Desde las elecciones de julio de 1988 a la fecha, fungió como registro histórico de un acontecimiento que marcó la historia política y social de México; condición en el que la sociedad, o grandes sectores de ella, jugaron un papel protagónico en la lucha electoral y que representaba, en ese momento, a importantes sectores en la búsqueda por la democratización del país.
Momentos y condiciones que dan en el registro histórico de un proceso político que intentó, en medio del conflicto electoral y de la corrupción del sistema político mexicano, mostrarse como una tendencia de cambio y de acompañamiento al movimiento social surgido alrededor de la lucha contra el fraude. En este sentido, las posiciones de los algunos protagonistas del pensamiento crítico señalaron la ilegitimidad del resultado electoral de 1988; mientras González Casanova apuntaba que “la falta de legitimidad es un hecho político; proceso álgido en el que se le cuestionó al gobierno mexicano, a un grado sin precedente, el problema de ‘vencer sin convencer’”; Monsiváis señalaba: “En septiembre de 1988 la batalla evidente se da por una causa democrática, indispensable en el camino a la justicia social: la eliminación del fraude electoral, es decir el respeto a la voluntad ciudadana.” Lo interesante de la discusión ofrecida es apuntar a esa constante del sistema político mexicano, es decir, al hecho de que la democracia se ha desplegado fuera de las instituciones políticas del país; en este sentido Pablo Gómez planteó: “(… ) se trata del uso del poder, sin hegemonía republicana; mientras, en el otro extremo ha surgido una ciudadanía sin República que, después del seis de julio, se está convirtiendo en pueblo.”
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De aquél momento, el resultado fue como así lo reclamó la sociedad y los actores del pensamiento crítico del país, el fraude se impuso, burlando y ninguneando “el respeto a la voluntad ciudadana”, donde como bien lo sentenció Pablo Gómez, se recurrió al uso del poder hegemónico con la imposición de Carlos Salinas de Gortari, quien reafirma la imposición de un modelo económico y político neoliberal, que, a su vez, apegándose a dicho modelo tecnócrata como apátrida, acomoda los intereses de la nación hacia intereses neoliberales del capital extranjero y nacional, emitiendo “reformas” a la Constitución, para ir desmembrando la soberanía nacional en materia petrolera, energética, agraria, laboral, educativa y financiera.
Tiempo en el que la oposición de lo que fue el PRD, le costó cientos de militantes y líderes sociales fueran asesinados o desaparecidos. Entre tanto, las cúpulas empresariales y del Partido Acción Nacional, se acomodaron para cumplir con el precepto neoliberal de ir adelgazando al Estado y gobierno de sus funciones administrativas y de desarrollo, acusando que “ellos” por ser empresarios, saben y conocen “mejor que nadie”, el cómo administrar y crear condiciones de desarrollo económico y productivo nacional. Sin embargo, incluyó reformas constitucionales que resultaron del empobrecimiento de los campesinos, ante reformas de los artículos 24, 25 y 27 constitucionales, de ir privatizando al campo, despojando al campesino de su herencia e identidad. También en cuestión laboral y salarial, las exigencias se cumplen y dejan al desamparo a la clase trabajadora de todos los sectores productivos, reduciendo sus derechos laborales y sociales, porque se incluye el sector salud y educativo.
Con la firma del TLC se ensanchan las oportunidades de los capitales privados sobre los intereses nacionales. La respuesta social de ir siendo despojando de lo que la Constitución amparaba, mediante protestas y luchas, la respuesta es simple, represión.
Así se fortaleció la complicidad tecnócrata con Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Cada uno se apegó al guion neoliberal, preocupados de no desviarse ni perder el interés del capitalismo salvaje extranjero, quienes a nivel mundial despojan de su futuro a generaciones sociales. México no fue la excepción, al contrario, el proceso privatizador no tuvo límite. Ferrocarriles, comunicación (telefonía, televisión, de Imevisión a Azteca, y otros espectros radiofónicos, como ejemplo). la lucha contra retrocesos o castración educativa se inicia con De la Madrid; con Salinas se amplían las demandas universitarias para impedir que se cobren ciertas colegiaturas en ellas, lucha que logró tal propósito, no así el desmantelamiento de programas de estudio donde se eliminan materias como civismo y ética por razones obvias de ir sembrando la mente individual contra el gremial colectivo.
Las empresas estatales como Pemex y CFE, también padecen el desmantelamiento, la no inversión en mantenimiento, el olvido cómplice en ya no mantener ni actualizar plantas de refinería en cada derivado del petróleo, similar a la CFE. El sector salud también padece lo mismo.
El plan queda completado desde Vicente Fox y con Felipe Calderón, quienes dan la principal puñalada a la nación, hasta que con Enrique Peña, en 2014, luego de “meditar” cómo apuntalar y hacer cumplir finalmente el salinismo en la llamada Reforma Energética, recurriendo a los legisladores apátridas, se dan las paladas al ideario de Cárdenas de por qué nacionalizar y defender el petróleo, como también de Adolfo López Mateos con la nacionalización de la CFE, quien al emitir su discurso, advirtió que “malos mexicanos, comprometidos con capital extranjero y nacional, buscarían privatizar el bien nacional”. Así se cumplió el objetivo, sexenio tras sexenio.
Las paladas de intereses enterraron al cardenismo y a Mateos, con ello, a la nación y el futuro del pueblo; todo bajo el pretexto de la transformación y desarrollo nacional, bajo la batuta del capitalismo salvaje, quien no ha demostrado otorgar beneficio alguno a la sociedad, al contrario, al malbaratar las empresas energéticas del país, o su desmantelamiento, satisfacen los “argumentos” de que la inversión privada corregirá los errores energéticos, claro, si ellos así lo hicieron durante esos sexenios. Depender del capital privado a la nación. A secas.
