Conocí a Miguel Ángel Morales Morales durante su campaña hacia la presidencia municipal de Zihuateutla. Joven, preparado, dinámico, con buen discurso, pero sobre todo había una característica que se destacaba en él: su sencillez y su buen trato, además de tener la fama de ser un hombre serio y que cumplía sus compromisos.
Fue en la sede del Partido Movimiento Ciudadano en Puebla capital, donde, al lado de Dante Delgado, dio un discurso de muy buena manufactura. Tiempo después lo volví a encontrar –ya siendo alcalde- en el restaurante del exalcalde Gabriel Alvarado Lorenzo en Huauchinango pactando con él quiñen sabe que componendas.
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Ya después en su propio municipio, fueron varias las veces que nos invitó a cubrir sus eventos. Siempre se le veía activo, cuidando hasta los mínimos detalles de los eventos. Sus informes de gobierno eran cosa aparte. Se notaba una coordinación de logística sorprendente para un municipio pequeño como lo es Zihuateutla. El área de Comunicación Social –una vez se lo dije y lo sostengo ahora- era una de las más eficientes de la región. Era también sorprendente ver como un municipio pequeño superaba a otros de mayor tamaño y población en generación de información. No había día en que no fluyera información con la efigie del alcalde.
Con esas cartas credenciales no fue difícil que Miguel Ángel Morales, Micky le dicen los amigos (tiene otro apodo, pero da pena decirlo) obtuviera la reelección. Y entonces fue cuando hubo un súbito cambio. El Miguel Ángel de antes, nacido en Tenanguito, una pequeña comunidad del pequeño municipio de Zihuateutla, comenzó a mostrar una soberbia que no le conocían ni en su familia. Ya antes el alcohol, que es uno de sus mayores aficiones –tiene otras, pero también da pena decirlos- le había pasado factura, cuando aseguran que completamente alcoholizado en compañía de su pareja, tuvo un accidente de tránsito que casi le cuesta la vida y que le dejó una cicatriz a medio rostro. Entonces juró y perjuró que cambiaría, pero con el paso del tiempo volvió a ser el mismo. Es decir, el mismo de su segunda faceta: soberbio y pedante. Muchos comenzaron a criticar eso. ¿Qué había pasado con el Micky de antaño?
Poco a poco comenzó a abandonar las comunidades y a centrarse en algo que descubrió es mucho más lucrativo: hacer pingues negocios al amparo del poder público. Construyó casas, compró terrenos, adquirió camionetotas, estrenó nuevas parejas cada vez más extravagantes y comenzó a usar ropa de marca. La vestimenta que antes compraba en los tianguis le parecía ahora despreciable. ¿Perfumes? De los más caros, dicen que ordenaba en las tiendas más sofisticadas con su voz meliflua, acompañado por sus nuevos amigos ricos, incluyendo miembros de la milicia.
Mientras tanto su municipio se debatía en su realidad, pero que Miguel Ángel prometió llegar a combatir: la marginación y la pobreza extrema. Todo ello mientras seguía dando rienda suelta a su alcoholismo, ahora no importando hacerlo en sitios públicos. No fueron pocas las veces que se le llegó a ver en situaciones incomodas, siendo prácticamente cargado por sus subordinados, quienes casi lo regañaban. La más reciente ocasión fue en el aniversario luctuoso de don Venustiano Carranza en Tlaxcalantongo, acompañado de otros alcaldes y funcionarios, de los cuales más tarde daremos detalle, en donde rodeado de guaruras, pagaba alegremente cartones y cartones de cerveza, botellas de whisky y más horas de música de una banda que amenizaba ahí. Cualquiera que hubiera visto esta pachanga, hubiera pensado que era una reunión de malechores, más que de servidores públicos.
Con estos antecedentes no fue para nadie una sorpresa, cuando un reportero afirmó haber visitado siete comunidades del sufrido municipio de Zihuateutla, Puebla y haber encontrado solo quejas de parte de la población, mucha de ella indígena. Obras fantasmas, corrupción, abandono de las comunidades. Y lo hizo en “La Mañanera” de este miércoles 14 de noviembre de 2023, la máxima tribuna televisiva del país, conducida ni más ni menos que por el Presidente de la Republica, Andrés Manuel López Obrador.