas artísticas comunitarias, cuántos talentos emergentes, cuántos proyectos culturales con verdadero arraigo social podrían beneficiarse de los recursos y espacios que se destinan a figuras ya privilegiadas?
La incongruencia ética como sello distintivo
Es necesario señalar la contradicción entre las decisiones institucionales tomadas en materia cultural y ciertos compromisos públicos previos. Resulta difícil conciliar la promoción de iniciativas de bienestar animal con el respaldo institucional a una figura que ha enfrentado señalamientos relacionados con la posesión ilegal de especies protegidas.
En Puebla, estos señalamientos son de conocimiento público y han generado amplio debate en la comunidad local, particularmente después de que circularan en redes sociales imágenes que mostraban al artista con un mono araña, especie protegida por la normativa mexicana. Este caso alcanzó notoriedad suficiente para que grupos ambientalistas locales manifestaran su preocupación.
La organización "Cuenta Conmigo", a través de su representante Silvia Jiménez, ha planteado esta incongruencia al señalar que resulta contradictorio que "una persona acusada de maltrato animal, de tener como mascota una especie en peligro de extinción, sea promovida en un espacio público del Congreso". [3] El tráfico de especies, particularmente de primates como el mono araña, implica serias consecuencias ambientales y éticas que contradicen el discurso de protección a los seres sintientes.
El clasismo y cinismo normalizados
Las declaraciones del artista ante las críticas son tan reveladoras como alarmantes: "Quienes compran mi obra ni siquiera hablan español".[4] Esta frase no sólo evidencia un profundo desprecio por el público local, sino que delata una mentalidad colonial que devalúa a los mexicanos, perpetuando estereotipos de superioridad cultural y vasallaje que deberían estar erradicados de nuestro panorama artístico y no deberían tener cabida dentro de instituciones que deberían representar el sentir de la sociedad y sus aspiraciones.
Su respuesta a las acusaciones de tráfico de especies resulta igualmente preocupante: "Si yo traficara animales, no estaría aquí pintando murales, estaría en el penal... Si vendiera changos, lo haría por Instagram o WhatsApp".[4] Con estas palabras, Fuentes de María parece trivializar un delito grave contra la biodiversidad, exhibiendo una confianza que llama la atención.
Cabe señalar que, en el contexto mexicano, donde menos del 5% de los delitos llegan a sentencia firme, la ausencia de condena judicial no necesariamente equivale a una garantía de inocencia. El argumento de "si fuera culpable estaría en la cárcel" resulta particularmente cuestionable en un sistema donde la impunidad y el tráfico de influencias son problemas estructurales reconocidos por organismos nacionales e internacionales.
Este tipo de expresiones, lejos de ser anecdóticas, representan un patrón discursivo que se ha normalizado en ciertos círculos que se mueven entre el poder político y cultural, donde la confianza en la autopercepción de estatus parece servir como escudo frente al escrutinio público.
Patrones institucionales
El respaldo a Fuentes de María no constituye un caso aislado. Anteriormente, desde el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) también se promocionó y realizó una exposición del mismo Esteban Fuentes, decisión que generó la legítima molestia de la comunidad artística de Puebla. Este patrón de decisiones institucionales merece atención, pues revela una tendencia preocupante en la gestión cultural local: la supeditación de las instituciones ante ciertas figuras más allá de criterios artísticos, estéticos y éticos.
La diputada Palomares, al impulsar esta exposición, no hace sino continuar una práctica ya establecida por otros funcionarios anteriores, quienes desde distintas posiciones han favorecido sistemáticamente a los mismos actores culturales sin considerar la diversidad y riqueza del panorama artístico poblano. Esta continuidad en las prácticas demuestra cómo, a pesar del cambio en los discursos y en las personas, persisten los mismos mecanismos de selección arbitraria y favoritismo.
Estas decisiones debilitan no sólo la credibilidad de las instituciones, sino que dañan seriamente a la comunidad artística poblana, cerrando oportunidades a talentos emergentes y consolidando una visión elitista del arte que contradice los principios de inclusión y apertura que deberían caracterizar a la gestión pública.
Realidad sin máscaras
La ciudadanía poblana merece una política cultural coherente con los valores de transparencia, equidad y mérito artístico que deberían regir a las instituciones. La triste realidad es que, tras el cambio de administración, muchos esperaban un verdadero giro en las prácticas culturales que pusiera fin al amiguismo y al clientelismo que caracterizaron a épocas anteriores. Sin embargo, casos como el que nos ocupa demuestran que, detrás de la retórica del cambio, persisten las mismas dinámicas de siempre.
El arte y la cultura son demasiado importantes para el desarrollo social como para permitir que continúen siendo instrumentos de un sistema que, independientemente del color partidista que adopte, sigue beneficiando a los mismos actores y oportunistas de siempre.
Referencias
[1] Ambas Manos. (2025, mayo 7). Ahora diputada apoya a Fuentes de María para exhibir obra en el Congreso de Puebla. Ambas manos.
[2] Lozada, L. (2025, mayo 7). Grace Palomares impulsa exposición de artista con historial de tráfico de animales y nexos con el morenovallismo. El Ciudadano
[3] Lozada, L. (2025, mayo 9). Animalistas cuestionan respaldo de Grace Palomares a pintor acusado de tráfico de fauna silvestre. El Ciudadano.
[4] Desde la Silla. (2025). Un artista morenovallista que quiere exhibir su obra a cargo del Congreso local. Desde la Silla.