¿Quién custodia al custodio?

Martes, Octubre 12, 2021 - 18:54

El Fiscal General de la República, aunque es formalmente autónomo, actúa bajo la venia presidencial

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.

No recuerdo a ningún fiscal o procurador de la República tan cuestionado como Gertz Manero. La respuesta puede estar en que cambiamos nuestras leyes, pero de manera insuficiente, y además no cambiamos nuestras costumbres. El ahora fiscal es formalmente autónomo, aunque en los hechos actúa bajo la venia presidencial.

Cuando el cargo que ahora ocupa el Fiscal General de la República, antes llamado Procurador, era designado por el Presidente de la República, los excesos que ahora vemos eran impensables. Serían achacados directamente al Presidente. Lo más probable es que el procurador no cruzara esos límites. Pero si lo hacía, sería removido por su superior.

Hoy tenemos un fiscal formalmente autónomo. Debido a esa autonomía, el presidente de la República no tiene una responsabilidad directa en los errores de la fiscalía. Aunque los hechos dicen otras cosas.

Cuando Gertz Manero hizo públicas las acusaciones contra el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, enfatizó que no había ninguna intención política en ellas. ¿Dónde lo hizo? En el lugar y en el momento más político del país, en el Palacio Nacional, en la hora en que el presidente daba su informe diario. Con la venia presidencial.

Pasa lo mismo que con otros cargos públicos. Terminamos con un sistema de rendición de cuentas, informal y arbitrario, sin sustituirlo por otro, sustentado en las leyes. En las décadas anteriores el Presidente de la República era el contrapeso contra ciertos abusos. Procurador, secretarios de Estado, gobernadores sabían que si cruzaban ciertos límites tendrían la sanción de la presidencia. Esa sanción ya no existe. Pero no hay un sustituto.

Puede haber algo de injusto en estas apreciaciones. Es fácil ver los errores de la Fiscalía, y difícil ver sus aciertos, que pueden ser muchos, pero no dan para nota informativa. Pero qué le vamos a hacer. Así son las cosas.

Que un delincuente confeso de corrupción cene, en horario estelar, en un restaurante de lujo, es más que un símbolo. Es una realidad que puede enterrar todo el discurso del gobierno actual contra la corrupción.

El “testigo colaborador” Lozoya no ha cumplido con su compromiso de presentar pruebas sólidas contra algún funcionario de mayor nivel al cargo que él ocupó. ¿Lo hará? ¿Se le aplicará la ley si no lo hace?

En contraste, y como pesadilla de república bananera, vemos desfilar a algunos de los científicos más destacados del país frente a la fiscalía.

Necesitamos un diseño institucional que evite estos abusos. O, en su caso, los corrija con la destitución del fiscal.