El contundente triunfo de la opción progresista dirigida por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), actual presidente de la República, dictó que los mexicanos nos orientáramos por terminar con la corrupción, la impunidad, y cualquier forma de saqueo, que los integrantes de los grupos de la franja del poder dominante realizaron durante al menos 30 años. Ellos se agruparon en lo que se llamó el grupo Neoliberal, que reivindicó como solución a los problemas del país pasar a poner en el primer plano la dinámica del mercado y a desmantelar lo que sería la presencia del Estado, se impulsó la desregulación de las actividades de la sociedad y se estimuló como panacea un alud de privatizaciones.
Para lograr sus propósitos procedieron a estructurar una red de poder que les permitió secuestrar el estado. De hecho, los grupos de intereses alegóricos privados se adueñaron de manera directa o por medio de sus representantes en la política para establecer una estructura jurídica e institucional que favoreciera sus intereses. De ese modo, se explica que las más escandalosas operaciones en contra del patrimonio de la nación las convirtieran en acciones respaldadas legalmente, aunque no legítimamente por esas acciones inmorales y contrarias a cualquier conducta ética en el ejercicio de la gestión pública.
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Conviene tener cuidado en no rechazar injustificadamente las ventajas que puede garantizar la presencia y operación de la economía del mercado. Los que sostienen que es positivo dejar que operen las fuerzas del mercado se refieren a una operación del mercado en condiciones de competencia perfecta o cerca de ella, lo que significa que se opere en una dinámica en la que ningún actor económico pueda por sí mismo influir en el comportamiento de las fuerzas del mercado, en las cantidades a producir de las mercancías, el precio al que se vendan y, por supuesto, que no se pueda influir de manera artificial en los márgenes de ganancia. Sostienen también que se debe conseguir una situación de competencia perfecta para llegar al óptimo en las variables que he mencionado, así que bajo esas circunstancias sería lograr el óptimo para obtener los beneficios económicos y sociales de la dinámica del mercado.
Lo mencionado es lo ideal, el problema es que la realidad de la economía capitalista se parece muy poco a esa dinámica ideal, basta con mencionar algunas de las ramas de producción importantes para convencernos de que lo que impera es lo que se denomina como competencia imperfecta, por ejemplo en la industria automotriz tenemos a un número pequeño de empresas acaparando la producción mundial de automotores en el mundo; en la industria de los medios de comunicación también son pocas a nivel mundial, en las plataformas de medios de comunicación se presenta el mismo fenómeno, y así sucesivamente se observa en la mayoría de las actividades en las economías de las distintas naciones que conforman el planeta, donde se da el predominio de grandes empresas monopólicas y duopólicas. Una realidad como esta define que los que se han constituido como tales tienen una dinámica que los protege de tener competidores, por lo que se denomina barrera a la entrada en las distintas actividades y el importante muro que se conforma por que para entrar en la dinámica se requiere capital en montos considerables que se erigen como prohibitivos.
En lo que corresponde a las decisiones relacionadas con la justicia, la equidad y las variables con las cuestiones de la sociedad de carácter ético y político, de ningún modo se puede confiar en que la dinámica del mercado lograra resolverlas. Por ello, una de las grandes características de la transformación progresista de la 4T consiste en reordenar los criterios para tomar las decisiones poniendo en primer lugar los criterios relacionados con el interés de la sociedad mexicana, por encima de los intereses de los negociantes se debe respetar el derecho a realizar actividades empresariales, pero en el ámbito de lo económico siempre guardando el cuidado de que estén subordinadas al interés de la nación. En donde definitivamente se debe tener mucho cuidado es de evitar privilegiar el interés corporativo en los problemas que tienen que ver con la justicia la honestidad, así como la solución a los problemas de mala distribución de la riqueza y la gran desigualdad en las condiciones de los niveles de vida, y la diametral mala distribución de los ingresos; por todo ello resulta muy complejo gobernar impulsando cambios que tiendan a resolver estos enormes retos.
Se tiene que lograr encauzar el ritmo de crecimiento de la economía y, al mismo tiempo, lograr que el fruto de ese crecimiento tienda a mejorar la distribución de los ingresos y la distribución de la riqueza que permita lograr para todos los mexicanos mejores niveles de vida. Se tiene que construir una estrategia que siente las bases para conseguir lo expresado. Es por ello que las iniciativas que debe impulsar la 4T deben considerar los ritmos y formas del cambio y, al mismo tiempo, debe diseñar un camino para los integrantes de la sociedad mexicana que trabajaron en la dinámica anterior encuentren la posibilidad de sumarse al esfuerzo que se oriente a lograr un México más próspero, en beneficio de la mayoría de los mexicanos.
