Una vez más, imágenes de nuestro país dan la vuelta al mundo por lamentables hechos de violencia, esta vez por la riña sucedida en el Estadio La Corregidora en Querétaro en el partido entre Gallos Blancos contra el Atlas.
En las transmisiones oficiales se alcanza a ver la trifulca en las gradas, para luego ver cómo cientos de personas buscan resguardarse de las agresiones al ingresar a la cancha y se distingue cómo la violencia está en todo el estadio.
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Basta con buscar en Twitter para ver las imágenes y videos grabados por los propios aficionados donde se ven las agresiones en contra de los simpatizantes del Atlas, personas desnudas y ensangrentadas, familias corriendo, niños sin playera para no ser blanco de la violencia.
En un principio se hablaba de 17 muertos y al ver las imágenes difundidas el domingo nadie lo dudaba; sin embargo, autoridades locales y de Jalisco anunciaron que sólo hubo 22 heridos, dos de ellos de gravedad.
Después de todo lo anterior la tibia Federación Mexicana de Futbol, dirigida por Mikel Arriola determinó detener la jornada y anunció cinco medidas, las cuales sólo son de carácter administrativo de la Federación.
Las sanciones que determine la FMF tendrán que ser ejemplares para que los demás dueños de equipos de futbol la piensen antes de violar los acuerdos a los que lleguen después de esta tragedia.
Pero esas sanciones son del orden privado, diferentes a las que tendrán que investigar y ejercer las autoridades locales y federales como: ¿por qué no había fuerza pública?, ¿por qué no se protegió la zona de visitantes como se ve en otros estadios?, ¿por qué se observa a la seguridad del estadio abrir las puertas para que invadan a la porra visitante?, ¿hubo grupos del crimen organizado detrás de estos actos?
La FIFA condenó los hechos y alienta a las autoridades locales a hacer justicia rápidamente en relación con aquellos individuos responsables. Pero sobre el papel de México en los mundiales no ha dicho nada.
Lo cierto es que los intereses económicos como televisoras y cerveceras que están alrededor del futbol y de los grandes espectáculos masivos como el box, seguirán predominando. La violencia en los estadios sólo será vista como un daño colateral, pero nadie asumirá la responsabilidad para erradicarla; sólo darán excusas y dejarán que el tiempo borre esos recuerdos.
Si queremos que México haga la diferencia debemos procurar que la sana convivencia prevalezca ante la barbarie y el fanatismo. No hay pretexto de ninguno de los actores involucrados en la cruenta trama que se vivió en el Estadio La Corregidora de Querétaro.
Por el bien del deporte y del futbol nacional, pero sobre todo de quienes lo practican, que son niños y jóvenes en su gran mayoría, es el momento de replantear este tipo de actividades.
La seguridad debe ser la prioridad, pero no la limitante para generar una cultura de la civilidad y la no violencia en la sociedad mexicana. Es el momento de hacerlo, no habrá una segunda oportunidad porque, si esto se repite, la barbarie es nuestro lamentable destino.