Bucle creatividad-responsabilidad en educación

Lunes, Octubre 4, 2021 - 07:29

Eduquemos en una creatividad responsable y una responsabilidad creativa que forme ciudadanos

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

“Precediendo en bien poco estos nuevos poderes de creación, la mente humana ha desarrollado poderes de aniquilación. Como es a la vez genial y débil, posee capacidades que pueden ser terroríficas si le falta la consciencia y responsabilidad”.

Edgar Morin. Método V. La humanidad de la humanidad, p. 121.

“Entre los grandes misterios de la mente está, efectivamente, su creatividad” dice con razón el padre del pensamiento complejo al analizar una dimensión central que distingue al ser humano, a esta especie de homo sapiens-demens, de todas las demás especies animales.

En efecto, sólo el ser humano es capaz de crear, es decir, de transformar lo dado en la naturaleza en algo distinto. Por este dinamismo humano fundamental como lo llamaba el filósofo Juan Bazdresch S.J., el mundo va adquiriendo forma humana a partir de la combinación inédita o novedosa de los elementos del entorno por individuos que son capaces de “ver la tarde de siempre con otra mirada” como dice el bello poema breve Lugares de Xavier Villaurrutia.

“La creatividad humana es técnica… también es estética… es intelectual… Igualmente es social… pero incluso en este caso necesita individuos…” sigue diciendo Morin; y aunque parece obvio, resulta pertinente aclararlo dado que muchas veces pensamos que la creatividad se relaciona única y exclusivamente con el arte y que sólo los artistas son creativos.

Pero es gracias a la creatividad que se han inventado los artefactos y las máquinas, desde las más sencillas como la rueda, el arado, las flechas o lanzas para cazar y procurar el alimento de los hombres primitivos hasta las más sofisticadas computadoras y robots o los aparatos o edificios inteligentes que son hoy una realidad.

También son producto de la creatividad las grandes teorías filosóficas, los conocimientos que aportan las ciencias naturales para conocer cada vez mejor a la naturaleza y sus aplicaciones para hacernos la vida práctica más cómoda y sencilla, o las aportaciones de las ciencias humanas y de las ciencias sociales para conocernos mejor y explicarnos los comportamientos individuales, los procesos históricos o los conflictos sociales.

Por supuesto que también la creatividad es estética y son producto de ella todas las manifestaciones artísticas que combinan formas, colores, texturas, materiales, sonidos, palabras y movimientos corporales para expresar sentimientos y conflictos humanos de una forma bella y significativa.

Y como dice el filósofo canadiense Bernard Lonergan, la creatividad es también dramática porque la más compleja obra de arte que cada persona tiene que ir construyendo y resignificando continuamente es su propia vida, en un proceso de construcción de un personaje dentro del drama de la humanidad en la historia. Un personaje y un drama que no están predeterminados ni escritos, sino que se van continuamente definiendo y reconfigurando conforme se va viviendo.

El dinamismo de la creatividad y sus productos es, como dice Morin, un gran misterio. Se trata de un campo que han estudiado tradicionalmente la Filosofía y la Psicología y más recientemente las Neurociencias pero que no es posible capturar, definir, medir o predecir como muchos otros fenómenos que estudian las ciencias. Se trata de una dimensión o dinamismo que Fullat considera “meta-empírico”, imposible de captar del todo en datos observables y clasificables o medibles.

Para Fullat, los modelos pedagógicos han considerado en diferente medida y con distinto énfasis dos dimensiones humanas que sí son estudiables científicamente: la que él llama Physis, la dimensión del desarrollo físico y psíquico -cognitivo y emocional- que debe desarrollar la escuela en los niños; y la que llama Polis, la dimensión de socialización que señalaba Durkheim como labor fundamental de la educación para llevar al niño del estado de naturaleza -cuasi animal, espontáneo- al de cultura, para irse construyendo humanamente según los significados, valores y creencias de la sociedad en la que nace y crece.

