En el marco del Diálogo de Alto Nivel en Seguridad México-EU efectuado hace unos días, el canciller Marcelo Ebrard dio por sepultada la Iniciativa Mérida, vigente por 14 años y que fue firmada en el mes de octubre de 2007 por los gobiernos del panista Felipe Calderón y el republicano George W. Bush. Según sus cálculos, la relación bilateral atraviesa por un cambio para pasar de una cooperación asistencialista, limitada y asimétrica a una entre iguales bajo un nuevo programa que se llamará ‘Entendimiento Bicentenario’.
Al final de la reunión convinieron hacer su propuesta y presentarla en el mes de diciembre.
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No es por aguarle la fiesta al Canciller, pero de que le seguiremos haciendo el trabajo sucio a Estados Unidos, lo vamos a seguir haciendo.
Ahí le va lo que fue la Iniciativa Mérida…
Para comenzar, fue un instrumento lleno de secretos. Los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón firmaron con Estados Unidos esquemas de cooperación en materia de seguridad y migratoria totalmente injerencistas, cuyos impactos e intensidad sólo fue revelada en pequeñas gotas informativas y dispersas en los diarios.
Hasta hoy son inciertos los alcances de la influencia del gobierno de Estados Unidos en nuestro país, que con el pretexto de fortalecer el sistema de seguridad utilizó a dependencias inexpertas como los brazos ejecutores de sus planes, políticas y pesquisas, particularmente la PGR, el Cisen y las Secretarías de Marina y Gobernación, a través del Instituto Nacional de Migración.
Informes de organizaciones de la sociedad civil y de la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos han establecido que lejos de disminuir, las violaciones a los derechos humanos crecieron con una tendencia a la diversificación de los delitos. Y a esa mezcla de inseguridad, criminalidad y violencia, se suma la política de securitización desplegada por el gobierno mexicano, patrocinada por Estados Unidos para aumentar las detenciones de migrantes y limitar su derecho a solicitar asilo o transitar por territorio mexicano.
Desde 2007, México se comprometió a mejorar sus capacidades operacionales para combatir al narcotráfico y al crimen organizado, en tanto que EU prometió que intensificaría sus esfuerzos para enfrentar todo lo relacionado al tráfico de drogas (incluyendo la demanda dentro de su territorio) y continuaría combatiendo el trasiego de armas y de dinero efectivo hacia México. Obvio, nada de esto se cumplió. Pero lo que sí pasó es que los vecinos aumentaron la cooperación y el intercambio de información en tiempo real sobre temas criminales.
Para aumentar la capacidad operativa de las dependencias mexicanas, las estrategias incluyeron la transferencia de equipos y recursos técnicos orientados al intercambio de información. También se incluyeron programas de capacitación e intercambio de expertos. Lo que no se incluyó fue el despliegue de personal militar o aduanal en México.
En el ámbito migratorio se centró en tres aspectos específicos: equipamiento, tecnología y entrenamiento. La Iniciativa Mérida, contrario a lo que piensa nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, nunca fueron cheques en dólares.
Ahora bien, la Iniciativa Mérida dio paso a la puesta en marcha el 7 de julio de 2014 del Programa Integral Frontera Sur, también financiado por Estados Unidos, cuya finalidad fue la “protección” de los migrantes que transitan por el país con destino a Estados Unidos. Aunque a juicio de especialistas en el tema, este programa se destacó por su falta de transparencia y de planeación.
Lo que ocurrió es que México se alineó con los intereses de la política inmigratoria de Estados Unidos, de la misma forma que los países del Triángulo Norte Centroamericano, y, siguiendo las lógicas de seguridad nacional, el gobierno mexicano amplió considerablemente su labor de contención del flujo de migrantes centroamericanos con destino al país del norte.
Con el Programa Frontera aumentaron las redadas masivas para detener a migrantes. Las cifras no engañan. De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria, durante el año 2013, -el primer año de gobierno de Peña Nieto-, el Instituto Nacional de Migración detuvo a 86 mil 298 migrantes. En 2014, la cifra aumentó 47 por ciento al detener a 127 mil 149 migrantes de tránsito.
En 2015 se detuvieron a 198 mil 141 migrantes. De hecho, en ese año México detuvo a más migrantes centroamericanos que la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
Para 2017, ya con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, el ritmo de detenciones del INM cayó a 95 mil 497, pero para los primeros tres primeros meses de 2018, las capturas aumentaron para tener 32 mil 714, una cifra que supera en 35 por ciento lo ocurrido en el primer trimestre de 2017.
Este año ya llevamos cifras récord de detenciones. Así que habrá que echarse un rosario para ver si fuerzas divinas nos ayudan a quitarnos al Imperio de encima. La verdad, no veo cómo…
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