De nada valieron las luchas sociales exigentes de justicia, porque casos como masacres, desapariciones y detenciones arbitrarias de ciudadanos, de líderes sociales, existen testimonios: Acteal, Aguas Blancas, El Charco, niños ABC, mineros enterrados por la corrupción cómplice. La lista es larga como larga la lucha. Aunado a la “guerra” desatada por Calderón con costo de miles de muertos y desaparecidos. Poco a poco se van revelando que todos ellos están coludidos con el crimen organizado, el resultado más crítico lo es la desaparición de los 43 normalistas.
En 2014 cobra forma y “final” la Reforma Energética, que parte de Salinas de 1990 a 1992 donde el poder y su partido, junto con el PAN, se impusieron en ambas cámaras legislativas para sus reformas, junto con sus aliados empresariales, venciendo a los reclamos sociales y al entonces PRD, quien aún era del pueblo que asumió su papel histórico ante la nación, se recurrió a todas las estrategias mediáticas para sembrar mentiras periodísticas, desprestigio y vituperios, de que estaban contra el desarrollo tecnócrata salinista. Cabe reconocer que Salinas supo o se conjugó para alinear a una parte de la nación para tales propósitos. Sin embargo, ante las violaciones sistemáticas de los derechos todos contra el pueblo y nación, se fue acumulando hartazgo y rencor, que deriva en protesta electoral en 2018-
2014 representa la fiesta de los contratos con su nueva Ley de Hidrocarburos -para reglamentar el artículo 27 constitucional- en el que se estableció que no habría posibilidad de cancelar los contratos cuando lo considere pertinente el “interés nacional” (artículo 20) y en los casos de rescisión administrativa se prevé la solución de controversias por arbitraje internacional (artículo 21). las nuevas figuras de contratos que legalizaron la Ley de Hidrocarburos, a la fecha, resultan leoninos y ventajosos para la inversión extranjera, al grado de que solamente el Estado estará supeditado a dichos intereses, usado en su infraestructura para la inversión privada y extranjera. Los efectos no son de beneficio nacional, sí para ellos. Al grado de que empresas españolas como Iberdrola y Repsol, logran ganancias aprovechando instalaciones nacionales, donde no invierten un centavo en mantenimiento como tampoco en nueva infraestructura. Pero, en España, dichas empresas junto con políticos similares a los mexicanos, la complicidad logra grandes ganancias, así encarezca el consumo de electricidad al pueblo español bajo argumentos falsos como corruptos.
Si tenemos historia donde es el pueblo quien logra ir creando identidad nacional amparados de una Constitución, la corrupción la entierra. La raíz ideológica del PRI que dista del Partido de la Revolución Mexicana de Cárdenas, así como del postulado de López Mateos, con Salinas, sobre todo desde que cada dirigente del PRI al actual, pierden su identidad ideológica, al ser cómplices del capital privado, y de cómo el magnate empresarial Claudio X. González, los compró e hizo una masa amorfa con el PAN y el cadáver del PRD, para intentar imponer su modelo fracasado de corrupción que la impunidad les garantizaba destruir a la nación y humillar al pueblo.
Historia que es el pueblo quien reclama hacerla suya, memoria social que exige reconstruir y recuperar una Constitución del pueblo. Aquí no se trata de las críticas de esta oposición empresarial convertida en política con sus tres siervos partidistas a un gobierno que fue el que decidió el pueblo por lo ya expuesto, es el hecho de hacer valer la voluntad social para recuperar la soberanía y dignidad nacional.
El PAN y capital privado jamás lograrán comprender ni racionalizar esas exigencias soberanas, imposible, porque su patria es el dinero, sin más; pero el PRI, que le cercenaron identidad y dignidad, ¿existirán entre ellos algunos que aún puedan definirse entre el ser y no ser alineado? Máxime que la lucha nacional se está jugando en ambas cámaras legislativas, bajo la presión del capital extranjero y nacional de privilegiar sus intereses por encima de la nación.
Un priismo decapitado podrá comprender el “ser o no ser, esa es la cuestión”, la primera frase del discurso pronunciado por el príncipe Hamlet en la obra de William Shakespeare, en el que plantea una profunda disyuntiva entre existir o no existir, vivir o morir, estar o no estar. Frase que la nación exige y reclama. Para el PRI, ser con identidad y dignidad histórica, adquiere un valor ético como axiológico, que empate con el reclamo social. La lucha del pueblo continuará y ampliará si actúa la traición y la impunidad con la que gozaron y anhelan con voracidad.
Lecturas recomendadas
González Casanova, Pablo. La democracia en México. Editorial Era, México. 1972
Katz, Friedrich. La guerra secreta en México. Ed. Era. México. 2011
Alessio Robles, Vito. Los tratados de Bucareli. México: A. del Bosque, Impresor. 1937
Córdova, Arnaldo. La política de masas del cardenismo. Ed. Era. México. 1974
Meyer, Lorenzo. México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero. El Colegio de México. México.1981
Pérez, Ana L. Pemex RIP. Ed. Grijalbo. México. 2018
Silva, Ludovico. Teoría y práctica de la ideología. Ed. Nuestro Tiempo. México. 1982
Villoro, Luis. El poder y el valor. Fondo de Cultura Económica. México. 1988
Sánchez Vázquez, Adolfo. Entre la realidad y la utopía. Fondo de Cultura Económica. México. 1999
Scherer García, Julio. Salinas y su imperio. Ed. Océano. México. 1997