Pero hay una tercera dimensión que toda educación debería considerar y que es la que tiene que ver con la creatividad. Se trata de la dimensión que, desde el hebreo, Fullat llama Ruah y define como “la desmesura del espíritu humano”, el misterioso proceso que hace que los humanos seamos impredecibles y sujetos capaces de auto-construirnos gracias a, pero también en contra de las identidades que los otros significativos y la misma sociedad pretenden atribuirnos, como dice Charles Taylor.

Esta forma humana o esta proporción humana que va tomando el mundo a partir del ejercicio acumulativo y progresivo de la misteriosa capacidad de crear que tenemos todos los seres humanos y de imprimir significado a lo que pensamos y hacemos no es lineal ni siempre positiva.

Porque el dinamismo creativo, como todos los demás dinamismos y elementos de la vida humana, está sujeto a la dialéctica entre progreso y decadencia, tanto en lo individual como en lo social y en lo cultural. Desde una de las perspectivas del término dialéctica que plantea Lonergan -en este caso en su obra magna Insight- se trata de procesos en los cuales hay dos fuerzas en tensión que son contrarias pero necesarias para poder comprender y explicar un fenómeno.

En el caso del ser humano en su devenir en la historia, están presentes siempre fuerzas y tendencias que llevan a la autorrealización y al desarrollo humano individual en tensión con fuerzas y tendencias que bloquean este desarrollo; fuerzas y tendencias que promueven un auténtico bien de orden en las sociedades humanas contrapuestas a fuerzas y tendencias que corrompen las instituciones y llevan a la decadencia; fuerzas y tendencias que impulsan el desarrollo cultural hacia estadios más humanos con fuerzas y tendencias que distorsionan y deshumanizan la cultura.

De este modo, el dinamismo creativo individual y colectivo produce ideas, proyectos, instituciones, leyes, iniciativas, formas de gobierno, tecnologías, conocimientos científicos, teorías filosóficas, etc. que apuntan hacia la humanización progresiva de las personas, las comunidades y la humanidad en general, pero también genera otras ideas, proyectos, instituciones, leyes, iniciativas, formas de gobierno, tecnologías, conocimientos científicos y teorías filosóficas que contribuyen a la deshumanización individual y colectiva.

Porque la creatividad humana ha dado como resultado el avance continuo de la Medicina pero también los experimentos médicos contrarios a la dignidad humana que realizaron los nazis por ejemplo; ha producido tecnologías que generan progreso en las sociedades pero también ha desarrollado tecnologías que destruyen progresivamente el medio ambiente; ha creado obras artísticas que recrean el espíritu humano y también manifestaciones estéticas que exaltan lo inhumano; ha generado la internet y las redes sociales que permiten la comunicación interpersonal que rompe la barrera de la distancia pero también produce muchas veces la propagación de información falsa, de discursos de odio y polarización social.

Es por ello que resulta indispensable que los educadores tratemos de promover la creatividad de las nuevas generaciones de ciudadanos de nuestro país y del mundo, pero teniendo en cuenta esta visión dialéctica para no educar desde una concepción simplificadora que impuse la creatividad sin pensar en su orientación y en el sentido de sus resultados.

Se trata de educar la creatividad conceptualizándola de entrada en un bucle retroactivo y recursivo con la responsabilidad, de manera que no se desarrollen solamente habilidades de innovar por innovar, sino que se planteen procesos de desarrollo de la creatividad con sentido humano.

El mundo actual está lleno de propuestas y novedades que se difunden diariamente sin considerar si aportan elementos para la humanización o contribuyen a la decadencia social y cultural de este tiempo de crisis civilizatoria que vivimos.

Los educadores no podemos unirnos acríticamente al coro de quienes promueven la creatividad como desarrollo de propuestas superficialmente distintas que contribuyen a saciar el hambre de novedad de un sistema generador de desigualdad, pobreza, violencia y exclusión.

El mundo necesita hoy del desarrollo de la creatividad de las personas y los grupos humanos, pero de una creatividad responsable que se haga cargo de la profunda crisis humana que vive el mundo de hoy y busque generar propuestas auténticamente transformadoras que contribuyan, en palabras del padre del pensamiento complejo, a “salvar a la humanidad, realizándola”.

Eduquemos en esta creatividad responsable y en una responsabilidad creativa que forme a los ciudadanos del futuro para darle al mundo una auténtica forma humana.


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