“La educación no cambia el mundo. La educación cambia a las personas, y las personas cambian el mundo.” -Paulo Freire (educador brasileño)
Para Tere Galicia, educadora de toda la vida
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Las reacciones a la reciente y polémica decisión de recortar el ciclo escolar bajo el argumento de la contingencia climática y la coyuntura del Mundial de Futbol de 2026, es mucho más que un ajuste administrativo; es el reflejo nítido de cómo la escuela y el cuerpo docente dinamizan, vertebran y sostienen a la sociedad mexicana en su cotidianidad.
Cuando se anunció esta medida, la principal preocupación en los hogares no fue el rezago curricular, sino una pregunta pragmática y desesperada: “¿Qué vamos a hacer con los hijos en casa durante tanto tiempo?”.
Esta reacción desnudó una realidad histórica: la escuela en México no solo es el espacio de instrucción académica, sino el eje de la organización social y como la ven muchos padres de familia, el principal sistema de cuidados de la infancia y adolescencia. Como bien señala Gil Antón (2021), la pandemia de COVID-19 ya había evidenciado que la escuela es un tejido organizador insustituible; pretender suspenderla o recortarla a la ligera desestabiliza la economía familiar y de la comunidad y la certidumbre social, ignorando la función protectora del espacio escolar.
El intento de justificar este dislate educativo en la conferencia matutina del 8 de mayo, argumentando que la reducción del calendario fue una "solicitud de los estados y de los propios maestros para ver el Mundial", representa una preocupante operación de deslinde político. Históricamente, al magisterio se le ha marginado de las decisiones de gran trascendencia pedagógica. Sin embargo, en esta ocasión, la autoridad pretendió otorgarles una repentina e irónica "voz" solo para delegar la responsabilidad del fracaso de la medida.
Esta vieja práctica de utilizar al docente como chivo expiatorio legitima una estructura vertical donde las autoridades educativas actúan con un centralismo acrítico, más preocupadas por la numeralia, la foto oficial y el impacto en redes sociales que por la viabilidad pedagógica de sus decisiones.
Esta falta de articulación demuestra que la política educativa en el país suele carecer de una dirección científica y humanista. A pesar de los discursos oficiales que prometen una transformación de fondo, la realidad en las aulas es distinta. Díaz-Barriga (2023) argumenta que, si bien existen propuestas normativas que buscan dar un giro de 180 grados hacia un enfoque comunitario y crítico —como se planteó teóricamente en la Nueva Escuela Mexicana—, la burocracia institucional sigue empecinada en la saturación de contenidos, la carga administrativa y una evaluación numérica que asfixia el proceso de enseñanza-aprendizaje. La autoridad exige resultados cuantitativos inmediatos, pero desatiende las condiciones reales para una verdadera enseñanza para la vida.
La mediocridad del sistema se agudiza cuando castiga la disidencia intelectual. El docente que reflexiona analiza o propone alternativas frente a las directrices oficiales no suele ser escuchado; por el contrario, con frecuencia es señalado, excluido o marginado de todo proceso de mejora salarial.
A este panorama se suma una estructura burocrática históricamente cooptada por un sindicalismo corporativo. Lejos de defender los derechos laborales y la excelencia educativa, las cúpulas sindicales operan bajo lógicas de clientelismo y privilegios políticos. Como analiza Ornelas (2022) en sus estudios sobre la gobernanza y la rectoría del Estado en la educación mexicana, la complicidad entre las autoridades educativas y las facciones sindicales ha debilitado la profesionalización docente, dejando a miles de maestros de base atrapados entre la espada de la exigencia institucional y la pared de la lealtad política obligada.
Afortunadamente, el sistema educativo mexicano se mantiene en pie no gracias a su burocracia, sino a pesar de ella. Son la mayoría de las y los maestros quienes, con un profundo compromiso ético, asumen las aulas como verdaderos espacios de transformación social. Desde las escuelas rurales hasta los planteles urbanos marginados, el docente funge como el faro ético y el ejemplo vivo para las nuevas generaciones.
Toda persona que hoy ejerce una profesión, o que aporta dignamente a la sociedad desde cualquier oficio o ámbito laboral, pasó obligatoriamente por el aula de un maestro que supo guiarle. El futuro del país no se define en las oficinas de las secretarías ni en los discursos políticos; se construye diariamente en el aula a través de la mediación pedagógica de profesionales capaces, sensibles y resilientes.
A mis compañeras y compañeros de trabajo, que sostienen el sistema educativo con su esfuerzo diario, dedicación y calidez humana frente a la adversidad les envío un fuerte abrazo y mi más profundo reconocimiento. Su labor es el verdadero motor de México.
¡Felicidades en su día!
Referencias
Díaz-Barriga, Á. (2023). La Nueva Escuela Mexicana: Retos, tensiones y perspectivas pedagógicas. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 28(96), 15-38.
Gil Antón, M. (2021). Ventanas y espejos: La educación en México durante la pandemia (2019-2021).
Ornelas, C. (2022). La contienda por la educación: Globalización, política y la lucha por el control del sistema educativo mexicano. Fondo de Cultura Económica.
Los invito a ver los videos de 30 segundos para conocer las señales, las leyes y reglamentos de tránsito (municipal, estatal y federal) con base en un proyecto de Educación Vial propuesto por quien esto escribe e impulsado por el Dr. Román Sánchez Zamora, académico del ICGDE de la BUAP, con su personaje Rommyn Ciudadano. Los encontrarán en estas direcciones:
https://youtube.com/playlist?list=PLx4rAyJ6jwp-xwOBe7NUwB2SL9SfCf0gi
https://youtube.com/playlist?list=PLx4rAyJ6jwp-SKW-DVP5V7hgdzkcLYqx1
En X: #romynciudadano