En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer 2026, mujeres poblanas comprometidas impulsaron el nombramiento del Salón de Protocolo de la Antigua Sede del Poder Legislativo de Puebla, que hoy se llama como nuestra poblana universal, Elena Garro.
La iniciativa gestada por las diputadas Laura Guadalupe Vargas y Norma Estela Pimentel fue bien recibida por los integrantes del Congreso del Estado de Puebla. Aprobada esta propuesta por unanimidad se oficializó el reconocimiento histórico con la develación de la placa a cargo del gobernador Alejandro Armenta Mier.
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En el acto también estuvieron presentes: Samuel Aguilar, secretario de Gobernación del Estado; el diputado Pável Gaspar, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado; el diputado Elías Lozada, presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado; Fritz Glockner, secretario de Arte y Cultura del Estado y Daniela Mier, titular de la Unidad para la Igualdad de Género del Congreso del Estado. Además de destacados personajes de la política, el arte, la academia y la cultura de Puebla.
De la mano de Rocío García Olmedo, Lupita Vargas y Norma Estela Pimentel; la colectiva Elenistas, honramos a la autora de una de las novelas más importantes de Hispanoamérica, Los recuerdos del porvenir publicada en 1963, donde Elena nos lega esta frase infinita: “Yo solo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”.
En este año conmemorativo del 110 aniversario del natalicio de una de las escritoras fundamentales de la literatura, Puebla honra a Elena Garro con este merecido reconocimiento in memoriam. Motivo por el que Diana Hernández Juárez compartió una conferencia sobre la vida y obra de nuestra amada poblana universal. Haciendo explícita la relevancia de estudiar y divulgar la obra garriana.
Posteriormente, Jon Dixit y quien aquí usted lee, efectuamos una lectura dramatizada de una innegable obra con registro de género, El rastro (1957). De este modo, la resonancia de uno de nuestros pilares del arte literario, teatral, coreográfico, cinematográfico y del campo periodístico, como lo fue Elena Garro; hoy escribe su nombre en el salón cuya biblioteca renueva su acervo con libros con enfoque inclusivo y sororo.
El espíritu de nuestro tiempo encuentra una oportunidad para la equidad de género con la inscripción del nombre de Elena Garro en el bellísimo recinto del Antiguo Congreso del Estado, ubicado en la 5 poniente 128; a una calle de donde habitó nuestra dramaturga. Ahí en la esquina de la 7 poniente y la 5 sur en el centro de Puebla de los Ángeles.
Siendo el nombre propio ‘inalienable, imprescriptible e innegociable’, quedó escrito el nombre de Elena Garro en el espacio que alberga el acervo feminista, transcribiéndose con la caligrafía del acto la trascendencia de su obra para la memoria histórica. Sí porque “el nombre propio contiene y se vale de su propio campo de sentido”. Entonces quizá, la razón del propio nombre “sólo puede tener lugar en lo real” (Ruiz, 2018). En este caso, en el Salón de Protocolo.
Y aun cuando se juegue un tipo de indeterminación en el nombre propio, su acontecer da pie al advenir de la verdad de la nombrada, nuestra Elena. También el nombre propio es escritura. “Habrá que escribir el nombre propio… El nombre como marca abierta a la lectura” (Ruiz, 2018) y al tiempo.
A su vez, el nombre propio puede convertirse en ‘sutura del agujero’. Luego, suturar la herida del olvido y el soslayo con un espacio nombrado Elena Garro, le hace justicia a nuestra autora y a tantas mujeres menoscabadas durante siglos.
Referencia
Ruiz, E. (2018). Zeitgeist, Ética, Topología y Nombre Propio. Artes: Inter y Transdisciplinariedad. No. 3, pp. 23-38.