Qué cosas estamos viendo,
en la Puebla de estos días,
peces gordos van cayendo,
como antes no sucedía.
Unos por una razón,
otros por causa distinta,
van entrando a la prisión,
y no solo es una finta.
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Saúl Huerta, fue el primero,
diputado y pederasta,
sujeto muy chapucero,
pero le dijeron ¡basta!
y se encuentra en el chiquero,
cumpliendo larga condena,
hasta que pague su pena.
Eukid Castañón fue estrella,
del clan de Moreno Valle,
pero a aquella etapa bella,
que quiso ser dinastía,
también le llegó su día,
y perdón que lo subraye,
muy triste quedó su valle,
ya no tiene un pie en la calle,
cambió lujosa mansión,
por una oscura prisión.
Aréchiga, exdiputado,
y líder magisterial,
fue también encarcelado,
por mandato judicial.
Estuvo en el gabinete,
del Gobernador Barbosa,
pero se metió en un brete,
al repartir concesiones,
de libertad ya no goza,
adiós fuero e ilusiones…
Se llama Islas Víctor Hugo,
y le cayó la justicia;
al poder le sacó jugo,
con malas tretas y astucia,
más como dice el refrán,
una verdad enterita:
aquí a cada capillita,
le llega su fiestecita.
Mario Marín, quien dijera,
del palacio a una mazmorra,
pasó como ave viajera,
él, que mañas exhibiera,
superiores a una zorra.
Dos presidentes también,
ya se encuentran tras las rejas,
se la pasaron muy bien,
con caviar y con lentejas.
Uno era de Acatlán,
el otro de Tehuacán,
hoy comparten calabozo,
y unas migajas de pan.
Rueda que rueda llegó,
rodando hasta la prisión,
la justicia lo pescó,
le falló su protección.
Se escudó en el periodismo,
al practicar la extorsión,
pero le salió Barbosa,
y se acabó la función.
Hoy se prueba un traje a rayas,
don Javier López Zavala,
el experto en hacer vallas,
y en la grilla de antesala.
Si el brazo de la justicia,
en verdad al final llega,
esperemos que así sea,
y que sin distingos pega.
Las cosas como ahora están,
son una interrogación,
ni son todos los que están,
ni están todos los que son.