Por mi actividad empresarial tengo constantes viajes a los Estados Unidos y es evidente que los masones norteamericanos no son castigados socialmente con hacerlos amigos del maligno; al contrario, las ciudades más emblemáticas tienen en su trazado y en sus edificios elementos y símbolos masónicos, inclusive el billete de un dólar tiene impresos componentes de esa centenaria institución.
Pero hay algunos países como México en donde a los masones se les sataniza. Brevemente reseñaré por qué la Iglesia Católica en nuestro país es tan radical y agresiva con los miembros de las logias.
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En el año de 1888 es publicado en Italia y traducido a todos los idiomas del antiguo continente, un libro antimasónico del autor Leo Taxil con el seudónimo de Pablo Rosen denominado Satán y Cía, Asociación Universal para la Destrucción del Orden Social, era el subtítulo de este famoso libro antimasónico realizado en plena fiebre contra la masonería. Rosen, falsificando documentos y testimonios, construye una historia secreta de la masonería asimilándola a cultos diabólicos y calificándola como la peor y más mortífera de las asociaciones clandestinas.
En grandes letras, en sus primeras páginas, puede leerse: “El único Dios es Satán”, asegurando haberse tomado la frase de panfletos masónicos. Al estilo de otras obras de la época, lo publicado se presenta como absolutamente verídico y a modo de revelaciones.
Como un hecho de una muy rara coincidente el 20 de abril de aquel mismo año, el papa León XIII publicó la encíclica Humanum genus, en la que afirmaba lo siguiente: «El género humano quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno ―el reino de Dios en la Tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo― combate sin descanso por la verdad y la virtud y el otro campo es el reino de Satanás [...] bajo la guía y con el auxilio de la masonería».
En una conferencia ante la Sociedad Geográfica de París el 19 de abril de 1897, Leo Taxil acabó con su “broma” y declaró en la Sociedad de Estadística e Historia de París, Francia, que sus revelaciones sobre los masones eran falsas y agradeció a la Iglesia Católica su contribución al éxito de la farsa al darle propaganda y fondos para sus publicaciones. Señaló que ese documento fue por encargo en razón de la enorme popularidad de esa orden secreta en esos momentos en Europa y que a muchos jóvenes católicos les resultaba atractivo ingresar a la masonería y eso resultaba ser peligroso para la Iglesia Católica sobre todo para sus dogmas. El escándalo fue tan grande que el acto acabó entre gritos y conatos de agresión, solamente evitados por la intervención de la policía. Si este hecho ocurrió hace 127 años, por qué en algunos países la masonería sigue siendo perseguida por el clero. Y porque la iglesia que tiene su sede en Roma no hace un pronunciamiento de lo acontecido hace tantos años.
Quizás ocurra un hecho posterior como el que conocimos el 25 de octubre de 2007, donde los responsables del Archivo Vaticano publicaron el documento Processus contra Templarios, que recopila el Pergamino de Chinon, que es uno de los textos presentado por la Santa Sede, y que corrige la leyenda negra sobre la Orden y muestra que todas las acusaciones fueron injurias de Felipe IV en beneficio propio.
Este hecho de exculpación de la Santa Sede a la Orden del Templo precisamente el año en que se conmemoraba el 700 aniversario del inicio de la persecución contra la Orden de los Templarios, en donde sus miembros fueron quemados en la hoguera. Y de ser así tendrán que pasar muchos años para que el Vaticano reconozca que los masones no son del diablo.