Mucho hay que aprender acerca de la conducción de vehículos y la movilidad en Puebla. Hasta este momento no se tiene un proyecto sistémico que ayude a disminuir accidentes de tránsito y promueva un cambio seguro y eficiente.
La mayoría de los usuarios del espacio público en la ciudad tienen malas prácticas en la vía pública, nadie les ha enseñado cómo usarla de manera segura, simplemente lo hacen por imitación y se han habituado a ello.
Más artículos del autor
A esto se suma la descortesía, la falta de empatía y la violencia al conducir, en calles y avenidas de esta ciudad: los conductores pelean uno contra el otro, poseen la mentalidad de que los demás deben cederle el paso, que van primero, que nadie conduce mejor que ellos, se comportan como “gandallas”; que si pueden pasar primero rebasando por la derecha a los que esperan su turno en un embotellamiento lo realizan, es decir, “ya la hicieron” en fin, un sinnúmero de malas prácticas que torna violenta la movilidad de todos y vuelven inseguras las calles y avenidas de esta ciudad.
En contraste, en países del primer mundo como Alemania es bastante seguro el caminar y conducir por sus calles y carreteras, ya hemos comentado en este espacio que, para obtener su licencia de conducir, deben conocer las leyes y reglamentos y aprobar un examen teórico y práctico.
En este país desde niños en casa y escuela se les enseña a conducirse con seguridad por las calles, como peatón y ciclista. Los padres están obligados a mostrarles la manera correcta de moverse en la ciudad con seguridad; es algo necesario y muy importante porque a la edad en que van a la escuela primaria, la mayoría lo realiza solo y ya con un conocimiento sobre su seguridad.
El conducir implica una práctica responsable y de convivencia segura en un espacio público que no puede dejarse a la improvisación.
“Efectivamente, en cuanto ciudadanos, nos movemos en un espacio que es social. Nuestro transitar ocurre en un tiempo y un espacio en el que también se mueven otros y nuestro andar influye en (y es influido por) el desplazamiento de los demás ciudadanos” dice el documento Convivir en el Espacio Público de la Agencia de Seguridad Vial de Argentina.
Y continúa:
“Podemos decir que la forma en que nos conducimos por el espacio público es una construcción cultural; que en tanto pauta de interacción social se transmite de generación en generación y, por ello mismo, puede modificarse”.
Las malas prácticas son culturales y se han transmitido de generación en generación en nuestra ciudad y en todo el país y al ser construidas por las personas, las podemos modificar. Desde luego, no sucederá de la noche a la mañana. El ayuntamiento de Puebla está dando los primeros pasos de manera incipiente; sin embargo, sólo atienden la parte física y dejan al margen la parte educativa, que debe abarcar a toda la población y este punto es donde se tiene que planear a largo plazo.
Esto implica asumir de manera central la tarea de formar a los ciudadanos en aquellos conocimientos, actitudes y valores que son esenciales para la toma de conciencia individual, la comprensión de la importancia de asumir un cambio de conducta que permita prevenir los siniestros viales y reflexionar sobre las causas que provocan los altos índices de siniestralidad.
Las instituciones educativas entonces, tienen la importante tarea de promover en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, una mirada atenta sobre la complejidad del espacio público, la reflexión sobre el modo en que cada sociedad va configurando un modo de transitar, y la voluntad de ser partícipes en la construcción de formas más seguras de vincularnos en el espacio vial.
Por ello, es responsabilidad del Estado promover e impulsar una nueva cultura vial a partir del sistema educativo, el tema debe ser tomado por la Secretaría de Educación Pública, porque una de sus obligaciones es educar para la vida en buenas prácticas sociales, en este caso, en el espacio público de tal manera que se tenga una movilidad segura, eficiente y de respeto.
Por otro lado, se debe tener la convicción acerca de que, existiendo condiciones más seguras de tránsito, redundará en una mayor calidad de vida promoviendo una movilidad segura para todos, reduciendo accidentes y contaminación.
También se debe contemplar a todos aquellos individuos que no están en las aulas, creando campañas de información y concientización con el fin de mejorar las prácticas de movilidad en el espacio público.
Indudablemente se debe contemplar a las personas de la tercera edad y con capacidades distintas que son las más vulnerables y rara vez son tomadas en cuenta, basta ver cómo se encuentra la infraestructura vial en nuestra ciudad.
Por último, es necesario una reforma total del transporte público que al parecer es intocable y no permite un cambio radical en la manera de prestar el servicio ni en los modos de transporte, siendo que está obligado a ofrecer un servicio adecuado, seguro y eficiente.
Referencia
Programa de fortalecimiento de la Educación Vial. Ministerio del Interior y Transporte, Ministerio de Educación de la República de Argentina.