Desaparecer a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) para que sus funciones se integren a la Secretaría de Gobernación no sólo es una mala idea, es pésima y riesgosa en un momento que México vive la peor crisis humanitaria de su historia.
Se lo voy a platicar paso por paso. La semana pasada, el presidente Andrés Manuel López Obrador envió reformas al Congreso para desaparecer 18 órganos, unidades administrativas y fideicomisos para reorganizar la administración pública porque argumenta que reciben presupuesto “sin propósito o resultados” y entre ellas figura nada más y nada menos que la Comar.
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Fíjese que desde hace tres años nos convertimos en la tercera nación con el mayor número de solicitantes de refugio, después de Estados Unidos y Alemania; una misión para la que no estábamos preparados y ante la que no hemos dado el ancho.
En 2013 tuvimos 1296 solicitudes de asilo, mientras que para 2021 fueron 129 mil 791 y para 2022 la cifra fue más o menos similar, 118 mil 470. Ello supone un incremento de poco más de 9 mil por ciento en diez años. Pero el tema no son las cifras, sino las causas de estos incrementos y las grandes concentraciones de extranjeros que tenemos en algunas regiones del país.
La causa de todo esto, son las políticas de restricción aplicadas por Estados Unidos para negar el derecho de asilo a miles de extranjeros que se acercan a sus fronteras cada año. Desde que se inició la pandemia por Covid-19, el entonces presidente Donald Trump comenzó a aplicar lo que se denominó el Título 42, con el que -por causa de salud pública- devolvió a México a cerca de 70 mil personas. Entre otras medidas igualmente restrictivas.
Recordará que Trump también nos amenazó con poner aranceles a nuestras exportaciones si no hacíamos nada por detener las caravanas de migrantes que cruzaron el país entre octubre de 2018 y la primavera de 2019. Ahí comenzaron nuestras desgracias.
A nuestro gobierno se le ocurrió que la mejor medida para atajar el cruce de migrantes era ofrecerles alternativas de regularización en Chiapas, Tabasco y Veracruz, principalmente. Y ahora tenemos cerca de 180 mil almas en Tapachula. Duermen en las calles, piden dinero en los cruceros. Imagínese que, hasta la presidenta municipal de Tapachula, la morenista Rosa Irene Urbina, hizo tirar cien árboles, para que los migrantes no se guarecieran ahí.
Ya la prensa internacional bautizó a Tapachula como la ciudad cárcel, por las condiciones de estancamiento de los migrantes.
El otro sitio donde las cosas están que arden es en Ciudad Juárez, Chihuahua donde 35 mil extranjeros están esperando las condiciones para cruzar hacia Estados Unidos.
Y por si las cosas no estuvieran suficientemente mal, este fin de semana, unos 4 mil migrantes de diferentes nacionalidades salieron en caravana rumbo a Estados Unidos, con escala en la Basílica de Guadalupe. Vaya, ya están cansados de que la Comar no pueda darles solución a sus solicitudes de refugio. Y es que desde que se inició la crisis de refugiados, la Comar no da una, sin personal, sin computadoras y sin ganas de hacer algo por toda esa gente.
Acabo de leer que el director nacional de la Patrulla Fronteriza, Troy Miller calculó que alrededor de 600 mil migrantes de Centroamérica, Venezuela, Haití y Ecuador recorren el territorio mexicano en espera de que concluya la restricción Titulo 41, que entró en vigor en marzo de 2020 y concluirá el próximo 11 de mayo.
Hasta ahora se desconoce con qué medida la administración Biden sustituirá al Título 42, pero el secretario de Seguridad, Alejandro Mayorkas, se adelantó diciendo que cualquier migrante que cruce sin permiso la frontera será sancionado y perderá automáticamente la posibilidad de a solicitar asilo.
Pues sí, mirado así, todos pensamos que el problema es de Estados Unidos. Los migrantes, casi todos, quieren llegar ahí. Pero mientras son peras o perones, necesitamos robustecer nuestro sistema de asilo y aligerar la carga a los municipios, a los estados y a los paisanos que ya no saben qué hacer con tantos extranjeros que, nos guste o no, se quedarán entre nosotros.
Así las cosas, este lunes de ceniza, aire, lluvia y lodazal en Puebla.