De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) un total de 3,700 millones de personas padecen de fuego labial. Esta es una infección que dura toda la vida y es producida por el virus del herpes tipo I. A pesar de su ubiquidad en la población humana, poco sabemos de la evolución del virus y cómo se distribuyó alrededor del mundo.
Cabe la pena destacar que las diferentes especies de primates tienen un tipo particular de virus del herpes y también esto aplica a los humanos. En un reciente estudio, de la Dra. Scheib y sus colaboradores de la Universidad de Cambridge en Inglaterra reportan haber secuenciado el ácido desoxirribonucleico (ADN), extraído de los dientes de varios cientos de personas, lo que les ha permitido reconstruir la historia coevolutiva de este virus en humanos.
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El primer hallazgo del estudio es que se pudo encontrar herpes virus tipo I antiguo desde el período neolítico, esto es al inicio de la Edad de Bronce. En ese período de la historia humana el virus se transmitía exclusivamente desde los padres a sus hijos al besarlos. Pero fue hace aproximadamente 5,000 años que se adquirió una variante muy similar al tipo de virus que actualmente circula entre los humanos que es cuando se establece el beso romántico como una parte del enamoramiento, y es este cambio de la conducta humana el que le permitió al virus del herpes labial se difundiera desde Eurasia hacia Europa, y luego al resto del mundo.
De hecho, el primer registro de un beso entre una pareja romántica data también desde la Edad de Bronce; en un escrito del sudeste de Asia. Este cambio de la conducta afectiva entre los humanos hizo que el virus mutara rápidamente y se convirtiera en un virus que sólo se transmite a través del contacto oral, siendo el beso un vehículo ideal para el paso de humano a humano. Esta historia de cómo evolucionó el virus del herpes tipo I a partir de un cambio de conducta de enamoramiento puede ser aplicable al coronavirus SARS-CoV-2 o al virus de la viruela del simio.
Es momento que debemos reflexionar de cómo nuestros hábitos y costumbres favorecen que los virus se difundan y evolucionen junto a nosotros.