Opinión

La confusión entre individuo y persona en los NPPE

Lunes, Mayo 23, 2022
Leer más sobre Juan Martín López Calva
La educación debe centrarse en la persona, y más aún, en la relación entre personas
Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP
La confusión entre individuo y persona en los NPPE

Una errónea interpretación de la voluntad, tal como la llevada a cabo por la Ilustración y por la filosofía política moderna en general, hace imposible la sociedad, al suprimir la persona. Porque justamente sin voluntad correctamente interpretada lo que no puede haber es sociedad. Puede haber poder, puede haber saber, lo que no puede haber es sociedad.
Rafael Alvira.
¿Individuo o persona?  

La nueva sabiduría conlleva la comprensión de que toda vida personal es una aventura insertada en una aventura social, a su vez insertada en la aventura de la humanidad.
Edgar Morin. Enseñar a vivir, p. 25.

En el final del siglo pasado y las dos décadas del presente se ha vivido en la educación una transición radical, al menos a nivel discursivo y teórico: de una visión del proceso formativo basado en la enseñanza a uno centrado en el aprendizaje, de un modelo centrado en el profesor a uno enfocado en el estudiante.

Desde mi punto de vista, este ha sido un movimiento pendular originado con razón como respuesta a los excesos del modelo tradicionalista -que no tradicional- de la educación que puso el foco excesivamente en el docente como transmisor de conocimiento, como enseñante de contenidos, dejando al estudiante en un rol pasivo de mero receptáculo de información que tenía que memorizar y repetir en los exámenes. A esta mirada del profesor como depositario y del alumno como recipiente de contenidos, la llamó muy acertadamente Paulo Freire, Educación bancaria.

El cambio radical del enfoque centrado en el profesor al enfoque centrado en el estudiante, produjo, desde mi punto de vista, un desdibujamiento del muy relevante papel del maestro y de su gran responsabilidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje (término que ya es también cuestionado por quienes defienden que todo debe centrarse en el aprendizaje y niegan que el docente enseñe).

Desde una mirada compleja del proceso educativo, he escrito y declarado muchas veces que el centro del proceso educativo no debe enfocarse exclusiva y excluyentemente en el profesor o en el estudiante sino en la relación pedagógica entre ambos, no debe centrarse en la enseñanza ni en el aprendizaje sino en el proceso en el que educadores y educandos enseñan y aprenden simultánea y recursivamente. Esto último también coincide con los planteamientos freireanos.

Este es un debate pedagógico que hay que seguir promoviendo, en el marco de, gracias a, o a pesar de, las reformas y contrarreformas educativas que se promueven desde el poder.

Pero el tema educativo hoy, como prácticamente todos los demás temas que forman parte del escenario nacional en esta regresión que llaman transformación es fundamentalmente político-ideológico. En el terreno educativo, lo que menos parece importar hoy es lo pedagógico, así como en el tema de la salud lo que menos importa es lo científico o en el de las grandes obras en construcción o en la conducción económica lo que menos importa es lo técnico, porque lo fundamental está centrado en la narrativa del Presidente que está obsesivamente centrada en la conservación del poder y en la descalificación de todos aquéllos que piensen diferente o de todos los datos o conocimientos por más sustentados que estén, que no confirmen lo que en el pensamiento de sentido común del Presidente, es visto como favorable a su proyecto difuso y poco sustentado de país.

En este contexto sobreideologizado, nos encontramos hoy con una propuesta de nuevo modelo educativo y de nuevos planes y programas de estudio (NPPE) para la educación básica y media superior en el país y uno de los elementos que se están proponiendo en los documentos de trabajo -puesto que aún no se publican los documentos finales de la propuesta- es el del cambio de una educación centrada en el estudiante a una educación centrada en la comunidad.

Como el “demonio” al que este gobierno está obsesionado en combatir, el punto de partida de esta propuesta es el supuesto de que centrar la educación en el estudiante es neoliberal -una mala palabra en la visión política actual- porque según sus propias publicaciones y discursos, se enfoca en formar para el éxito individual, desde la mirada errónea de que el enfoque por competencias significa educar para competir, mientras que enfocar la educación en la comunidad, implicará educar para compartir.

Desde mi punto de vista personal, esta propuesta de cambio parte de la confusión entre los términos individuo y persona, que aunque parezcan lo mismo, no son iguales como afirma Alvira en el primer epígrafe de este artículo. La modernidad suprimió a la persona centrándose en el individuo desde una errónea interpretación de la voluntad entendida como poder, con la consecuente imposibilidad de construir sociedad, porque justamente sin personas unidas en la alteridad pero en la voluntad de compartir significados y valores, no se puede construir sociedad ni comunidad.

Como afirma Lonergan, una comunidad es un conjunto de personas que comparten una serie de significados y valores, por lo que no puede existir comunidad si no existen personas formadas integralmente, desde la visión de la alteridad y la corresponsabilidad, que de manera libre y responsable decidan compartir ciertos valores y significados para vivir.

Por su parte Edgar Morin sostiene que el sujeto humano es al mismo tiempo individuo-sociedad-especie, es decir, persona única e irrepetible que es a la vez producto y productora de la sociedad en la que vive y parte activa e influyente en el devenir de la especie humana en la dialógica entre humanización y deshumanización.

Lo que revela esta propuesta de NPPE construida desde una mirada simplificadora y desde una perspectiva político-ideológica y no pedagógica, es una falta de distinción de los términos individuo y persona. Porque el individuo es el sujeto humano fuerte, empoderado y libre de hacer lo que le plazca “mientras no afecte la libertad de los demás”, cosa que es imposible porque todas nuestras libertades están ligadas inseparablemente en lo que Morin llama Ecología de la acción, el sujeto humano competitivo y buscador del éxito individual a toda costa. Esta es la visión neoliberal de la educación.

Pero la persona es un ser integral y complejo, único e irrepetible, sensible, inteligente, racional, existencial, amoroso, espiritual, social, que tiene una dignidad individual inalienable y debe ser respetado en su diferencia con los demás, pero que está al mismo tiempo ligado de manera inevitable a una comunidad, a una sociedad y a una humanidad en proceso de desarrollo permanente.

Por ello, la educación debe centrarse no en el individuo pero sí en la persona y más aún, en la relación entre personas, porque sólo así será posible construir comunidad y transformar las formas de relación que rigen los comportamientos injustos y excluyentes que hoy se viven cotidianamente. Para educar contra el neoliberalismo no hay que negar a la persona como centro de la educación, sino reconocerla, valorarla y potenciar todas sus capacidades.

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