En tal perspectiva es bueno recordar los principales ejes del programa que se planteó en el 2018 para conquistar el apoyo de los mexicanos:
México fue uno de los países en los que este modelo fue aplicado de manera más encarnizada, brutal y destructiva, y uno en los que duró más tiempo. Ello fue así porque la pequeña élite político-empresarial que lo impuso se adueñó de las instituciones y se perpetuó en ellas mediante sucesivos fraudes electorales. Pero ese largo y oscuro periodo terminó. En la elección del 1 de julio de 2018 el pueblo de México determinó un cambio de rumbo en la vida pública y en las instituciones. Fue una sublevación legal, pacífica y democrática fruto de una paulatina toma de conciencia; el pueblo se unió y se organizó para enterrar el neoliberalismo.
Hemos llamado a este mandato popular y social la Cuarta Transformación, porque, así como a nuestros antepasados les correspondió construir modelos de sociedad para remplazar el orden colonial, el conservadurismo aliado a la intervención extranjera y el Porfiriano, a nosotros nos toca edificar lo que sigue tras la bancarrota neoliberal, que no es exclusiva de México, aunque en nuestro país sea más rotunda y evidente. Sin faltar al principio de no intervención y en pleno respeto a la autodeterminación y la soberanía de las naciones, lo que edifiquemos será inspiración para otros pueblos.
Tenemos ante el mundo la responsabilidad de construir una propuesta pos neoliberal y de convertirla en un modelo viable de desarrollo económico, ordenamiento político y convivencia entre los sectores sociales. Debemos demostrar que sin autoritarismo es posible imprimir un rumbo nacional; que la modernidad puede ser forjada desde abajo y sin excluir a nadie y que el desarrollo no tiene porqué ser contrario a la justicia social. Tales son los lineamientos en los que se enmarca el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y estos son los principios rectores de la propuesta:
1. Honradez y honestidad
2. No al gobierno rico con pueblo pobre
3. Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie
4. Economía para el bienestar
5. El mercado no sustituye al Estado
6. Por el bien de todos, primero los pobres
7. No dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera
8. No puede haber paz sin justicia El respeto al derecho ajeno es la paz
9. No más migración por hambre o por violencia
10. Democracia significa el poder del pueblo
11. Ética, libertad
Cuando lo que se pretende es modificar la esencia de la estrategia aplicada a lo largo de los pasados treinta años en México, y en buena parte de las economías más importantes del mundo; un propósito como el que se ha definido por el presidente Andrés Manuel López Obrador, va en el sentido de superar lo que genéricamente se ha denominado como el Neoliberalismo, y que básicamente consiste en modificar como criterio ordenador de la sociedad el predominio del mercado y la conformación de un estado mínimo, el estado necesario para asegurar los mecanismos del mercado, es decir los intereses insaciables de los grandes negociantes. Modificar eso es un asunto sumamente complejo y muy riesgoso.
Cuando los grandes negociantes decidieron impulsar un modelo de desarrollo afín a sus intereses, iniciaron su trabajo con el objetivo de capturar al estado y desde esa trinchera construir un entramado legal e institucional que les permitiera realizar en las mejores condiciones los propósitos asociados con el funcionamiento del capitalismo más primitivo, en el extranjero. La tendencia al predominio de los criterios del neoliberalismo es aún dominante en la mayoría de las instituciones internacionales en el FMI, OCDE, BM y en muchas de las Instituciones más importantes en el ámbito mundial. Una pista que puede reforzar mi afirmación es que un exfuncionario, José Ángel Gurria del gabinete del expresidente, Carlos Salinas de Gortari es el presidente de la OCDE, una de las instancias internacionales que insiste en anunciar que la gestión del presidente va por mal camino. Enfrentar esos intereses no es una tarea sencilla.
Se torna más complejo cuando se tiene que tomar en cuenta que mucho de lo que se está modificando afecta los intereses creados, de los que fueron y siguen siendo jefes de esos importantes personajes.
