Noción de Patria y formación ciudadana

Lunes, Septiembre 13, 2021 - 06:57

Es urgente resignificar y llenar de contenido rituales y símbolos vacíos para construir ciudadanía

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa…

…Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.

Mario Benedetti. Noción de patria.

Fragmento.

En medio de la tercera ola de la pandemia que no parece terminarse nunca y de una situación que no nos brinda muchos motivos para celebrar, llegamos a este mes patrio que empezó recordándonos el verso de nuestro Himno Nacional que pide que “retiemble en sus centros la tierra” y esta semana tendremos la ceremonia del grito que conmemora el inicio del proceso de Independencia en 1910, que pudo concretarse hace 200 años.

El contexto de creciente polarización y los graves problemas que según las estadísticas serias -contrarias como suele suceder, al discurso oficial- siguen aumentando: violencia, feminicidios, pobreza, crecimiento económico insuficiente después de la enorme caída que se ha dado desde antes de la pandemia, pésimo manejo de la crisis de salud, falta de medicamentos para niños con cáncer e insuficiente abasto general de medicinas para otras enfermedades, etc., nos hacen sentir con poco ánimo para festejos porque la desmoralización ha venido apoderándose de nuestra sociedad desde hace décadas y la nueva promesa de cambio en el rumbo del país se está volviendo una frustración más en la muy larga serie de decepciones que hemos vivido los mexicanos en nuestra historia.

A pesar de las condiciones adversas, siempre es necesario y pertinente que un país conserve los rituales que conmemoran las distintas etapas de su proceso de nacimiento y su caminar a lo largo del tiempo, de manera que es importante hacer un esfuerzo para no contagiar a nuestros niños, niñas y adolescentes de este desánimo que nos invade y tratar de encontrar formas renovadas y significativas de invitarlos a celebrar, a conmemorar, a sentirse parte de esta Patria que con todos sus problemas y contradicciones pero también con todas sus grandes riquezas naturales y culturales.

Es realmente importante renovar en cada una de estas fechas emblemáticas de nuestra historia nacional los símbolos que nos recuerdan y refuerzan la identidad y el sentido de pertenencia a esta Suave Patria a la que cantó López Velarde y que a pesar de todos los pesares, como dice el fragmento del poema de Benedetti que sirve como epígrafe hoy, es el hogar que suscita la nostalgia cuando estamos lejos, la que escurre de los libros, los sonidos, los olores y los sabores que forman el ambiente en el que nacimos y crecimos. Porque este país que nos sigue doliendo y muchas veces decepcionando es el lugar al que siempre se vuelve, el que se introduce debajo de la piel de cada mexicano y mexicana.

De manera que como bien dice el poeta, no quedan más excusas para caer en la cuenta de que este es el único sitio donde el aire es nuestro aire y la culpa es nuestra culpa. El espacio que nos ha venido formando -y deformando- y que hemos nosotros también formado con nuestras decisiones, acciones y omisiones más o menos inconscientes, más o menos inteligentes, más o menos responsables.

Nos quejamos muchas veces los adultos de que cada nueva generación se siente menos parte de esta tradición histórica y cultural; de que nuestros niños y jóvenes ya no desarrollan ese sentido de pertenencia, esos sentimientos patrióticos, ese respeto por los símbolos que condensan nuestro devenir en el mundo y que debieran suscitar sentimientos positivos pero hoy son vistos más bien con indiferencia o hasta rechazo.

Pero este fenómeno -además de ser algo que se repite desde siempre entre las generaciones viejas y las nuevas- es en buena medida el resultado de nuestra propia apatía producto explicable por el desencanto y la desmoralización que nos han dejado las continuas desilusiones por el incumplimiento de las promesas y los proyectos de nuestra clase política, pero también fruto de nuestra propia falta de participación creativa, proactiva, corresponsable y exigente como ciudadanos.

En efecto, creo que estas fiestas patrias pueden ser una oportunidad de preguntarnos: ¿Qué noción de Patria les estamos comunicando a nuestros hijos, a nuestros educandos a través de nuestros discursos y nuestras acciones, de nuestra forma de ejercer o no, la ciudadanía?

¿Estamos comunicando de manera verbal y no verbal una noción de Patria que sigue sin aceptar su pasado y continúa paralizada entre las posturas indigenistas románticas y las visiones europeizantes excluyentes y discriminatorias en lugar de asumir nuestro origen sincrético y diverso que debería construir una sociedad multi e intercultural, incluyente y abierta?

¿Nuestra manera de vivir cotidianamente el ser mexicanos o mexicanas está transmitiendo explícita o implícitamente la parálisis que genera la guerra no resuelta entre liberales y conservadores en vez de ver la diversidad de posturas económicas, sociales, políticas, culturales, religiosas o laicas como una realidad propia de toda sociedad democrática que permite el debate civilizado y la búsqueda de proyectos de desarrollo nacional que respeten y estimulen la diversidad a partir del reconocimiento de la unidad?

¿La noción de Patria que estamos desarrollando en las nuevas generaciones parte de la valoración de nuestra riqueza natural y cultural diversas como oportunidades que nos llevan a mirar juntos hacia el futuro o se sustenta en la autodenigración que se deriva de los estereotipos del mexicano y lo mexicano como una especie de destino del que no podremos escapar?

¿Los educadores -formales y no formales- vivimos nuestra ciudadanía con orgullo y responsabilidad o con desinterés y culpabilización de otros -los países hegemónicos, la clase política corrupta, la globalización, las empresas transnacionales, los españoles que “nos conquistaron”, como fuente inevitable y ajena de todos nuestros problemas e inequidades?

¿Quiénes tenemos la tarea de educar, hemos reflexionado acerca de cuál es nuestra propia noción de Patria y de qué manera la estamos transmitiendo a los futuros ciudadanos que definirán el rumbo de esta sociedad llena de retos y también de oportunidades?

¿Los profesionales de la esperanza educamos en una visión esperanzada sobre el futuro de nuestra Patria o reforzamos la desmoralización social que nos tiene paralizados en descalificaciones estériles?

Ojalá podamos pensar seriamente en estas fiestas nuestra noción de Patria y al menos lleguemos como el poeta uruguayo a la aceptación de que tal vez -y eso ya sería un gran avance- esta noción sea la urgencia de decir Nosotros, de construir ese Nosotros a partir del respeto, la tolerancia y la valoración de lo diferente y de los diferentes.

Tal vez nuestra noción de Patria sea el continuo regreso al propio desconcierto y reconocerlo sea el primer paso para resignificar y volver a llenar de contenido los rituales y los símbolos vacíos para superar la desmoralización e ir más allá de la fiesta por la fiesta en una especie de catarsis colectiva que nos hace gritar: ¡Viva México! Pero al día siguiente volver a desentendernos de nuestro compromiso ciudadano para que realmente viva este México nuestro, como soñamos que debiera vivir.