De empresarios y políticos poblanos

Domingo, Octubre 10, 2021 - 09:11

La bajeza y la avaricia no discriminan, son simétricas en especímenes de ambos sectores

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Hace unos días circuló un video que escandalizó al medio poblano. Exhibió a empresarios con bromas procaces en una reunión formal. Realmente un suceso vulgar y corriente. Eso dio pie a que los criticaran en el mundillo gubernamental, donde tampoco están exentos de comportamientos bajunos.

Lo corriente no es privativo de un ámbito u otro. Es consustancial al ser humano. La ordinariez vuelve idénticos a individuos carentes de educación. Y la educación es un producto lácteo. Quien la tiene muestra la calidad materna.

Quien no, la ausencia materna.

Viene a cuento esto por algunas anécdotas que exhiben tales miserias humanas.

Hubo aquí un gobernante patán en grado mayúsculo. Cierta noche acudió a una cena a la casa de un empresario amigo suyo. Había otros cuatro invitados. Con el paso de la noche se multiplicó el copeo. Y ya se sabe, el alcohol no cambia a los individuos, como se dice, sino que los exhibe como realmente son.

La esposa del anfitrión procuró una atención esmerada para los invitados. Todo transcurría muy bien. De pronto, el gobernante cometió un exabrupto cerril: le faltó el respeto a la señora con una caricia en el tafanario. La dama volteó y le propinó una sonora cachetada al zafio y lo arrojó al suelo.

Estalló el escándalo. El borracho fue sacado tambaleante. En ese instante se acabó la cena entre insultos y condenas.

Ese era el signo cavernario del sedicente de Champusco.

Una de avaricia

Este era un empresario conocido entre sus amigos como “El Bobo”, justamente por su carencia de talento y agilidad mental. Cierta ocasión recibió un favor extraordinario de una institución bancaria. Le otorgaron un cuantioso crédito para cerrar una exitosa operación.

Al final del negocio le anunció al importante banquero que la siguiente semana viajaría a Houston. “¿No se te ofrece algo? Dime qué quieres, me dará mucho gusto servirte...”

El benefactor dejó cortésmente de lado la oferta. El otro insistió: “Dime… ¿qué quieres que te traiga?” Finalmente aceptó: “Mira, hay una loción que me gusta y que no llega fácilmente a México”, y le dio la marca.

A los veinte días regresó “El Bobo” e hizo su entrada muy ufano a la oficina del banquero, con la loción en alto y repartiendo sonrisas. Se la dio al gerente con un fuerte abrazo. Este la agradeció -Dime, ¿cuánto te debo..?.

-Mira son 34 dólares. Ahí tienes lo prometido.

La gratitud del potentado brilló por su ausencia. Pero ahí no paró la historia. Se despidieron cordialmente y de pronto el empresario regresó a la oficina:

- Oye mi hermano, perdón, se me olvidó, no te incluí el tax, fueron 4 dólares…

El mecenas se los pagó y lo despachó con improperios…

Otra del mismo autor

Antes del préstamo bancario “El Bobo” protagonizó otra historia, muy propia de cierto tipo de empresarios poblanos.

Una noche invitó a tres amigos a una residencia de la colonia La Paz para celebrar un jugoso negocio que se había cerrado la víspera. Acudieron y hubo viandas y se brindó con largueza, vinos y champaña. El momento lo merecía, era el principio de una era de bonanza vía gubernamental mediante el intermediarismo.

La cena se prolongó hasta bien entrada la madrugada.

Al concluir, ya en la puerta de su casa llamó y jaló hacia un rincón de la acera al propiciador de la alianza dorada que esa noche se había cerrado, y le dijo:

- Oye mi hermano, casi se me pasaba, ves que compre unas champañas; te molesto con cuatro mil pesos, lo que nos toca a cada uno…

Ese era el estilo característico del personaje, una avaricia monumental.

Como este caso, hay muchos granos en la mazorca. Ya la iremos desgranando.

Mientras, dejemos a los sabios de la historia sus reflexiones sobre bajeza y avaricia:

“No hay clases bajas; lo que hay es hombres bajos, que se encuentran con más frecuencia en las clases altas”: Francisco Giner de los Ríos.

“Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas”: Publilio Siro.

xgt49@yahoo.com.mx


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