El unipersonal transperformático experimental con transtextualidades documentales Made in China 2.0 performado por su creador Wang Chong convocó la presencia atenta de un gran número de miembros de la comunidad de artes escénicas del estado. Presentación gestada por la asociación civil TETIEM en mancuerna con el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) se llevó a cabo el jueves 13 de febrero en el Teatro de la Ciudad.
En la narrativa de este antihéroe que oscila entre: el teatro documento, el biodrama, la expresión corporal, la multimedia, el teatro del oprimido y el testimonial escénico, hasta conseguir una amalgama transperformática que referencia y apela a la urgente transformación de paradigmas político-sociales, estéticos, discursivos y esencialmente éticos.
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Entre las citas intertextuales de esta obra china está la ultra socorrida dramaturgia de Heiner Müller, Hamlet machine, escrita en 1977 y estrenada en 1979, diez años antes de la caída del muro de Berlín, acontecimiento que marcaría las metamorfosis diegéticas mundiales impactando exponencialmente en múltiples campos del saber.
Este cambio de era y de bienvenida a las deconstrucciones postmodernistas en múltiples casos dio pie al caldo de cultivo para los artistas quienes optan por estructuraciones fragmentarias hasta generarse una eclosión fractal de apropiaciones y variaciones de obras: sonoras, visuales, plásticas, coreográficas, literarias, mediáticas y hoy, transmediáticas o generadas mediante recursos facilitadores digitales como la inteligencia artificial.
Temas delicados y harto conocidos como la identidad, el miedo, la intolerancia, la censura, la vigilancia, la represión, la familia, el patriotismo, el adoctrinamiento, y la inequidad; constituyen parte del contenido de Made in China 2.0, título que revela la ironía corrosiva al abordar genuinamente las vicisitudes de una población que no obstante el control de los medios de comunicación e información masiva y las redes sociales cooptadas, cada vez hay más sujetos que se emancipan de los absurdos semblantes de un pseudo comunismo.
La espectacularidad panóptica y la constante sensación de ser vigilados y por ende a la espera del castigo inminente, conduce al protagonista a involucrar a los espectadores como parte de la simulación en un sistema corrupto y patéticamente legitimado por la masa voluntariamente sumida en el desencanto de lo político glocal.
En esta dialéctica, el performer nos coloca en calidad de presuntos soplones que podemos denunciar o hacer viral a quien se atreve a llamar a algunas cosas por su nombre, a contra pelo de la línea discursiva impuesta por los gobernantes y acatada ciegamente por los gobernados en turno.
Wang Chong, director artístico del Théâtre du Rêve Expérimental ubicado en Pekín, da muestra contundente cuando un performer tiene claro el lenguaje, analizado el eje temático transversal y depurada la interactividad con el público. Con una economía aparente de recursos nos puede revelar verdades que transciendan la anécdota local para hablar de crisis humanas universales.
Y, si bien el tono oscila entre guiños fársicos, costumbrismo melodramático y algunos momentos excelentemente logrados de pieza; de pronto, el texto y la enunciación de Wang nos colocan en un ambiente de conferencia, como aquella dramaturgia y caballito de batalla de tantos actores.
Sobre el daño que hace el tabaco de Anton Chéjov, aquí parafrasearíamos: Sobre el daño que hace el extremismo…
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