Se acerca septiembre, el Mes de la Patria y con ello, la víspera del segundo año de las actuales administraciones municipales en Puebla. En la Sierra, no son pocos los alcaldes que trabajan a marchas forzadas para tratar de posicionarse y participar por alcanzar la ansiada reelección. Eso en sí no es malo, pues antes de que se modificara la ley para la reelección, no eran pocos los ediles que en el último año se tiraban a la hamaca, sabedores de que el año de Hidalgo había llegado. Hoy parece ser todo lo contrario pues se busca una obra emblemática que deje huella y ello impulse a su hacedor para que pueda ser competitivo en la carrera que empezará en breve rumbo al 24.
En Huauchinango, se dice que la obra de la rehabilitación o reconstrucción del Mercado Municipal, busca ser esa obra insigne que le dé a Rogelio López Angulo el impulso para esta reelección. Puede ser. Y es probable que eso ayude para obtener la reelección, pero dicha obra no sería algo inútil para el pueblo, sino al contrario.
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Sin embargo, fiel a la apatía del ser humano, los catastrofistas comienzan a salir hasta por debajo de las piedras. En los últimos días, no son pocas las voces que he escuchado en el sentido de que dicha obra podría ser un fracaso. “Ya hay problemas con los comerciantes del mercado. No se van a querer salir”, señalan unos. “Los comerciantes de alrededor del Mercado, no van a permitir la obra”, dicen otros. “Y cuánto se va a llevar de mochada el presidente municipal”, exclaman otros. “No le va a dar tiempo”, apunta la mayoría, convertidos ahora en expertos en obra pública. Otros cuestionan el costo, señalando que es muy elevado. No hay ni siquiera un parámetro para comparar, pero 130 millones suena mucho.
Tal pareciera que, si un presidente quiere hacer una obra grande, la consigna es que no se haga. Paradójicamente si no se hace ninguna obra magna, como ha sucedido con otros alcaldes, la consigna popular es: “No hizo nada”.
No obstante, esto no es nuevo. Es tan viejo como el género humano. La resistencia ante los cambios es algo natural. Se da en el plano personal y se da en el plano colectivo. En lo colectivo, se dio en Huauchinango cuando la Feria de las Flores se trasladó del centro de la ciudad a la zona de “El Potro, donde hoy se realiza y se ve con tanta naturalidad como si ahí hubiese nacido. En lo colectivo también se dio cuando se trasladó el tianguis sabatino del centro, al Mercado 5 de Mayo. “No van a vender”, decían los catastrofistas. Hoy cualquier comerciante se pelea por establecerse ahí. Y hasta cuando Bodega Aurrera llegó al pueblo. “Se va a acabar el comercio local”, decían los catastrofistas con una seguridad que hasta hacía dudar. Nada de eso ha sucedido.
Hoy, que a este viejo mercado se pretende reconstruirlo con una segunda planta, los catastrofistas del pueblo han vuelto a afilar sus armas. Y a diario manotean y despotrican. Dichos especímenes, que son una pequeña (por fortuna) plaga, suelen salir en temporadas de cambios. Después, hibernan guardando fuerzas para cuando una nueva obra se empieza a construir en el pueblo. Y si por sus dichos, el edil se amilana y cancela las obras, salen a decir que el alcalde en turno: “No hizo nada”.
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El cuartillo
Vaya desde este espacio mi felicitación al profesor Miguel Ángel Andrade Rivera por su empeño en la compilación y publicación de la antología “El Cuartillo” de Narradores de la Sierra Norte. Participan 30 escritores y un servidor. 31 en total. Todos serranos. Algunos con vasta experiencia, otros no, pero todos entusiastas. La felicitación debe ampliarse a todos.
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Nos devolvieron nuestra escuela
¿Se acuerda de nuestra pasada entrega titulada “Nos quitaron nuestra escuela?
Pues la buena noticia es que se las devolvieron. Ante la presión ejercida por los padres de familia, presión a la que contribuyó e-consulta, el pasado martes un empleado del área jurídica de la SEP, Ulises Puerto Lara, llegó hasta la escuela Fray Pedro de Gante y les anunció que podrían seguir estudiando los alumnos en dicha escuela, con la misma plantilla de maestros. Los gritos de júbilo no se hicieron esperar entre los padres de familia. En medio de la algarabía, al funcionario capitalino todavía se le ocurrió decir que se le debía agradecer la decisión a Pedro Mendoza Peña, supervisor de Escuelas Estatales y Federales en Puebla. Es decir, el mismo que tuvo la ideota de cerrar la escuela y que por las presiones tuvo que recular. Los padres de familia, metidos en el regocijo de la buena noticia ni siquiera le hicieron caso. De haberlo notado, le hubieran mentado con gusto la madre.