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OPINIÓN

Postales de la ciencia en la universidad española

Una mirada a la ciencia en España ilustra su estancamiento en México

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Sábado, Abril 29, 2023

Estas semanas tuve la oportunidad de visitar varios grupos de Física de varias instituciones españolas.  Las universidades que visité son de tamaño variado, primero estuve en la Universidad de Granada, de tamaño medio, luego en la Complutense de Madrid, que es una de las más grandes de España, y finalmente concluí mi periplo en la Universidad de Valencia, que alberga uno de los centros de investigación más grandes de Europa, el famoso IFIC.

Desde mis años de estudiante de doctorado en Estados Unidos, tuve oportunidad de conocer físicos teóricos de España, que visitaban la Universidad de Michigan. Mi asesor de tesis, el Dr. Gordon Kane, me decía que la física de partículas elementales de España era de lo mejor de Europa, y lo ilustraba enumerando los físicos españoles que le gustaría contratar para llevárselos a Michigan. Gracias a esta interacción pude hacer los contactos para realizar mi post-doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona, experiencia que completó mi formación académica.

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Durante la década de los noventa, gracias a ese post-doctorado, pude apreciar el notable impulso a la ciencia en toda España, que se reflejaba en el crecimiento de su producción científica, así como el impacto de la misma. Se crearon varios institutos en muchas ramas de la ciencia, de la física de partículas a la astronomía, computación, química, etc. Contaban con diversos programas para que los estudiantes graduados realizaran un post-doctorado en otros países más desarrollados. El buen nivel de esos jóvenes hacía que muchos de ellos lograran ser contratados para un segundo post-doctorado en otras instituciones del mismo nivel.

Luego tuvieron unos años difíciles, durante la crisis financiera de 2007-2008, lo cual se reflejó en una disminución de los recursos para la investigación en España. La situación llegó a tal nivel que algunas universidades llegaron a usar los recursos asignados a equipo para pagar los salarios y no estaban respetando asignar las plazas que se habían comprometido en diversos programas de repatriación.

Sin embargo, durante esta visita pude darme cuenta que esa situación de crisis está superada. De hecho, me pareció que la física de España está de vuelta, creciendo de nuevo y alcanzando los más altos niveles académicos. Hay una importante inyección de recursos, contratación de investigadores jóvenes, programas para captar post-doctorantes de nivel internacional, así como programas de becas que les permiten tener un flujo de estudiantes tesistas de diversas partes del mundo.

Cabe mencionar que esas son las condiciones mínimas que deben cumplirse para armar un ecosistema de investigación y formación de recursos humanos de alto nivel en un ambiente internacional. Lo cual tristemente está cada día más lejos de poder alcanzarse en la realidad mexicana.

Cuando pensamos en el desarrollo del sistema científico mexicano, es común hacer comparaciones. Nos gustaría que la ciencia mexicana tuviera mayor impacto, que se generaran nuevas líneas de investigación, que nuestros graduados pudieran competir por los post-doctorados de nivel internacional, lo cual se logra sólo en casos aislados. Más aún, esperaríamos que algún sector de la ciencia tuviera un mayor contacto con los sectores productivos, o que coadyuvara para resolver algunos de los problemas más urgentes del país. Sin embargo, poco de eso se puede hacer, por muchas razones, entre ellas el muy limitado tamaño del aparato científico mexicano.

En ese análisis es inevitable que algunos colegas prefieran hacer las comparaciones con las instituciones del primer mundo, como USA, Alemania, Inglaterra, y en esa comparación se ve que el tamaño de nuestra ciencia es muy reducido.  En otros círculos, pensamos que sería más realista compararnos con España. Sin embargo, a la luz de su inversión actual en ciencia y formación de recursos humanos, nos damos cuenta que también nos estamos quedando lejos de ellos.

Más allá de los recursos, también hay una serie de facilidades y comodidades en las universidades españolas, que hacen que miremos con cierta envidia el ambiente para hacer ciencia en España. Por ejemplo, todas esas universidades cuentan con un sistema de comedores de buen nivel, sanos y seguros, con una relación calidad-precio que los hace atractivos. Igual se puede mencionar sus sistemas de Residencias y Colegios, que cuentan con dormitorios para becarios e incluso hospedaje para visitantes. Algunas de esas residencias, como la de Madrid, son lugares con una tradición e historia especial, ya que alguna vez albergaron estudiantes como Buñuel, Dalí y Lorca, así como visitantes de la talla de un Einstein o Marie Curie.

En el fondo pareciera que en esas instituciones se piensa en el bienestar de la comunidad, tanto de los profesores como los estudiantes, mientras que en el caso de México, pensar en una mejoría de nuestras condiciones de trabajo está en la última escala de prioridades de las instituciones. Suele ocurrir que los diferentes niveles de la administración de la academia en nuestro país, nos vean como un sector privilegiado, que no merecemos más que el salario y un lugar de trabajo, si bien nos va.

 

 

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