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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Primero el proyecto

Tiempos de sucesión en Puebla frente al esfuerzo de Morena por retener la Presidencia

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Mayo 11, 2022

Alejandro Armenta montando brioso retinto en la Asociación de Charros; Alejandro Armenta con jóvenes reforestación un cerro; Alejandro Armenta con chiapanecos radicados en Puebla; Alejandro Armenta en almuerzo con alcaldes; Alejandro Armenta con médicos y enfermeras; Alejandro Armenta en el  Senado defendiendo iniciativa del Ejecutivo; Alejandro Armenta con la distinguida familia de los hermanos Porrúa, patriarcas de la industria del libro, en la calle de Argentina de la Ciudad de México; Alejandro Armenta hablando de su próximo libro sobre el patrimonio nacional del litio; Alejandro Armenta con el gobernador Barbosa en la feria; Alejandro Armenta en el desfile del 5 de Mayo a pasos del presidente de la República; Alejandro Armenta en la colonia popular echando taco de arroz; Alejandro Armenta con un grupo de campesinos de la Sierra; Alejandro Armenta levantando el brazo en las redes sociales; Alejandro Armenta en el noticiario de la mañana, medio día y noche; Alejandro Armenta negado y ponderado en el debate de los medios de comunicación; Alejandro Armenta rascándole horas al calendario del día-a-día; Alejandro Armenta… es el dirigente ideal que todos los partidos quieren en sus filas.

Más aún tratándose de Morena, un partido que no es partido, y que no tiene más asidero que la figura del Presidente; pero el Presidente está de salida en el imaginario político. Como en el 2018, en el 2024 concentrará sus esfuerzos en lo suyo-suyo: la Presidencia de la República. No lo veo haciendo campaña en Puebla, como no la hizo hace cuatro años. Pero Armenta está y no está en ese partido que no es partido, sino una extraña confederación de intereses.

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¿La ubicuidad de Armenta es suficiente para ser un buen gobernante? No lo sabemos porque hace medio siglo que no hay un gobernador digno de mención; que no sea la inercia del anterior, y la promoción de una nueva casta de ricos. La salvedad es Alfredo Toxqui, quien tuvo la habilidad de estabilizar la entidad y terminar su periodo de seis años, frente a veinte gobernadores truncos, producto del cacicazgo montado por el avilacamachismo en los años treinta. Recordemos que Moreno Valle trasegó en esos corredores oscuros. Puso dos gobernadores, y mandó con mano de hierro en el legislativo y judicial.

Volviendo al tema. Hay aspirantes buenos y aspirantes malos. Ya lo sabemos. Los que se visten de la fuerza del partido para salir a cubierta y conjurar el abucheo; y los que se valen de la popularidad de sus candidatos para negociar ventajas frente a sus pares.

Con la particularidad de cada cual, el periplo de Alejandro Armenta ya lo vimos en las personas de Rafael Moreno Valle, Mario Marín y de Melquiades Morales Flores. Llegada la hora, a ninguno de los tres les quitaron lo andado. Con la salvedad que ahora las decisiones electorales han salido de los partidos para retornar a las manos del Presidente, por lo menos en el partido en el gobierno y la coalición que lo sigue. Una característica es que, en su momento, ninguno de los tres encontró un solo error en su antecesor, nada que corregir, nada que mejorar, nada que denunciar, nada que mereciera darle continuidad. Salvo las vendettas políticas. Transiciones aterciopeladas, previos acuerdos de puertas adentro. Triunfos pactados.

Melquiades, con timidez, prometió mejorar la administración frente a Bartlett; gobernó con compadres; Marín, frente a Melquiades ponderó el arraigo y se refugió en los suyos; Moreno Valle fincó su popularidad en una sutil campaña de discriminación contra Mario Marín, por ser chaparro y prieto, y de un pueblo de la mixteca; Miguel Barbosa prometió un gobierno de justicia frente al pasado ominoso del PRI y el PAN. Los indicadores de bienestar y libertades democráticas los desmienten a todos. A eso súmese que en este gobierno se ha conjurado la crítica, incluso en la asamblea del Congreso.

Ya vemos que Armenta es de los más osados, sino el que más: por trayectoria y desempeño. Director General del DIF estatal; secretario de Desarrollo Social; diputado local, senador de la República, dirigente estatal del partido, coordinador de campañas estatales (incluyendo la de gobernador); y bueno, alcalde de su pueblo. Carga en sus alforjas el mérito de haber derrotado en el 2018 al hasta entonces invicto Rafael Moreno Valle. Mucho me temo que del elenco que anda en boca de futuristas es el único que conoce palmo a palmo la topografía de los 217 municipios, con sus respectivas localidades, y el nombre de los grupos de poder; imprescindibles para hacer contrapeso al electorado de la ciudad y ser competitivo frente al voto duro del PAN.

Vuelvo. ¿El perfil de Armenta basta para ser un buen gobernante, que ponga las bases del crecimiento económico y remonte la pobreza y las desigualdades, que cada vez ponen a Puebla más cerca de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, que de los estados del norte, no obstante que en el pasado fue la segunda ciudad más importante de México? ¿Cuándo se jodió Puebla?

Me parece que aquí está el verdadero trabuco, del que nadie dice ni pío.

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