Se ha decidido poner orden en el país, se han corregido las actitudes frívolas, suntuosas y despilfarradoras; ya se canceló la pensión a los expresidentes, se modificó el uso de las guardias presidenciales, se cambió también lo que se hacía el día del informe presidencial, se modificaron, del mismo modo, los mecanismos que aseguraban los negocios leoninos de los grandes magnates del comercio y de las finanzas, el primer ejemplo de ello fue la cancelación de los negocios relacionados con el NAIDCMX que se había decidido por ellos, (los magnates de los negocios y de la política) hacerlo en Texcoco.
Los señores de los negocios se quejaron porque ellos habían tomado esa decisión apegados a lo establecido en la ley, cierto, pero justo lo complicado de la modificación de la estrategia del país tiene que ver con una de las formas más complejas de la corrupción que es la “captura del estado” por parte de los magnates de las finanzas y de la política, los que crean marcos institucionales y legales para que sus fechorías sean perfectamente legales. A eso le apuestan los que hoy se encuentran acusados de delitos que se agrupan en el concepto de corrupción. Lo que ellos aún no asimilan es que el triunfo de AMLO representa de verdad un cambio en la dinámica de todas las acciones relacionadas con la vida del país.
Ya se generaron leyes que cancelan las viejas formas de eludir las responsabilidades de los servidores públicos en las decisiones de ellos; ya no basta que estos no hayan firmado los contratos que representan hechos irregulares, sino que ahora basta con que un subordinado, par o jefe del funcionario realice acciones irregulares y no las denuncie para que se les considere, al menos, como cómplice del hecho denunciado.
Así por el estilo se ha comenzado a crear un marco legal e institucional para generar lo que ya se está consolidando, se han dado cambios en la conducta de los funcionarios de la nueva administración.
Considero que los miembros del grupo dominante anterior deberían tomar en serio que hay un nuevo régimen, que se trata de que cambien de conducta si quieren integrarse a la dinámica de la nueva sociedad.
Para integrar el nuevo bloque histórico dominante que tiene el propósito de construir una sociedad más justa, el Presidente, tuvo que estructurar un núcleo de hombres comprometidos con el cambio hacia la nueva sociedad mexicana; en donde se incluyen ciudadanos y ciudadanas que durante sus vidas han defendido el proyecto de nación que incluye esencialmente la libertad, la justicia y la igualdad, algunos que después de estar en los grupos dominantes anteriores se distanciaron de las élites por no compartir sus conductas autoritarias excluyentes y, sobre todo, por sus acciones de corrupción. En ese enorme grupo de ciudadanas y ciudadanos que se han definido por el cambio representado por la Cuarta Transformación se cuentan muchos que hace poco tiempo combatían al lado de los que apoyaban a los miembros de la élite que se identificaba con las políticas neoliberales. Para el triunfo y estructuración del proyecto de la Cuarta Transformación todos son necesarios, y se les debe dar espacios para que continúen realizando su labor política, sin olvidar que además de las capacidades para gobernar, reales o supuestas, siempre será importante considerar que el proyecto de transformación debe quedar a resguardo de los que sí garantizan su desarrollo y su defensa.
El bloque de los beneficiarios y defensores del Neoliberalismo fue desplazado del gobierno federal, y de algunos gobiernos estatales y de un buen número de municipios, pero para los partidarios de la Cuarta Transformación, debe estar muy claro que ellos aún conservan una presencia muy importante en los organismos internacionales, que, igual que ellos defienden el proyecto neoliberal, ellos son bastante identificables. Conservan un muy significativo número de gubernaturas y de gobiernos municipales, ello se traduce en la posibilidad de que desde allí se atrincheren y tengan como propósito minar las bases de apoyo para el nuevo proyecto.
Siguen sosteniendo la idea de que los criterios que les garantizaban sus voraces negocios son los adecuados, para ello echan mano de su presencia en órganos institucionales afines con su proyecto, tal es el caso de universidades, organizaciones patronales, sindicatos y los órganos autónomos que ellos conformaron y que se identifican con su proyecto.
En el caso de las universidades se destacan varias de las privadas, aunque no faltan algunas entre sus partidarias instituciones de Educación Superior de carácter público.
En los órganos del Poder Judicial cuentan con fiscales, con un buen número de los integrantes del TEPJF, con varios magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con varios grupos parlamentarios en las cámaras del Congreso de la Unión, en el INE y la mayoría de los OPLES. Tienen una presencia muy significativa en partidos políticos nacionales y locales que de manera individual o de manera coaligada siguen empeñados en restablecer los privilegios que venían disfrutando. Todo esto forma lo que toda democracia plantea como reto para integrarlos a la nueva dinámica política de la nación, después de un triunfo de una opción que prometió una modificación profunda de la dinámica nacional.
