“La ley extremadamente injusta,
No es derecho.”
Gustavo Radbruch (1878-1949)
Si debemos de buscar un culpable de este desastre jurídico nacional que se está viviendo desde el final de la administración pública federal y el inicio de la nueva gestión no es nada más y nada menos que, la pobre cultura jurídica que arrastra este país desde hace años, pues no se enseña derecho a nadie, pareciera que ni en las escuelas y facultades de derecho; pero en principio porque desaparecieron en la década de los noventa la materia de civismo en la educación secundaria.
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En los tiempos previos a los noventa del siglo XX, había con esa materia de civismo, ciertos cánones o reglas de comportamiento que se instruía a los alumnos que se encontraban en formación, muy útil para la convivencia social. Por su parte, en la actualidad, en la gran mayoría de las escuelas y facultades de derecho, ha desparecido la materia de filosofía del derecho, que la han cambiado por otras materias, como “marcas y patentes”, que es “más productiva” que andar preguntándose ¿qué es el derecho o para qué sirve?, y en otras instituciones que no han dado el paso de desaparecer esta materia es pésimamente impartida con profesores improvisados, en tanto que, las autoridades de Educación Pública están tan alejadas de la educación, que les interesa más la estadística y los reportes, que resolver el problema de fondo.
El resultado de ese desastre educativo es lo que estamos viviendo actualmente con la crisis jurídica que se esta acabando a pedazos al país; que es algo más grave que una crisis económica, porque en ella hay devaluaciones, inflación, aumento de precios de los productos, desempleo, etc., y se puede contener con ciertas reglas de mercado, pero de una crisis jurídica, ¿con qué podemos salir adelante?
Y es que, ante una crisis de este tipo en los países del mundo occidental, lo que ha sucedido en los últimos tiempos, es que se ha implementado una serie de teorías jurídicas para evitar que se registren estas crisis como la que estamos viviendo; desde luego que esta situación ya la han padecido muchos países pero hace noventa años, no en la actualidad, por lo menos en los países del llamado primer mundo, quienes han resuelto generando teorías jurídicas que sacan adelante a esas naciones, pero sobre todo evitan que se vuelva a presentar esa serie de disparates jurídicos.
Sin embargo, en México de nada sirven esas teorías que están en los libros, si es que esos libros nadie los lee; que están en muchos profesores leídos e instruidos, a quienes se les encierra en congresos y convenciones para que no se oiga su voz más allá de las paredes de esos espacios, o bien, se invita a esos eventos “académicos” solamente a quienes son acordes con el sistema, o que se han moldeado a él con el simple objetivo de rescatar un sueldito.
Los cambios constitucionales intempestivos sin debate alguno, el legislador omnipotente, es decir, que no tiene límites y que legisla lo que le plazca ese día; la contravención a la división de poderes, al principio de legalidad, al ahora denominado principio de proporcionalidad, esa colección de errores jurídicos no es otra cosa que la pobre cultura jurídica que se vive en esta nación. Lo peor de todo es el debate que se ve en los medios por las partes involucradas, que es lo más preocupante porque no se escucha que se tenga un horizonte en donde pudiéramos sostener que se va a salir delante de esta crisis, al contrario, se puede agravar más con una guerra civil.
En la parte oficial se hacen cambios y más cambios legales y constitucionales, sosteniéndose en el débil argumento de la democracia, que como fueron elegidos por mayoría, pues entonces pueden hacer lo que les plazca con el derecho, como si no estuvieran enterados de lo que sucedió hace noventa años en Europa, particularmente en Alemania que en 1932, donde el partido sin mucha representación en la población, ganó las elecciones por el voto desesperado de la ciudadanía y resulta que, provocó hasta la Segunda Guerra Mundial y la muerte de seis millones de judíos. De allí salió el grito de guerra denominado “Nunca más”, es decir, las teorías jurídicas que sobresalieron son las que establecieron que no puede haber nunca más legisladores omnipotentes, que estos están limitados por los derechos humanos.
Hoy a decir del profesor italiano Luigi Ferrajoli “la esfera de lo no-decidible” por parte de las democracias no pueden reducir o desaparecer derechos fundamentales, es algo no escrito en la ley, es “derecho defectuoso” como lo sostuvo alguna vez el profesor alemán Gustavo Radbruch. Defender la postura del legislador omnipotente es el argumento más pobre en el campo del derecho que pudiera verse, como si se pasara de largo las teorías latinoamericanas comandadas por el tratadista Carlos Santiago Nino, o bien, desconociendo las sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, particularmente el caso Gelman vs. Uruguay.
Pero, del otro lado, del lado en donde debería haber más sustento y conocimiento jurídico, resulta que los argumentos son aún más débiles lastimosamente, cuando se supone que nuestra nación ha invertido millones de pesos en la preparación, capacitación y becas de estudio al personal del Poder Judicial, y estos argumentos que se observan en los medios de comunicación, son que el país va en camino de Venezuela o de Cuba, sin defenderse por medio de razones, argumentos y teorías jurídicas que hay muchas a su favor, pero que no las han leído ni mucho menos puesto en marcha.
Que ocasionalmente fueron puestas en uso cuando estos dictaban sentencias, pues optaban generalmente por sustentarse en que “la ley es la ley”, resolvían miles de casos aplicando la ley “a raja-tabla” sin importar las consecuencias de esa sentencia al justiciable, al ciudadano de a pie. Por ello es que, no se aplica lo que no se sabe, o bien, lo que políticamente no es correcto aplicar y ahora pues ya se olvidó.
Además, como buenos especialistas del derecho se apartan del entorno, de la realidad social, y por ello no visualizan que estos cambios son más por razones económicas que jurídicas, en principio porque el Poder Judicial Federal e incluso, los estatales son el último reducto con capacidad económica en un país que está afrontando a la par de esta crisis jurídica, un problema sumamente grave económicamente y es que se encuentran las arcas de la nación quebradas, pero que la presión internacional obliga a repartir a diestra y siniestra a los ciudadanos algo que se llama “pensiones”, sean chicos o grandes, porque esa es la presión que proviene de un cambio generacional en el capitalismo mundial, que es pasar del capitalismo productivo al capitalismo financiero, meramente especulativo.
En el capitalismo productivo se gobernaba promoviendo e impulsando el empleo, ahora se gobierna promoviendo a los consumidores, asumiendo que se sale de la pobreza no generando empleos, sino generando pensiones, es decir, consumidores, que es el propósito primario de este gobierno, que apela a cumplir con su tarea internacional de trasladarnos a esa segunda fase del capitalismo, que lo han denunciado así autores, tratadistas y escritores como Bauman, Hararari, Chomsky, Pigem, Zuboff, Ferrajoli, o bien, Mujica, Dussel y Galeano en América Latina, sin embargo, como no leemos, pues estamos inmersos en esta crisis jurídica, cuyo problema es hasta donde va topar y las consecuencias de todo este desastre nacional.
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