El 14 de septiembre de 1968, el estado de Puebla fue reconocido a nivel nacional luego de que estudiantes fueron asesinados por una turba en la junta auxiliar de San Miguel Canoa, en la capital de la entidad, historia que inspiró a la película de Felipe Cazals que llevó como título Canoa historia de un hecho vergonzoso. Desde entonces lamentablemente se han registrado varios linchamientos agudizándose en los últimos años. De ellos cobra relevancia como el más reciente el de Daniel Picazo Hernández, que fue quemado vivo a manos de habitantes de Papatlazolco, poblado de Huauchinango.
También recordamos lo ocurrido en el año 2015 en el municipio de Ajalpan, cuando dos encuestadores fueron confundidos como secuestradores, quienes fueron quemados vivos por pobladores de ese municipio. Los hermanos Rey David y José Abraham, de apellidos Copado Molina fueron agredidos por una multitud de aproximadamente mil habitantes. Los golpearon con machetes, palos, piedras y varillas, para después rociarles gasolina. Estando semiinconscientes les prendieron fuego.
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En 2018 nuevamente Puebla fue el centro de la atención nacional por el linchamiento de dos trabajadores acusados de ser presuntamente robachicos en Acatlán de Osorio; por encontrarles bebidas alcohólicas en su auto fueron sacados de la comandancia por una turba enardecida, para darles muerte, sin que hubiera un señalamiento directo de que estuvieran cometiendo un delito grave como el robo de infantes. También fueron rociados con gasolina para posteriormente prenderles fuego.
En agosto del 2019, cinco personas fueron linchadas, entre ellos un menor de edad, en la comunidad de Los Reyes Teolco, del municipio de Cohuecan. En agosto del 2020, Manrique "N", de 35 años, originario de Veracruz, murió a manos de pobladores de la junta auxiliar de San Marcos Tlacoyalco, en Tlacotepec de Benito Juárez. Esta persona fue encontrada ingiriendo bebidas embriagantes y alguien lo acusó de intentar sustraer a una menor de un domicilio; de este modo una muchedumbre lo retuvo y golpeó, pero aún fue rescatado por elementos policiacos y trasladados a la comandancia, donde llegaron más pobladores para hacerse justicia por propia mano. Al someter a policías, lo golpearon con piedras, tubos y palos, para prenderle fuego a su cuerpo una vez que comprobaron que estaba muerto.
En nada ayuda el discurso de odio que desde las mañaneras a nivel nacional y estatal expresan tanto Andrés Manuel López Obrador como Miguel Barbosa Huerta, que en lugar de apaciguar el enorme resentimiento social que exista, por el contrario, lo incentivan.
En nuestro estado donde la marginación es evidente, el resentimiento social es clarísimo y basta con que un incitador haga señalamientos de que alguien intentó robar una casa habitación o que se pretende secuestrar a un niño para que la población reaccione de inmediato y linche a los “supuestos sospechosos” que tuvieron la mala fortuna de estar en ese lugar y en ese momento: El visitar comunidades apartadas se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Mi padre tenía como otras muchas familias, una actividad de esparcimiento familiar el ir a visitar pueblos y comprar lo que elaboraban los artesanos locales. Decía: “vamos a pueblear”. Hoy a nuestra generación, lamentablemente, esa actividad tiende a desaparecer porque hacerla resulta poner en riesgo nuestra vida y la de nuestras familias.