El presidente López Obrador presentó su iniciativa de reforma electoral en la Cámara de Diputados, en la que con buen tino de publicista juzga las miserias de la democracia electoral. No obstante que Morena y sus autoridades supremas, comenzando por la de presidente y el legislativo, provienen de esos arreglos, que ahora tilda de corruptos y mercenarios. (Recordemos en este punto que el INE es la segunda institución nacional mejor calificada del país, y que hay un clamor popular porque no se toque; no por este gobierno).
Por ejemplo, que los diputados obedecen a sus intereses personales y de grupo en despecho de la población, es algo tan inobjetable y común que ya nadie repara en esa inequidad democrática. Incluso tiene su corolario en los estudios de confianza institucional en los que indistintamente los diputados aparecen en los últimos lugares de la escala nacional. En grado equivalente a los policías de crucero. Nadie sabe quiénes son, qué hacen, y lo peor: se ignora su jurisdicción territorial y sus competencias de gobierno. Cuando se sobrepasan en los pueblos, con los alcaldes o las muchachas, son denunciados ante el gobernador, y el gobernador actúa en consecuencia. Por acá ya lo he contado. En la legislación federal pasada, un diputado de Morena por Puebla, se valía del cargo para violar jovencitos. En su partido nadie se inmutó. La presión provino de los medios de comunicación y la sociedad civil.
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Nadie con cinco dedos de prudencia y honorabilidad política sale a defender el trabajo de la actual legislatura poblana, ni por grupo, partido, comisión o la asamblea general de los 41. Los diputados poblanos caminan en dirección contraria de los grandes anhelos de la población (educación, salud, seguridad para mujeres y niños, empleo, entorno de concordia, acciones de gobierno de calidad en las zonas pobres, funcionarios conscientes que se deben a la población y no al revés, etc., etc.). Es más, me atrevo a decir que la presente legislatura encarna una soberanía en un estado de ilegalidad, o por lo menos la concita de manera deliberada. En el muro de Honor tienen estampado el nombre de Juan de Palafox y Mendoza, el osado representante del Imperio español y del poder no menos ominoso de la iglesia católica. En política, señores diputados, cuentan más los signos que los hechos.
Alguien dirá que el problema de los diputados son los incentivos. Puede que sí. Los diputados saben que el avance de su carrera no está en función de sus representados, sino de cómo se congracian, se hacen indispensables, con el gobernador en turno. Entonces, se tornan representantes del gobernador ante los representados. Ya sabemos que la división de poderes es una quimera que se refrenda todos los días. Y si de negocios se trata, ya se sabe que los diputados son los mejores traficantes de influencias. Lo hacen con los alcaldes, agitando la zanahoria de la aprobación de las cuenta públicas; como gestores de recursos adicionales, a cambio de grandes comisiones; lo hacen como proveedores de los ayuntamientos del distrito (van de la venta de papel de baño a grandes obras de infraestructura), cobran mensualidades por concepto de representación local, tienen su buena mesada en la secretaría de Finanzas, o la tuvieron hasta hace muy poco.
Que la asamblea en el Congreso poblano se reduzca a 26 diputados no parece preocupar a ninguno, salvo a los partidos y grupos políticos que regentean y los siguen. Porque ya se sabe, meterse a los partidos es formarse en la cola por donde se trepa a los puestos importantes, y se accede al cucharón de la riqueza nacional. Otro de los entes institucionales contra quien cargó el presidente en una de sus mañaneras con respecto a las bondades de su iniciativa de reforma es el cabildo; integrado por un presidente y un número variable de regidores, en función de la población. Verdaderas pandillas.
Ser regidor es embolsarse entre 20 mil y 80 mil pesos mensuales, más gastos de representación y acceso a bolsas de gestión, sin asumir ninguna responsabilidad con la población, salvo aprobar y firmar todo lo que les indique el presidente, y con manga ancha para hacer grilla partidista. Porque desde ahí todos van o por la diputación o el puesto de presidente en la próxima elección. Hay los regidores que se encuentran en una posición, digamos, holgada. Son los de oposición. Se retiran a su casa, se cambian de pueblo o ciudad, con la seguridad que hasta allá les llegará sus emolumentos y las actas de acuerdo para firma. Y los hay aquellos que, como dice el presidente, cobran hasta por firmar la minuta de la reunión.
Digamos que coincidimos con el presidente Andrés Manuel López Obrador en el diagnóstico de la enfermedad, pero diferimos diametralmente en el remedio. En democracia hay un principio supremo que la rige. A mayor distribución del poder político, en el mayor número de manos posible, mayor democracia. A menor distribución del poder, y su concentración en pocas manos, menor democracia. Como sabemos, el Presidente tiene una tentación irrefrenable de concentrarlo todo en sus manos, bajo el principio de que él no es como los de antes. Se autocalifica como la persona más Honorable y Honrada (no roba, no miente, no traiciona). Al punto de que no tienen empacho él y su partido en afirmar públicamente que el presidente López Obrador encarna la Patria. En este punto no pondré en duda ni la Honorabilidad ni la Honradez pregonadas. Sí, que las democracias, para ser tales, se fundan y refrendan en instituciones. No en hombres, por más honorables y honrados que sean.
Chayo News
Un periodista metido en la oscuridad de los años cayó en la tentación de una dama que en su mesa se presentó como funcionaria en el Congreso del Estado, de apellido Mier, con un sobrino alcalde de un municipio de por acá cerca, que no encuentra constructoras para hacer obra, y de una sobrina que es diputada y que es muy importante, y que tiene muchos puestos ofrecidos; y que en ese momento la de la voz prepara unas medallas conmemorativas del 5 de Mayo con el orfebre de aquí a la vuelta. Ahorita me lo llevo para allá para entregarlas en la ceremonia del desfile, a invitados distinguidos, entre ellos uno de nombre Manuel Bartlett, ¿debe conocerlos no?, y el Coordinador, ay el Coordinador, de los diputados de Morena en el Congreso, ya verá usted qué personas, porque me va a acompañar con ellos, y ándele acepte como padrino de medallas, ya sólo faltan 30 mil, y vamos para que sepan de la calidad de persona que es usted, qué caray. En ese momento pide permiso para ocupar una silla de la mesa en la que el otro tomaba su café a la hora de todos los días, porque ay Dios me aprieta el zapato, y levantó la pierna hasta donde más pudo para que viera, y el otro tuvo que hacer un buche de aire porque ¡ay-ay!