El pasado 16 de febrero apareció un artículo en el periódico La Jornada firmado por Leopoldo Santos Ramírez, profesor-investigador de El Colegio de Sonora, quien comenta sobre un proyecto de ley presentado por el gobernador del estado para modificar algunos aspectos de la casa de estudios.
Dice el Profesor Santos: “La idea de una reforma universitaria que internalice la democracia en la estructura universitaria y dote de representación verdadera a estudiantes y maestros es una vieja demanda que se intentó durante 40 años.”
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Fíjense ustedes en las historias de las dos universidades, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad de Sonora. En 1991, el entonces gobernador Manlio Fabio Beltrones promulgó la Ley Orgánica número 4 e introdujo una estructura de ocho gobiernos: la Junta Universitaria, el Colegio Académico, el rector, la Junta de Gobierno, los jefes de departamento y, en complicidad con la burocracia universitaria, multiplicaron puestos, coordinaciones y reglamentos.
En abril de 1991 se promulga la Ley de la BUAP, que no es orgánica, pues el movimiento de reforma universitaria logró que la organización y administración de la universidad fuera decisión de los universitarios exclusivamente y en ese mismo año el Consejo Constituyente elabora el Estatuto Orgánico que actualmente nos rige.
Dice el Profesor Santos: “Una propuesta por demás interesante y creativa es que las nuevas autoridades sean elegidas por voto universal y ponderado, a la vez que se impida la trampa de las ternas propuestas por un comité para que sea otra instancia la que elija.” Imagínense, la forma de elección que nosotros tenemos desde hace 32 años, aunque no nos deshicimos de la trampa que menciona porque nosotros también tenemos una comisión de auscultación que “filtra” a los candidatos(as) según sean “idóneos” o no.
A pesar de estos logros alcanzados por los universitarios poblanos en términos legislativos, la situación de estudiantes y trabajadores es muy similar, aunque la proporción entre docentes y estudiantes es mucho mejor en Sonora que en la BUAP. Sonora tiene 30,000 estudiantes de licenciatura y 2,000 de posgrado. Tienen 2,400 plazas administrativas (900 de confianza y 1,500 sindicalizables). Tienen menos de 1,200 académicos(as) de tiempo completo y 150 plazas desocupadas por los requisitos exagerados de las convocatorias. Los “profesores de horas sueltas” son entre 1,300 y 1,400: son los que llevan la mayor carga de trabajo, perciben menos salario y enfrentan una problemática carrera docente.
En la BUAP tenemos más de 130,000 estudiantes, alrededor de 2000 plazas de académicos de tiempo completo y 1000 de medio tiempo, pero 10,000 por asignatura, o sea el 77% del total de académicos(as). Tenemos alrededor de 6,000 plazas de personal administrativo más 800 plazas de mandos medios y superiores. En otras palabras, mientras en la Universidad de Sonora hay 26 alumnos por profesor de tiempo completo, en la BUAP hay el doble, 52 alumnos(as). Mientras en la de Sonora hay dos administrativos por un profesor de tiempo completo, en la de Puebla hay 2.72. Además, en la BUAP hay por cada 3 profesores de tiempo completo un funcionario de mandos medios o superiores.
En realidad, la situación de la BUAP es trágica, pues estas proporciones nos hablan del exceso de trabajo de los docentes y la desmedida cantidad de funcionarios frente al número de trabajadores(as) académicos.
¿Cómo es posible que con una legislación diametralmente opuesta, una democrática y la otra no, la organización y el funcionamiento de ambas universidades sean tan similares? Es obvio que la BUAP inició una contrarreforma universitaria desde que se aprobaron la Ley y el Estatuto Orgánico, primero en los hechos y después modificando la Ley para introducir la reelección del rector, el propio Estatuto y aprobando reglamentos que lo contravienen.
Las peticiones de los estudiantes de Sonora coinciden con las de los estudiantes poblanos: que las inscripciones sean gratuitas, así como la carrera. Las deudas les impiden titularse, pues la universidad cobra por cada uno de los trámites necesarios, al igual que cualquier universidad privada. La similitud con la BUAP es obvia, sólo que las legislaciones son radicalmente opuestas. ¿Por qué? Por la contrarreforma universitaria llevada a efecto de manera sistemática por las sucesivas administraciones de la BUAP.
Lo más tragicómico del asunto es que la actual administración ahora anuncia con bombo y platillo la legalización de esta contrarreforma con la “modernización” del Estatuto Orgánico, con su supuesta “actualización”. Les podríamos decir perfectamente que quienes se están actualizando, quienes están luchando por los logros alcanzados por nosotros hace más de 30 años son los compañeros(as) de la Universidad de Sonora, a quienes les deseamos toda la fuerza para lograrlo y a quienes les enviamos un abrazo fraterno.
¿No les parece a ustedes de la mayor importancia denunciar una y otra vez esta contrarreforma emprendida sin eufemismos por la actual administración central de la BUAP y advertirles que los universitarios estamos decididos a defender la actual estructura académica y de gobierno de nuestra universidad para bien de las y los jóvenes poblanos?