Desde adentro, desde mi cama ajena, sábanas blancas, frías e indiferentes, el terror comienza a invadirme; ya no hay marcha atrás, lejos de mi condición de líder, de mis cargos, todo se quedó en un closet, allí los grados, las escarapelas, las estrellas y el águila.
Ya no más desayunos, reuniones, ni brindis frenéticos terminados en gritos ensordecedores, todos se fueron; ya ninguno está aquí, la soledad de Robespierre ante el sueño de Danton, todos están lejos, ya nadie queda en la mesa.
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La soledad del yo, en un presente sin caminos, sin opciones, solo un voladero, un coma inducido.
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