Lo más complejo del panorama es que lo descrito no es ajeno a un entramado en los negocios que la clase dominante venía realizando al amparo de las redes de poder, con la captura del Estado los negociantes de los combustibles con licencias legales se asociaban a los que desde el mismo Pemex sustraían el combustible para venderlo sin ningún problema en sus establecimientos legales. Los que se dedican a la venta de sustancias prohibidas contando con el aval de funcionarios importantes podían desarrollar sus actividades con la protección de los que en ese momento se incluían en los altos segmentos de la clase dominante.
Los gobiernos que se identificaban con los criterios sociales del mercado fomentaron negocios rentables, y de manera frecuente se mezcló a los recursos financieros legales y legítimos con recursos de procedencia dudosa. Esa dinámica se dio durante decenas de años y, claro, ello se tradujo en una poderosa red de negocios asociados al crimen organizado que ahora cuentan con mucha presencia en los órganos del estado, con los que los dirigen o les dan protección; cuentan además con grupos armados que se asemejan a los ejércitos privados, y se han infiltrado en las mismas entrañas de la sociedad en ciudades y en algunas comunidades.
Con estas consideraciones es más entendible lo que la Cuarta Transformación viene planteando. Tiene que desmantelar la acción de los partidarios del neoliberalismo para evitar que socaven las bases de la transformación progresista profunda y, al mismo tiempo, debe evitar que, desde los órganos de poder que aún conservan los vinculados al crimen organizado, operen para socavar el prestigio de la Cuarta Transformación. Parece que por la preocupación de los cárteles delincuenciales, por su posible extinción, han aumentado sus actos violentos para evitar que la sociedad mexicana se identifique plenamente con el proyecto del presidente AMLO, que en este aspecto, básicamente significa lograr pacificar el país, consolidar el estado de Derecho, mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos, evitar la corrupción y acabar con la impunidad de los delincuentes ordinarios y los profesionales, así como, a los que les han dado cobertura.
Formulado así el problema de las transformaciones, significa que al mismo tiempo que se transita en los cambios, se tiene que conformar el nuevo bloque histórico de gobierno del estado y además de tener una administración eficiente, ya es el momento de que el equipo del gobierno de la Cuarta Transformación ponga a trabajar con mayor intensidad a todos los secretarios de estado y a sus secretarías para potenciar la acción de las políticas progresistas de la transformación social de México. Paralelamente se tiene que abrir espacio para que estructure y se conforme un gran movimiento que respalde y consolide la organización comprometida con los cambios necesarios para otorgarle solidez al proyecto progresista del presidente AMLO.
Paralelamente se tiene que entender que por lo intrincado de las redes de poder del régimen neoliberal en situaciones muy frecuentes se encontrará mezclado el fenómeno de la resistencia de la oposición, que pretende conservar sus privilegios que fueron legalizados por la captura del Estado, con aquellos que tienen que ver con los grandes negocios de los cárteles del crimen organizado en el tráfico de sustancias prohibidas y del robo de energéticos con las demás formas de los actos delictivos secuestros, asaltos, cobro de piso y diversos impuestos que la delincuencia acostumbra establecer. Todo eso es lo que la Cuarta Transformación pretende desmantelar; el trato a las fuerzas políticas opositoras como en toda democracia deberá ser de proponer caminos que permitan mejorar la situación del país.
En tanto respecto a los segundos, que configuran las redes delincuenciales, el combate debe procurar unir a toda la sociedad contra ellos y evitar confusiones; denunciar que las huestes de esa red de poder han entronizado la violencia de manera especial en los espacios donde gobiernan los partidarios del nuevo proyecto, dejando claro que si el nuevo gobierno solo quisiera simular el cambio, la violencia se habría atemperado, mejorado la seguridad y tendríamos un crecimiento económico incluyente y equitativo. Los que hoy son oposición, felices proclamarían que el gobierno sí estaría haciendo lo conveniente, pero como se está mejorando paulatinamente la situación de los excluidos y de los pobres, ellos los privilegiados del Neoliberalismo, dicen que es incorrecto empezar una paulatina pero consistente mejora en la distribución de los ingresos.
Supongo que a la luz de estas reflexiones se puede asimilar mejor lo importante de los cambios que se están realizando y valorar lo sustancial del contenido del informe presentado por AMLO, nuestro presidente.