Es domingo 11 de septiembre. Genoveva Huerta Villegas, la ex dirigente del Partido Acción Nacional y actualmente diputada federal, está de visita en el municipio. En la cabecera municipal para ser exactos. La señora, acompañada de su esposo, el huauchinanguense Irving Vargas, su cuñado Kevin, familiares de estos (mamá, tía, dos amigos y dos hijos de Kevin) y gente de la diputada (en total once personas) comen pescado frito acompañados del alcalde de Tlaola, Jesús Viveros Bobadilla.
Se chupan los dedos. Genoveva pide más. Uno así, doradito, suplica entre sonriente y chiveada. Irving se acomide –esposo enamorado- a ponerle salsa valentina. Luego se dan un beso –sabor a pescado-.
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A ese idílico escenario llegan otros panistas, entre ellos, Luis Manuel Silva Romero, exdirigente del PAN de Huauchinango y aspirante a consejero estatal. Saluda a todos. Veva lo medio saluda, molesta. Luego pide un tercer pescado.
La presencia de Genoveva no era fortuita. Ese día se iba a llevar a cabo la asamblea para elegir a consejeros estatales. Y Genoveva estará contendiendo para ser una de ellas, al igual que otro de sus acompañantes, Jorge Cardozo. Si el lector se pregunta por qué venir a competir para ser consejera a Tlaola, un municipio metido en lo más intrincado de la Sierra Norte del Estado, en lugar de la capital de Puebla donde radica, esa pregunta podría quedarse sin respuesta, a menos que a la exdirigente le guste hacer viajes larguísimos a la Sierra o ya no la quieran en la capital. No lo sabemos.
Lo cierto es que la pescadiza estaba en su apogeo. Todo ello, previo a la Asamblea, que empezaría por ahí de las cinco de la tarde. Llegado el momento y ya con el recinto –y la panza- llenos, donde se llevaría a cabo la asamblea, la dirigente decidió retirarse abruptamente.
Uno a uno comenzaron a ver que los vehículos en que iban, se retiraban. ¿Qué sucedió? Se preguntaban todos. Pronto habrían de saberlo, pues en su cuenta de Twitter, Genoveva Huerta Villegas, fiel a su estilo de mala perdedora, se había molestado y aseguraba que el presidente de Tlaola la había corrido del municipio, con todo y policías municipales.
Casi todo el pueblo fue testigo de que no fue así.
¿Porque mintió Genoveva?
El motivo era solo uno: La gente del alcalde, Jesús viveros Bobadilla, había aceptado votar para consejera a Genoveva, pero no a Jorge Cardozo a quien también pretendía imponer. Es decir, quería el paquete completo. Votaron en cambio, sí, por Luis Manuel Silva Romero. Eso fue lo que provocó la ira de la diputada y salió como bólido, echando pestes contra sus amables anfitriones, a quienes poco antes había elogiado.
Viveros Bobadilla no lo podía creer y desde sus ojos verdes lanzaba chispas, lamentándose de haber sido tan pendejo. Tan pendejo y generoso. Tan generoso e ingenuo.
Cierto, Veva le había ayudado en la lucha post electoral para acceder por segunda vez al poder, pero esa factura ha sido pagada con creces.
Alguien de sus cercanos –de esos que nunca faltan- se atrevió a espetarle con sorna: “A ver que día les preparas otros pescaditos”.
El edil lo volteó a ver y le dijo eso que usted y yo estamos pensando.
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Gustavo Vargas y el proyecto Sheinbaum
Gustavo Vargas reapareció en el escenario político. De la mano de David Méndez Márquez, exsecretario de Gobernación de Barbosa. Traen el proyecto de Claudia Sheinbaum entre manos. En la reunión llevada a cabo en el Club Rotario de Huauchinango, los apoyos se multiplicaron para la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
“Preparada, gran mujer, mujer luchona”, se escuchó decir en el evento. Gustavo estaba complacido. Luego se convirtió en un excelente anfitrión para quien esto escribe.
Lo malo del evento fue –como siempre- el protagonismo de los Camacho: padre, hijo y madre. todos hablaron, todos opinaron, a todos aburrieron. Ufff.