En una columna política aparecida el lunes en el periódico El Universal de la ciudad de México, se afirma que la candidatura de Morena a gobernador en Puebla recaerá en una mujer, y ofrece un par de nombres, los cuales, y por decir lo menos, desde ya son motivo de sospecha. Ellas son: Claudia Rivera y Olivia Salomón. Las cuotas de género a costa del bienestar de la población. La incompetencia de la primera es proverbial y pública; de la segunda se ignora su perfil político, salvo que es la titular de la Secretaría de Economía en la entidad, cuyo desempeño se encuentra dentro de la media del gabinete.
¿De dónde saca tal cosa el comentarista? Tiene como fundamento las decisiones de última hora tomada por quien fuera Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, de renunciar al cargo para incorporarse al equipo de la señora Claudia Sheinbaum. Ahora a la cabeza de la coordinación del proyecto de Transformación Nacional del partido Morena, y segura candidata presidencial por ese partido político.
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Se trata de una decisión de muy altos vuelos que sólo se pudo haber tomado con la aquiescencia de quien ahora porta el bastón de mando en el oficialismo. No fue, con seguridad, un acuerdo en solitario. La finalidad de ambos se antoja evidente. Asegurar la candidatura al puesto de Jefe de Gobierno en la capital del país, con uno de dentro de la casa. Pero hay algo más que la camaradería de partido y grupo político: por el puesto del que proviene, el señor García Harfuch sería quien mejor conoce la ciudad, y no por sus formalidades externas, sino por los impenetrables recovecos de sus cañerías.
Digamos que más que política, el de la señora Sheinbaum es una decisión técnica. Uno de los cuadros mejor valorados en materia de seguridad pública para la ciudad más complicada del país, y tal vez del mundo. Además, hasta ahora es el aspirante capitalino más competitivo de todos los que han levantado el brazo; la métrica incluye a los de la oposición que rondan el cargo.
Los que especulan afirman que se trata incluso de una decisión contraria a la voluntad del propio presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien primero habría manifestado su interés en la señora Clara Brugada; ahora con licencia en la alcaldía de Iztapalapa, para moverse en libertad, toda vez que se sabía con la complacencia de quien manda, o mandaba hasta el miércoles anterior. En segundo lugar, en el ánimo del presidente estaría pesando supuestos acuerdos con Ricardo Monreal alrededor del mismo cargo, a cambio de mantenerse en Morena, y evitar un nuevo camachazo, como se dice ahora, en referencia a las amenazas de separación de Marcelo Ebrard.
Lances de altos vuelos, con sus eventuales consecuentes. Políticamente, el señor García Harfuch tiene un flanco vulnerable. Peligrosamente vulnerable tratándose de un partido que se proclama de izquierda, y la izquierda es justicia o no es. Una hipótesis poderosa encuentra en el señor García Harfuch conexiones con la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Por aquellas fechas era el Comisariado de la Gendarmería en Guerrero, aunque él lo niega. Documentos internos del Ejército, publicados por el periódico El País, lo ubican presente en dos reuniones, los días 7 y 8 de octubre de 2014, entre autoridades federales y estatales, en las que se trató sobre la desaparición de los jóvenes. Él afirma que para entonces ya se encontraba en Michoacán.
De ser como es, todo indica que la señora Sheinbaum ya tomó el control no de los llamados comités de defensa, que nadie conoce, sino del partido; y más que del partido, de los puestos de elección popular que estarán en disputa el año entrante, entre ellos el de presidente de la República, nueve gubernaturas, entre ellas la de Puebla, el Senado y 500 diputados federales, entre votados en las urnas y elegidos a dedo por la vía plurinominal. Tal vez también pasen por sus manos las alcaldías y presidencias municipales de relativa importancia, como la de la ciudad de Puebla.
Inevitable no mencionar que estamos ante una de las prácticas más perversas del viejo presidencialismo mexicano, contra la que luchó la mayoría de los que ahora están en posiciones de gobierno. Un fenómeno redivivo, extraño, y regresivo, en el contexto de la breve democracia mexicana de los últimos tres sexenios. El arribo de la izquierda a la máxima magistratura no fue para actuar en consonancia, como prometió hacer. Esperemos que, de ganar, ahora sí se actúe en consecuencia, y se destierre una de las prácticas más ominosas para la convivencia en concordia.
Sobre qué es Claudia Sheinbaum no se sabe nada. Es un enigma, cómo ha sido definida por especialistas. Su conexión y dependencia orgánica del presidente López Obrador, ha impedido penetrar en la vena de su personalidad. Hasta ahora se ha constreñido a obedecer el guion trazado, para llegar a donde está, sin esa conducta no habría remontado. La noche del miércoles pasado, cuando se conocieron los resultados de las encuestas que la catapultaron por encima de sus correligionarios, se esperaba que diera un discurso contundente de país, con definiciones categóricas de futuro, que reflejará su verdadero genio político, y no la trasmutación en su persona de las compulsiones del presidente de sobrevivir más allá de su horizonte legal, como se rumora afuera. Pero nada de eso. Se limitó a lo ordinario.
Pero volvamos al punto de inicio. Si su determinación sobre García Harfuch es una decisión soberanamente suya, es de pensar que actúa con base a criterios técnicos y también políticos. Una característica de los científicos, y ella es científica ortodoxa, con experiencia en la academia, ignoro si en el laboratorio, como se lee en los pocos y parcos perfiles que circulan. Cuando digo que es una decisión técnica la de Harfuch, estoy diciendo que, al día de hoy, es el policía con mejor desempeño que se conoce; cuando digo que es una decisión política, me refiero a los estudios demoscópicos en los que sale arriba de todos sus contrincantes, de Morena y oposición. Luego entonces se antoja una decisión inmejorable. Más que en ganar, estaría pensando en su buen desempeño en una de los temas más sentidos de la población: la seguridad.
Luego entonces me parece una verdadera tomadura de pelo la idea de que la propia Sheinbaum, la técnica, la científica, la que mide con escuadras hasta la política, estaría en la ruta de favorecer a la expresidenta municipal, o a la actual Secretaría de Economía (hasta el 15 de septiembre) con la candidatura a gobernador. Pues ninguna de las dos es medianamente conocida, para no decir competitivas frente a una oposición local diezmada; pero, ¡cuidado!, recuperada recientemente con la repentina irrupción de la Gálvez, jugando de su lado. Un buche de agua fresca para quienes reclaman que los gobiernos de Morena, en la capital, y en el Estado con el finado Barbosa, quedaron a deberlo todo, pues las expectativas en sus elecciones fueron muy grandes.
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En efecto, es el tiempo de las mujeres, no sólo son mujeres las que encabezan las aspiraciones por la candidatura presidencial, en el oficialismo y la oposición, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez; están en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), en el Instituto Nacional Electoral (INE), en Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI), en varias gubernaturas, aunque en este caso se debe en mucho a las cuotas de género, a las que están obligados los partidos políticos. Como dicen por ahí, estamos en el umbral de la tiranía de las mujeres.
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Prometo contarles la historia del bastón de mando que utilizó Agustín de Iturbide, Agustín I, primer emperador mexicano, y las peripecias que siguió antes de entrar en las salas del Museo Nacional, a finales del 1800, para su exhibición al público. La viuda de su último dueño, un general, en un momento de urgencia, lo llevó al Monte de Piedad, de donde fue recuperado por regidores de la ciudad de México, cuando conocieron de su existencia. Pagaron 47 pesos. Un grupo de buenos ciudadanos contribuyeron cada uno, con un peso, para saldar el costo del empeño.